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Columnas Deportes

La Columna de Rosell

RAFAEL ROSELL
domingo 20 de enero 2019, actualizada 11:06 am


Me imagino la frustración que habrá experimentado Salvador Reyes cuando se dio cuenta que se le agotó el tiempo y su equipo no pudo hacerle un gol más al limitado Puebla. Varias al palo además de una de las noches más tristes en su carrera para el goleador Julio Furch, fallando un penal y un par de opciones claras. Era un triunfo tranquilo que se tornó en un empate desalentador. Escribir que al menos se trajo un punto, que empatar siempre de visita es bueno, sería referirnos a un equipo mediocre y Santos Laguna no lo es. A este equipo hay que exigirle y ganar en Puebla a una franja desangelada que cada vez juega peor era prioritario.

Achacarle el empate a Salvador Reyes es como siempre el comentario y salida fácil, agregándole un cambio totalmente precavido, cuando decide sacar a un estupendo Javier Correa (que estuvo cerca de un hat trick) para meter un medio defensivo como Ulises Rivas. Seguramente Chava se preocupó por los cambios ofensivos de Enrique Meza, sobre todo con el ingreso del desequilibrante Francisco Acuña que, entre otras cosas, le sirvió una de gol a Omar Fernández que desperdició lamentablemente.

A pesar de esto yo siempre he creído que cuando un equipo crea múltiples de gol, que se "atraviesan" los postes hasta en tres ocasiones, que fallas frente al arco y para colmo yerras un penal, la responsabilidad en la pérdida de puntos no pasa por las decisiones del técnico, sino enteramente por los futbolistas que tuvieran varias ocasiones para redimir sus pecados y todas las desperdiciaron, ahora, otra vez la presión para compensar en casa lo perdido y tendrá que ser contra las Chivas.

No era lo presupuestado para la dirigencia lagunera, arrancar el torneo contra tres rivales si se me permite la palabra "derrotables", era mínimo cosechar siete de los primeros nueve puntos, pero la realidad arroja sólo cuatro.

Acerca del próximo rival de Santos las históricas Chivas Rayadas del Guadalajara, siempre he tenido curiosidad si, además, de las sesiones de video para estudiar al rival, existirá también un estudio de la prosapia del enemigo en turno. Por ejemplo, a recién llegados como Javier Correa y poco antes Ayrton Preciado, hablarles del consabido orgullo de las Chivas de jugar con sólo mexicanos cien por ciento, de que es considerado lo merezca o no como uno de los dos más grandes de México, que al final de los cincuenta y principios de los sesenta, las chivas ganaron siete títulos de liga en nueve años.

Me quiero imaginar la cara de Correa y Preciado en caso de que alguien les cuente que ese equipo llamado "campeonísimo" formado por grandes jugadores tenían un referente, una estrella de estrellas y nada más y nada menos era el padre de su entrenador, Salvador Reyes Monteón.

No se trata de infundir miedo si no respeto a los recién llegados al club santista, que tengan presente de la resonancia de ganarle ahora a las multitelevisadas Chivas, la mejor manera de respetar a un rival es jugar a ganarle, se trata de cultura futbolística que insisto no sé si algún club de México hablara sobre las características del rival no sólo en lo táctico, sino también en lo histórico. En el deporte norteamericano muchos atletas están conscientes de lo que significa derrotar a grandes franquicias no importa por el momento en que estén atravesando.

De las dos victorias de los Guerreros como visitantes el torneo pasado, una de ellas fue en Guadalajara ganando 1-2 a unas desastrosas Chivas que perdieron seis juegos como local. Ahora las Chivas ilusionan a sus seguidores, pero en el Corona nadie debe de salir ileso. Ya tiene tiempo en cartelera la película "La Casa del Dolor Ajeno, El Regreso" y las Chivas con todos sus respetables pergaminos deben de sumarse a la lista de víctimas del Guerrero Lagunero.

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