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sábado 12 de enero 2019, actualizada 11:33 pm


Las crisis de México

El diccionario define el vocablo crisis como “una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o proceso”, y atendiendo a esa acepción podríamos decir que en México no hay, a pesar de las circunstancias que vive hoy el país con el desabasto de las gasolinas, y el pesimismo crítico de la oposición que ve un gobierno sin rumbo, un presidente con ambición de poder que camina hacia el autoritarismo extremo, un primer mandatario inexperto que da palos de ciegos, abriendo diferentes frentes con decisiones impulsivas que generan incertidumbre en la población, un jefe de estado que no se comporta como tal, y que pelea con sus críticos en las redes sociales. Con eso y más, juicios del mismo tenor se vierten en debates televisivos y en editoriales cuyo fin es crear insidia y desprestigiar al nuevo gobierno que busca soluciones a los múltiples y graves problemas nacionales que dejó la administración saliente.

Pareciera que el juego periodístico es “tírenle al negro”; si hace frío o calor, si cae una avioneta, si escasean las gasolinas, si aumentan los delitos, en fin, todo lo que ocurra o deje de ocurrir la culpa es de AMLO. Esa es la consigna de la oposición.

Ni por asomo aparece un gesto de honradez en los priistas y panistas encabezados hoy por René Juárez Cisneros y Marko Cortés Mendoza para reconocer que la corrupción, por ellos permitida y generada al interior del gobierno y órganos autónomos fue de su total y única responsabilidad, fueron los prianistas de los últimos tres sexenios (“el niño que pone el coco y luego le tiene miedo”, Sor Juana Inés de la Cruz), quienes crearon este México empobrecido.

Cinismo puro, grave defecto de personalidad que trastoca todo el esquema de valores éticos y morales de una persona; cobardía, irresponsabilidad, de quienes ahora se asombran y critican las acciones que el nuevo gobierno hace para reparar la estabilidad económica puesta al filo del abismo, por la ambición desmedida de una caterva de rufianes que detentaron el poder.

Son los filisteos modernos, los miembros del Sanedrín, los que exigieron la crucifixión del pueblo mexicano, los que ahora se erigen celosos guardianes de las leyes, normas y reglamentos que otrora ellos mismos violentaron con alevosía y ventaja en perjuicio de la nación. ¿Cuál fue su evangelio? Robar al pueblo, empobrecerlo, engañarlo; y por el contrario, proteger a los empresarios y perdonarles los millonarios impuestos, proteger a los banqueros, etc.

Difícil, pero no crítica, la situación de AMLO, quien en su cruzada por la corrupción, madre de todos los males, combate varias batallas a la vez: el reclamo de trabajadores del gobierno, sospechosos de ser aviadores, la rebeldía del Poder Judicial, encabezada por la SCJN, quien se niega a bajarse los exorbitantes sueldos, bajo el supuesto de que sólo así mantendrán su honestidad, (no es honesto quien pone precio a su “probidad”), la andanada de críticas infundadas sobre la supuesta responsabilidad de AMLO en el accidente mortal de la ex gobernadora de Chiapas y el senador Moreno Valle, malévola campaña orquestada desde el rancio Prianismo apoyado por el automatismo (bots) de las redes sociales, la crítica mordaz que hace la oposición a la todavía inexistente, pero inminente, Guardia Nacional.

La población mexicana estamos siendo testigos de un gobierno que trabaja frenéticamente para enderezar la nave que gobiernos anteriores mañosamente dejaron naufragar en aguas profundas.

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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