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La Columna de Rosell

RAFAEL ROSELL
domingo 06 de enero 2019, actualizada 12:17 pm


Los aficionados a los Steelers no encontramos por decir lo menos desconcertados, sacados de onda por la horrible temporada 2018. Lo peor es que la pesadilla no concluyó con el silbatazo final ante los bengalíes, si no que avivó esa hoguera de vanidades en la que se consumió el equipo y que no deja de abrazar a la institución hasta el momento. Los Acereros de Pittsburgh una institución seria por excelencia, vamos, recordemos que son el único equipo sin porristas, ya que según el venerable Art Joseph Rooney Sr. fundador del equipo, el espectáculo debe de estar siempre dentro del campo sin que nada lo distraiga, ha caído en el chisme y en los dimes y diretes propios de otros equipos, pero nunca de los Steelers.

El asunto se ha degradado de tal forma que uno de sus alas cerradas Jesse James ha declarado: "nos hemos convertido en el show de las Kardashians". Primero Le'Veon Bell y luego Antonio Brown, corredor y receptor no sólo los mejores del equipo si no dentro de la élite de la NFL fueron los que resquebrajaron lo que parecía un sólido bloque de concreto construido a base de disciplina y trabajo.

Bell a disgusto con su contrato exigía asegurar su futuro, después de que los Rams le pagaron sesenta millones de dólares por una extensión de contrato a Todd Gurley y 45 garantizados, convirtiéndolo en el corredor mejor pagado de la historia, promediando quince millones por año, superando los catorce y medio de Bell. Le'Veon Bell quería 18 por año y exigía a los Steelers un contrato multianual. La frialdad de la directiva acerera volvió a aparecer y el riesgo intrínseco de la posición, así como las lesiones que empezaron a manifestarse en Bell, de 27 años hicieron rechazar la petición del magnífico corredor y por ende su rebeldía a no reportar perdiendo cientos de miles de dólares por cada partido en el que no se presentaba.

Lo de Bell se puede entender, tiene sus razones como cualquier gran jugador que quiere jugar sin el temor de una lesión que ponga punto final a su carrera, no es lo mismo salir al terreno con la incertidumbre a saber que tienes ya en el banco una buena cantidad de millones garantizados pase lo que pase para solventar una jugada del destino.

Pero lo de Antonio Brown si pasa por pura vanidad y arrogancia, Brown el mejor receptor de la NFL, acostumbrado a que los reflectores siempre lo siguieran a él, iluminando sus fantásticas recepciones y acaparando los elogios de la prensa, de repente aparece un muchacho que desde su nombre ya te da sensación de espectáculo, JuJu Smith-Schuster, irrumpe en escena y se convierte en el receptor número uno del equipo, con 1426 yardas por 1297 de Brown. Aun así, los números de Antonio en el 2018 siguen siendo de un fenómeno, 104 recepciones, 1297 yardas y 15 touchdowns. Pero los celos son malos consejeros y Brown los fue acumulando hasta estallar en la semana previa al último juego de la temporada, reclamándole a gritos a su Mariscal de Campo Ben Roethsliberger por alguna jugada, según el mal ejecutada, la verdad para muchos es que Brown no podía aceptar que los Steelers hayan nombrado a Smith-Schuster como su MVP de la temporada y simplemente explotó.

La dirigencia acerera no quiso dar a conocer el berrinche e indisciplina de su estrella con la postemporada todavía como una posibilidad y prefirió inventar una lesión para justificar su ausencia ante Cincinnati en la semana 17. Pittsburgh poseía un póker de grandiosos jugadores hasta hace dos años, Ben Roethlisberger como QB, Le'Veon Bell como corredor, Antonio Brown como receptor y Ryan Shazier como linebacker. Ningún equipo de la liga podía presumir de tener a cuatro jugadores de ese nivel en sus filas, el destino acabó con la carrera de Shazier por una lesión gravísima, Bell y Brown arden en la hoguera de las vanidades (sobre todo Brown) y Big Ben que acaba de lanzar para 5129 yardas y 34 touchdowns sus mejor cifras en esos departamentos de su carrera, una vez más ve irse a grandes jugadores y una vez más con el estoico y polémico coach Mike Tomlin deberán de intentar no perder protagonismo en la Liga y buscar el séptimo anillo, misión que parece cada vez más imposible.

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