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Al Larguero

LA VENTANA

ALEJANDRO TOVAR
martes 11 de diciembre 2018, actualizada 9:43 am


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Quien tiene curiosidad no le tiene miedo al futuro, pues la nueva generación del futbol está abierta al cambio, tiene ideas diferentes, son tan vivaces que lanzan sus ilusiones y vida a la aventura, con el conocimiento del sentido del riesgo, siempre manteniendo vivo el deseo del aprendizaje, miran el juego como el reloj del corazón, que late acelerado en la ruta del destino.

Se dice en el mundo de la penumbra, ese que interactúa entre los sueños de hoy, con la conciencia y amor del pasado reciente, ese donde el vuelo del águila y la bandera cementera dieron lustre a su historia, que lo que viene de América y Cruz Azul está abierto para que lo sufran o disfruten según el azar se represente. Y los medios darán la pantalla completa para todos.

El amor, nos recuerda en el fondo, a la muerte, porque en el amor no hay nada que sea ligero, pues hay besos que se dan con la mirada y el recuerdo. Por ello a nadie debe extrañar que allá arriba haya un palco especial, una ventana mirando al Estadio Azteca, reservada para Juan Manuel Medina, Bardomiano Viveros, José Miguel Marín, Fernando Bustos, Cesáreo Victorino, Octavio Muciño, Kalimán Guzmán, Juan Manuel Alejándrez, Jorge Marik, liderados por Raúl Cárdenas y desde luego, el creador del emporio cementero y de la máquina, Don Guillermo Alvarez Macías.

Tienen permiso para ver los dos partidos y lo merecen, pues ante un duelo de este tamaño, la mente se convierte en un almacén de espejismos y no puede haber favorito claro, porque si bien Pedro Caixinha ha integrado un equipo de alto voltaje, que posee un plantel generoso, los de enfrente son leones que salen a la cancha con la furia propia y ambiente del Coliseo romano,

No se puede hacer profecías en la tierra de los profetas y aunque se quiere lo que no se olvida, todo lo anterior ya se fue y es pura historia. El presente es lo que cuenta, porque el futbol ahora mismo ya no es ilusión con las formas de Sara Montiel, sino una explosión que si bien cae dentro del campo de la imaginación, es una carga de pasión, de jugadores presionados y comprometidos.

La tv nos muestra al valor de Pablo Aguilar, cabeceador formidable en ambas áreas, la potencia de Méndez y Elías, las habilidades de Cauteruccio y Caraglio para luchar como centuriones, la presencia y fina figura de Marcone, con Madueña y Aldrete saliendo por las bandas, mientras Igor y Domínguez cuidan celosos cual mastines el arco del valioso Corona, que asusta de lo valiente.

Enfrente, hay variedad de estilos, desde el formidable Marchesín, que encabeza la manada donde hay velocidad con Ibarra, Cecilio, el lagunero Sánchez, Ibarguen, con Oribe, Martin, Roger, que son émulos de Peter Pan, pues llevan con su futbol y ansia una dosis extra de fortuna. Atrás mandan Aguilera y Valdez, defensores de furia y machete, con el fino Uribe manejando los hilos, mientras al valioso niño (18) Lainez se le mira esperado su cita con la fama, sabedor de sus habiidades de gambeta y rapidez.

Porque el mundo del futbol está hecho de colores y hazañas que se identifican a la infancia, a la juventud, arte, letras y poesía, no a la falsificación de la verdad, ni al uso deliberado de la mentira, queremos un gran espectáculo pero todos tememos al roce, al forcejeo, a las trampas del juego, queremos una historia de héroes, no de víctimas. Queremos mareo emocional y piel de manzana.

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