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Finanzas

A cambiarse el chip automotriz

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, miércoles 29 de agosto 2018, actualizada 4:31 am

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El mundo automotriz se encuentra en punto clave de su transición hacia la movilidad eléctrica. Después de algunos intentos por adaptar modelos que nacieron como vehículos de combustión interna a autos de cero emisiones, muchas marcas han optado por cambiar la fórmula y han comenzado a lanzar detalles de cómo serán sus primeras unidades eléctricas (que llegarán al mercado hasta dentro de dos o tres años, como mínimo).

Es un hecho que este nicho está muy próximo a ampliar su gama para los consumidores ávidos de manejar un auto que no contamine, al menos no en sus emisiones. Sin embargo, existe un fabricante que come en una mesa aparte.

Nippon Sangyo, mejor conocido como Nissan, puso el primer Leaf en venta en 2010 y desde entonces, no ha hecho otra cosa que aventajar a sus competidores. Mientras que las otras firmas siguen replanteando y haciendo ideas nuevas, ahora la marca japonesa lanza al mercado la segunda generación del eléctrico más vendido del mundo.

Poner a prueba este vehículo resultó un reto divertido, pues más allá de lo que un periodista de autos tiene que revisar (manejo, espacio, diseño, entre otras cosas), existe otro rubro inherente al auto: es una unidad cero emisiones, y como tal se tiene que analizar de manera distinta. Así como surgían dudas acerca de su potencia, también las había de dónde lo iba a cargar y cuánto se iba a tardar en hacerlo.

Cualquier escepticismo acerca de manejar un eléctrico en la ciudad, se perdió con cada metro que recorrí con este eléctrico japonés. Lo cierto, es que el producto en sí mismo te ayuda a despejar los prejuicios que generan esta clase de motores a través de buenas experiencias.

Por ello, tras conducir unos días esta segunda versión del Leaf, me atrevo a decir que la marca nipona lleva ventaja en la materia. No porque tenga más tiempo en el juego, sino porque tiene un producto digno de alabar a un precio más accesible que el de un Tesla.

Además, combina elementos como practicidad, conectividad, espacio y seguridad para hacer que, de inicio, te intereses en él y en muy poco tiempo le tengas cierto afecto.

Cambiando el chip. El Nissan Leaf es un auto ideal para una persona que hace recorridos en la ciudad y hasta viajes en carretera cortos. En un contexto así y con una autonomía de hasta 240 kilómetros (40% más que la generación pasada) te ofrece la posibilidad de no preocuparte por recargar su batería en, por lo menos, una semana con uso moderado.

Cuando me entregaron el Leaf contaba con un 68% de carga. Después de tres días de uso constante en los que viví situaciones de mucho tráfico, camino libre y una visita a un tramo de la autopista México-Toluca el auto terminó con 14% y 37 km de autonomía.

Aquí entra una consideración importante: ¿vale la pena dejar que se le baje toda la batería antes de recargar? La respuesta es no. Tener un coche eléctrico también implica hacerte de ciertos hábitos que te permitirán no manejar desesperadamente al primer centro de carga que se te aparezca cuando te reste 3% de pila.

Cómo mucha gente carga el celular cuando duerme en la noche o lo conecta a su computadora cuando está trabajando, el usuario de un auto cero emisiones debe encontrar momentos del día para conectar la pila sin que afecte en su rutina diaria.

Cuando llevé el Leaf a un centro de carga por primera vez me encontré con un punto muerto de mi día. Tuve que esperar una hora y 45 minutos para que el indicador de pila llegara hasta el 38 por ciento, tiempo en el que no pude hacer otra cosa que esperar, pues estaba lejos de los lugares donde se desempeña mi día a día.

Los centros de carga rápida son muy limitados en la CDMX y este vehículo puede tardar hasta cinco o seis horas en rellenar completamente. Lo ideal es escoger ciertos días a la semana para conectarlo en la noche (si se tiene la instalación para hacerlo) o ciertos momentos en el día para dejarlo en un punto de carga mientras realizas tus actividades.

En un mundo extraño. Tener un Nissan Leaf en un contexto de poca infraestructura para vehículos eléctricos y desconocimiento de ellos no es tan malo como se lee. De hecho, puede representar una virtud, pues es muy sencillo encontrar puntos de carga vacíos, además de que la mayoría son gratis.

La primera ocasión que lo llevé a recargar, la concesionaria (de una marca alemana) utilizaba el lugar como una bodega para conos. Ya conectado, un policía del lugar me advirtió que si llegaba un auto de la firma tendría que mover el Leaf para darle prioridad. Esto nunca sucedió, pues, como mencioné, todavía no existe la cantidad de autos suficientes para estarse disputando los lugares.

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