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Gómez Palacio y Lerdo

ENFOQUE

Humorismo mexicano

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
domingo 06 de enero 2019, actualizada 11:54 am


El nuestro es un pueblo saludable, porque es alegre, porque ríe; un pueblo que sabe apreciar un detalle chusco, un pueblo que se mofa de sus tragedias y penalidades, que inclusive...

interpreta en broma sus propias deficiencias, miserias y extravagancias.

Rodolfo Usigli, dramaturgo mexicano, decía que "el humorista es aquel que ve o toma los acontecimientos más graves con buen humor, esto es, con una secreción saludable, si comprendemos que el origen etimológico de la palabra "humor" es precisamente ése, una "humedad", una substancia fluida de un cuerpo organizado. De ahí que haya buenos humores y malos humores. Los buenos son síntomas de salud, y los malos, señal inequívoca de enfermedad".

Los mexicanos somos por naturaleza humoristas, porque a pesar de que muchas veces andamos con el semblante triste o con el gesto hosco, en el fondo cultivamos el humor; el mexicano es un pueblo que sabe ver cuánto le rodea, con la filosofía propia del humor. Prueba de este carácter es el chascarrillo que con tanta naturalidad brota a propósito de cualquier cosa, el chiste político, el apodo, la anécdota que borda sobre sus gobernantes; la festividad y gracia con que se cuentan los acontecimientos crueles y terribles de los políticos, cuando dicen algo o dejan de decirlo.

Del chiste al sarcasmo pasando por la respuesta de humor inmediato y automático, frente a una tragedia masiva, hay un corto trecho. El humor como contrapeso de las dificultades y la capacidad de transformar el miedo en chistes más o menos espontáneos, son un sello grabado a fuego en la idiosincrasia mexicana.

Tenemos, por ejemplo, "la explosión de Guayuleras", ocurrida en Gómez Palacio, en septiembre de 1955, cuando camiones cargados de explosivos se atravesaron al paso del ferrocarril provocando la hecatombe. Cientos de muertos fue el saldo de tan trágico suceso. Se contaba entonces, el siguiente chascarrillo: al entregar elementos de la Cruz Roja los cuerpos deshechos a los familiares, éstos se negaban a recibirlos diciendo: "en pedazos no lo quiero, se pueden quedar con él", haciendo referencia a la canción "Devuélveme el corazón", interpretada por Julio Jaramillo, que en ese tiempo estaba de moda, con un verso que dice: "Ya veo que me lo devuelves, pero yo te lo di entero, en pedazos no lo quiero, y te puedes quedar con él" (el corazón).

Revistas, canciones, películas, pinturas, y no se diga la caricatura, todas las formas de expresión hacen referencia al humor del mexicano. "La Familia Burrón", de Gabriel Vargas, cuyos personajes don Regino, doña Borola, Regino Jr., Macuca, doña Cristeta, el Tractor, novio de Macuca y otros, ridiculizaban las costumbres de la "alta sociedad" de la Ciudad de México.

"Los Supermachos", primero y después "Los Agachados" con Caltzontzin y don Perpetuo del Rosal como personajes centrales de la historieta, en la que su autor Eduardo del Río, "Rius", pone en ridículo a la clase política y al propio sistema político mexicano, son dos ejemplos de revistas humorísticas que reflejan el espíritu y el carácter de los mexicanos. Circularon por los años 50, 60 y 70 del pasado siglo. Lástima que hayan dejado de publicarse.

En materia musical podemos mencionar a Chava Flores a quien se le considera como el paisajista musical de México, autor de más de cien composiciones, todas relativas a las costumbres, hábitos, anhelos y frustraciones del mexicano, sobre todo el de la vida urbana, como "A qué le tiras cuando sueñas mexicano", "Sábado Distrito Federal", "Cleto" y muchas otras que divirtieron a toda una generación de mexicanos.

En cinematografía son abundantes y generosos los ejemplos de humorismo blanco, negro y colorado que también de este género gusta el mexicano. Ahí está para demostrarlo "Picardía Mexicana" varias veces llevada a la pantalla. Las películas de los cómicos son una clara demostración del humorismo mexicano; las salas a reventar con un público que aplaudía y se "moría de risa" con las ocurrencias y diálogos de sus pícaros consentidos: Cantinflas, Tin Tan, Resortes, Clavillazo, Oscar Pulido, Joaquín Pardavé, Oscar Ortiz de Pinedo, sólo por señalar algunos.

En la caricatura y en el grabado destaca con luz propia José Guadalupe Posada que hizo famosas sus "Calaveras", en las que retrataba magistralmente con sentido del humor a personajes de la política, de la farándula, del deporte, de la empresa privada, de la sociedad entera. Dejó como legado que cada año con motivo del Día de Difuntos el pueblo desahogue su inconformidad o disgusto por algún personaje famoso a través de composiciones satíricas y festivas llamadas precisamente "calaveras" y que los diarios publican, siendo del gusto de la gente.

En literatura pícara y humorista podemos mencionar a dos autores, ambos prolíficos en su producción literaria: Marco A. Almazán y Joaquín Antonio Peñalosa.

Entre las muchas obras escritas y publicadas por Peñalosa pueden significarse: "Elogio de la silla", "Cien mexicanos y Dios", "El mexicano y los siete pecados capitales", "El ángel y el prostíbulo", "Humor con agua bendita", "Más humor con menos agua bendita", "Plática para novios", y "Vida, pasión y muerte del mexicano", libro éste que fue adaptado para el cine.

En este libro, Peñaloza hace una descripción narrativa del mexicano desde que nace hasta que muere, pasando por el bautizo, la escuela, el noviazgo, el matrimonio, la enfermedad, la política, los toros, el futbol. Afirma que la vida del mexicano es un mundo de palabras: comienza cuando alguien dice: "¡ya habla el niño!"; termina cuando otro asegura: "¡ya no habla!". Pone al lector sobre aviso cuando inicia su libro con esta afirmación: Todavía no nace un mexicano cuando ya comienza la guerra de sexos: ¿Qué prefieres niño o niña?.

Almazán es autor de un buen número de obras: El libro de las tragedias, El libro de las comedias, La vuelta al mundo con ochenta tías, Cien años de humedad, El rediezcubrimiento de México, Eva en camisón, y el que particularmente más nos agrada: Episodios Nacionales en Salsa Verde. De éste último, transcribimos un fragmento del capítulo La Fundación de Tenochtitlan:

"Siguieron los aztecas su peregrinación hacia el sur, por la carretera nacional Mex-15, pero evitando hasta donde les fue posible las garitas de pago de Caminos y Puentes Federales de Ingresos, con lo cual se ahorraron una fortuna, si bien tuvieron que dar grandes rodeos. Consecuentemente, llegaron al valle de México con algún retraso, cuando ya otras tribus se habían apoderado de las mejores tierras alrededor del lago ..."

"Hacia mediados de 1255 acamparon los mexicas en las faldas de Chapultepec y procedieron a elegir rey. Durante algunas semanas se rumorearon los nombres de diversos candidatos, hasta que la Asamblea Nacional del PAI (Partido Azteca Inmemorial), dio a conocer su tapado, que resultó ser el licenciado Huitzilihuitl, individuo hasta entonces un tanto oscuro y anodino, pero a quien de la noche a la mañana se le reconocieron relevantes méritos como estadista, organizador y revolucionario. Inmediatamente se unificaron los criterios y la tribu entera se lanzó a la cargada. Los teponaxtlis funcionaron a todas horas, transmitiendo mensajes de adhesión y las pencas de maguey resultaron insuficientes para dar cabida al alud de jeroglíficos venidos de todas partes del reino, en que se ensalzaban las virtudes del candidato, haciendo resaltar su dinamismo ejemplar, , su enorme capacidad de trabajo, su profundo sentido humano, su fecunda actividad, su extraordinaria facultad de organizador, su patriotismo acendrado, su sentido de responsabilidad y su entrega total a la causa de la tribu y del partido. En fin, todos los ditirambos usuales en estos casos. A nadie extrañó, por tanto, que el señor Huitzilihuitl resultase elegido por abrumadora mayoría de votos...".

"Tenoch era gran sacerdote de los aztecas y había ejercido el gobierno teocrático desde cuatro años antes de llegar a Chapultepec. Con la elección de Huitzilihuitl, Tenoch pasó a ocupar una oficialía mayor sin importancia, pero después de la batalla con los de Xaltocan y la muerte del monarca, el gran sacerdote recobró el mando y se hizo cargo de la presidencia del PAI... Tenoch, que se las sabía todas, les mostró a sus súbditos una moneda de un peso y les indicó que buscaran el lugar donde apareciese un águila devorando a una serpiente sobre un nopal. Los aztecas se lanzaron por todos los ámbitos de la laguna, hasta que dieron con un islote de mala muerte donde efectivamente hallaron la majestuosa ave disponiéndose a merendar... "En plan de paracaidistas, los aztecas se instalaron en el islote un día del año 1312. Levantaron chozas de tule y paja, y procedieron a la construcción del teocalli. Luego surgió el tzompantli y después vinieron los palacios y residencias de los emperadores y los miembros influyentes del PAI. El populacho para no caerse al agua, se vio obligado a construir chinampas y a traer cascajo de las riberas para ir ampliando la ciudad. Desde el primer momento la Gran Tenochtitlan tuvo que enfrentarse con el problema del congestionamiento, la falta de espacio y la escasez de transporte. Según el Códice Mendocino, desde un principio se pensó en la necesidad de construir un "metro", pero la falta de fondos, el papeleo burocrático y la desidia de los municipios determinaron que la obra se pospusiera durante 655 años, hasta que llegó mi general Corona del Rosal, con sus ímpetus de hormiga arriera".

En este mundo atormentado, lleno de terribles realidades, de gestos torvos y de presagios siniestros, la sonrisa es el mejor antídoto contra tantas calamidades. A reír, pues.

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