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Columnas Social

Pequeñas especies

VA POR CUENTA DE LA CASA

Francisco Núñez González
NOSOTROS, lunes 07 de enero 2019, actualizada 1:31 pm


Me encontraba descansando en casa después de comer cuando escuché sonar el teléfono, era una señora que solicitaba de mis servicios, quería una consulta para un caballo que recién habían atropellado, tenía una abundante hemorragia en una de sus extremidades, la señora no era la dueña, se trataba de un equino de un carro de tiro que se dedica a acarrear el escombro de las casas, el propietario era de escasos recursos y la señora amablemente se ofreció a pagar mis honorarios para que me hiciera cargo del animal accidentado, pues la persona que ocasionó el percance huyó del lugar. Le explicaba a la señora que ya no atendía grandes especies, especialmente equinos, que son muy delicados, además que no contaba con el material necesario, ella me insistía que era una emergencia, que cualquier cosa que yo hiciera por el pobre animal estaría perfecto. Accedí y me dio la dirección, Avenida Central de la Colonia Torreón Jardín.

Tenía algunos días que me despertaba en la madrugada y no lograba conciliar el sueño, traía en mente una serie de pendientes y la mayor parte del día pensaba en eso, esta consulta me ayudó a despejar mi mente y volví 25 años atrás al recordar mis días de veterinario rural, "me sentí rejuvenecido" y atraído por el reto.

Al estar colocando en mi maletín parte del instrumental para una cirugía de emergencia, además de las suturas más gruesas, anestésicos de caninos compatible para equinos, antibióticos, analgésicos para perros y gatos que pesan promedio 10 kilogramos, mentalmente hacia la conversión a 300 kg. que pesaría aproximadamente mi próximo paciente. En el camino, iba recordando desde la manera de sujetar al animal, las dosis de los fármacos, el libro de Septimus Sisson de anatomía del caballo, músculos, arterias, ¿contaría con la suficiente gente para ayudarme con el caballo?, deseaba que se tratase de un animal pequeño de unos 200 kilogramos de peso. Al llegar a la dirección, afortunadamente era un terreno baldío, parecía convención de carromatos, ahí tenía la ayuda que requería, sólo me faltaba ver a mi paciente, fue lo único que no me agradó, se trataba de un ejemplar enorme de casi 400 kg. Inmediatamente, al empezar a sacar las cosas del maletín, me sobraron preguntas e instrucciones para operar al caballo por parte del público que no se perdería por nada del mundo el siguiente espectáculo. Lo primero que hice fue preguntar al dueño del animal me diera un aproximado del peso del caballo y casi coincidimos, 350 Kg, me contestó, y fue así como dio inicio la cirugía con la aplicación de la anestesia. El siguiente paso, la inmovilización de las cuatro extremidades, aunque estaba bajo los efectos de la anestesia, de un momento a otro despertaría, y como la herida se encontraba en la parte interna de la extremidad posterior a nivel del fémur, de unos 30 cm. aproximadamente, no quería por ningún motivo recibir una de sus herraduras en cualquier parte de mi anatomía. Afortunadamente, le habían puesto en la herida con anterioridad dos torniquetes con lazos, tenía lesionadas dos arterias que sangraban abundantemente, fue el primer paso, localizarlas y suturarlas, enseguida el músculo, ya habían transcurrido más de 30 minutos y el caballo empezaba a despertar intentando incorporarse, le dije a uno de mis ayudantes que inmovilizara más las pezuñas traseras, aunque estaban sujetas, no quería exponerme, para poder suturar la piel me tenía que colocar entre sus patas traseras y delanteras del animal acostado, de repente hizo un movimiento brusco el caballo y salió volando mi ayudante por los aires, afortunadamente alcance a salir de entre sus miembros sin ningún rasguño, al igual que mi asistente volador.

La cirugía duró aproximadamente una hora, el caballo se incorporó de inmediato, se veía tranquilo y sin dolor, le inyecté antibióticos, analgésicos y desinflamatorios, y lo que más gusto me dio fue que empezó a comer alguna pastura que le dio su dueño esbozando una enorme sonrisa, creo que me contagiaron su optimismo que olvidé por completo mis preocupaciones, además, cuando me preguntó la amable señora por mis honorarios, le contesté, señora, ¡esto va por cuenta de la casa!

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