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CLÁSICOS

ALEJANDRO TOVAR
martes 04 de septiembre 2018, actualizada 10:24 am


Homero, decía que prefería ser esclavo del más pobre campesino que reinar sobre los muertos, aunque viéndolo bien, los muertos no tienen lágrimas y olvidan toda pesadumbre, porque su vida en el camposanto consiste en hallarse presentes en el espíritu de los vivos, quizá también considerando que nunca están solos aquellos a quienes acompañan pensamientos nobles. No deja de impactar la reflexión, muy propia del poeta griego del Siglo VIII A.C., uno de los clásicos.

Viéndolo bien, uno como simple mortal entra en algún rango de irreflexión porque le han dicho que el juego de futbol es solamente eso, un juego y ya, que uno debe tranquilizarse si hay resultado adverso y continuar, que la vida sigue. Eso es mentira, total mentira. Toda derrota deja un sabor en boca, paladar y esófago como si hubieses despachado frijol con puerco en la noche.

El poeta suele comentar con esperanzas suspendidas en el aire, sus amores veleidosos que no terminan por incluirlo en sus planes, "si mirar es explorar y encontrar, por qué cuando me miras me dejas huellas?". Pues sencillamente porque los poetas son mortales que sobreviven al día, tienen siempre consigo el color de los marginados, el sabor del pueblo, el olor de la pobreza.

Por ello el romántico, digamos que realista, entra a su mundo pensando que tras la derrota es tiempo de salir a buscar a sus muertos, quizá porque tienen ellos, despreocupados siempre, las risas, como un elemento esencial de su paisaje urbano. Así, entrando al mundo de los muertos, el que solamente sobrevive se siente como un rey entre esclavos pero todos más felices que él.

En esas barriadas creadas por la imaginación de una vida paralela que nos cuide bien de la propia, la gente se inclina hacia la música melancólica, quizá como una vía de escape para las penas. Y cada cual sabrá qué clase de penas. Si solo se trata de drama por una pérdida en futbol, se considera que el pesar, como una resaca grande, nunca podrá pasar de dos días de enfado.

En un mundo de sexismo las mujeres, por sus formas, solamente son un objeto. En el mundo del futbol los resultados voltean por completo al ser común, anestesiado por la sociedad actual y siguen creyendo que Reyes Jr., detesta la verdad completa por ello solo dice que "falta algo de contundencia", quizá aún noqueado por las fallas de Isijara y Ayrton, de frente ante Talavera.

Uno debiera conservar el amor al cine, a la música, a la literatura, mujeres y buen vino pero prefiere meterse a la licuadora del futbol cada fin de semana, sabiendo que en ese juego toda esperanza parece estar en bancarrota y los árbitros protegen más a los bribones que se roban el tiempo, que cambian su papel de jugadores a actores dramáticos y los nuestros solo miran.

Debemos intentar cambiar o cuando menos, mejorar. Si Nervo fue por su marca a su espalda, pegado a la línea y sin necesidad de barrerlo, ejecuta una acción que cuesta penal y partido, nadie es culpable, solamente él que transformó el domingo en una prisión y nos dejó como sombras recalentadas por el sol. El futbol es así. Debemos voltear a la virgen, dicen que con su mirada cura las heridas. Que sea con fondo de música Gospel y que al oído nos cante Aretha Franklin.

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