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miércoles 23 de enero 2019, actualizada 9:34 pm


El hacha, pesadilla de los vencidos

“El hacha” es una elegía española de León Felipe Camino, exiliado de su patria por el Franquismo, ocurrido éste desde la guerra civil de España (1936-39) hasta la muerte del dictador Francisco Franco (1975). Este poema es, en palabras de conocidos literatos “un alarido de protesta de principio a fin”, es un grito terrible que denuncia la dictadura Franquista, una protesta por la España desmembrada que agoniza entre el llanto y la discordia, es un lamento y un reclamo contra la injusticia, el abuso y la insolidaridad.

Nada es tan normal y tan deseable en una sociedad libre, que la diversidad ideológica; sin ésta, un rebaño seríamos en manos de un pastor, una mezcla homogénea en manos del químico, una sociedad idiotizada, enajenada, alienada, por diversos medios de control, en manos de cualquier persona o grupo, surgida de la propia sociedad, pero diferente en su mentalidad, en sus estrategias, planes y programas de cambio para mejorar (o empeorar) algunos sectores de la sociedad.

Así como el pastor puede llevar al rebaño a buenos pastos y regresarlo satisfecho a la majada o hambrearlo en parajes inhóspitos; y el químico puede manipular la mezcla quitando o agregando componentes según sus sanos o insanos propósitos, la persona o grupo responsable de conducir las riendas de una nación, según su particular ideología política y principios morales, puede “trabajar” para lograr la grandeza material y moral de la Patria, como lo hizo Benito Mussolini durante el infausto período fascista de Italia, Franco en España o Porfirio Díaz en México.

Pretender la grandeza de una nación no es reprobable como fin; el problema estriba en los medios que se utilicen. Socialismo y Fascismo no son incompatibles ni excluyentes, antes bien, se compaginan; por ello, como sociedad debemos vigilar no caer en los excesos de una tendencia socialistoide, ni tampoco en la exageración del libre mercado. La medianía o justo equilibrio es y será siempre el camino menos dañino para el pueblo.

La legítima y necesaria diversidad ideológica propia de nuestros tiempos modernos, puede a veces, verse truncada por políticos y fanáticos opositores al gobierno, que habiendo ganado democráticamente pretende cambiar el régimen caduco, cuya desmedida ambición dejó en la ignominia al pueblo mexicano.

Esos políticos que otrora detentaran el poder son ahora inconscientes radicales, cuyo único propósito es desprestigiar al nuevo gobierno, obstaculizando sus proyectos, criticándolo mordazmente, desinformando, y provocando situaciones conflictivas e ilegales constitucionalmente, para hacer que el gobierno cometa errores que le cuesten el descrédito y el apoyo de quienes lo llevaron al poder.

Llevados por su propio ego pero sin exhibirse públicamente, actúan tras bambalinas moviendo hilos en los sectores sociales, afectados por los cambios implementados, alimentando el rencor naciente e incitando, a grupos u organizaciones civiles, a realizar actos barbáricos, como la toma del Congreso y privación de la libertad de algunos legisladores, como medida de presión para lograr sus demandas.

Nada es más peligroso para un gobierno, y para todo el país, que permitir la división de su pueblo; no por nada la máxima “Divide y vencerás” constituye una verdad probada.

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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