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1910: Ve la primera luz Gerda Taro, reconocida fotoperiodista alemana

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AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, miércoles 01 de agosto 2018, actualizada 4:50 pm


A pesar de una corta existencia, que comenzó el 1 de agosto de 1910, Gerda Taro es reconocida por su audacia y valentía como la primer fotoperiodista que reflejó a través de sus efímeras e intensas imágenes el impacto de la Guerra Civil española.

Gerta Pohorylle, mejor conocida por el seudónimo Gerda Taro, vino al mundo en Stuttugart, Alemania, el 1 de agosto de 1910, bajo el seno de una familia judía de ascendencia polaca, lo cual la orientó a buscar un reconocimiento social que le alejara de la precariedad de la que partía.

De acuerdo a diarios internacionales como el diario El país, a muy temprana edad desarrolló su interés por asuntos políticos, lo cual le bastaría para unirse a círculos juveniles de oposición al ascendente movimiento nazi.

Fue en 1933, cuando con la llegada de Hitler con el movimiento nazi al poder, su espíritu activista le bastó el otorgamiento de una custodia "protectora" por lo cual decidió marcharse a Francia, país en el que entonces mantenía contacto con el SAPD (Partido Obrero Socialista de Alemania).

Tras mudarse con una amiga a la ciudad de París y trabajar como niñera y mecanógrafa de un psicoanalista, comenzó una vida bohemia empapada de corrientes intelectuales.

En 1934 empezó a realizar funciones administrativas para el fotógrafo de origen húngaro Endre Friedman (Robert Capa), a quien medios españoles señalan como “ignorado por todos pero dispuesto a convertirse en fotógrafo costase lo que costase”.

Fue a través de este personaje relevante en su vida, con quien Gerda se inició en la fotografía a través de colaboraciones que hacia 1935 le sirvió para trabajar en la agencia Alliance Photo.

Por esa época ambos fotógrafos, quienes también desarrollaron una relación sentimental, decidieron adecuar sus nombres profesionales al entorno francés, de lo que resultó para él “Robert Capa” y para ella su reconocida firma “Gerda Taro”, según los diarios El País y El Español, inspirados en el cineasta Frank Capra y la actriz Greta Garbo.

En agosto de 1936 la pareja llegó a España por su cuenta, a pesar del riesgo que esto implicaba, pues dicho país se encontraba en plena Guerra Civil, sin embargo su objetivo era documentar la causa republicana para la prensa francesa, lo cual llevaron a cabo.

Debido a este hecho histórico trascendental fue en este punto en el que Taro adquirió su estilo característico, pues de acuerdo con las fuentes su don fue entender que a veces hay que crear un personaje ficticio para que llegue a los lugares que no es posible alcanzar.

Él le enseñó a fotografiar profesionalmente y ella le dio todo lo demás, su trabajo, ideas y estilo; luego de cubrir el frente de Barcelona, de Aragón y de Madrid, viajaron a Córdoba, lugar en el que Robert Capa tomó una de sus fotos más poderosas, simbólicas y polémicas: “Muerte de un miliciano”.

Fotografía alargada en la sombra de la duda, pues según el diario El Español, no fue espontánea, sino escrupulosamente planificada, a lo que se suma la incógnita de saber si la verdadera autora fue Gerda y no Endre.

Si algo es verdad es que después de aquella incursión ibérica salieron vivos, pero Gerda, además de afianzarse en su activismo y hacerse cómplice de las Brigadas Internacionales, en sus deseos de independizarse comenzó a firmar sus fotografías como “Photo Taro”, trabajo que envió a las publicaciones Le Soir y Regards.

Fue por tal razón que se decidió por ir al frente del Jarama, presenció el bombardeo de Valencia y capturó la batalla de Navacerrada, lo cual la consagró como la primera fotoperiodista que cubrió un frente de guerra.

Su trabajo más importante en solitario fue el seguimiento de la Batalla de Brunete, uno de los episodios más sangrientos de la guerra civil, en el que el bando republicano quiso cambiar el destino de la historia y no pudo.

Gerda fue testigo del triunfo republicano en la primera fase de la batalla y publicó sus fotos en un reportaje para Regards, publicado el 22 de julio de 1937, lo cual la cubrió de un prestigio y de una felicidad política que no resistió al contraataque de las tropas franquistas.

Fue el 26 de julio de 1937, a la edad de 26 años, cuando al estar en el área de una embestida de aviones enemigos, la fotógrafa cayó al suelo y fue aplastada por un tanque republicano. Tras la muerte trágica de su pareja, Capa retomó el trabajo de los dos hasta el día de su muerte.

El cadáver de Gerda fue trasladado a París, donde recibió el homenaje de la izquierda ilustrada y comenzó la mitificación de su figura, aunque su labor de fotógrafa quedara entonces en penumbra, relegada a un segundo plano.

En 2010, François Maspero publicó el ensayo Gerda Taro, la sombra de una fotógrafa, en el que a partir de una entrevista que combinó la ficción y la realidad, el autor profundiza en lo que hubiera sido la vida de Gerda en caso de no haber muerto a los 26 años de edad.

Es por el gran trabajo que desarrolló Gerda que a 108 de su nacimiento se le recuerda por el entusiasmo proyectado en cada una de sus fotografías y por el estilo peculiar de proyectar las implicaciones de la guerra.

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