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ALEJANDRO TOVAR
TORREÓN, COAH, martes 24 de julio 2018, actualizada 9:23 am


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Los comentaristas de tan múltiples medios, seguro encajan dentro del enjambre que muchos dueños pretenden, el del mundo competitivo. Todos quieren pertenecer al grupo selectivo pero como no hay un control estricto de medición de calidad, los rumores invaden el entorno, cuando la gente bien pudiera definir la clasificación, como aquéllos hacen de protagonistas y jueces.

Los hombres que escriben, se arriesgan; los que hablan al público, también. Todos ponen en juego su imagen, cultura deportiva y general para un público multifacético, donde se cambia de estilo según la referencia geográfica. Sin embargo, aún cuando la entrega se haga en vocabulario coloquial, éste debe ser muy definido y sin abandonar nunca la elegancia que da el conocimiento.

El comunicador que no lee mucho, que no se cultiva, es un profesional en declive y sólo un pretenso del periodismo, porque la lectura te da adjetivos, te da vocabulario, te hace experto en temas variados, te da sinónimos, homónimos, antónimos, te muestra las maravillas del mundo en su geografía, fauna, flora, te hace volar a todos los extremos del orbe, te describe a los héroes.

Pero cuando el hombre está rentado para el servicio total de las empresas, sin libertades, caemos en lo que sucede cuando uno navega a otros puntos del sistema de cable, con los tipos saludando a todo mundo que se reporta de la unión americana, luego aderezan con bromas de una supuesta alegría sin humor y al final de la risa, recuerdan que están ahí para hablar de futbol.

En México el tenor es con la obligación de hacer intensa la narración, cuando muy a menudo el partido solo da para una buena siesta o se acude a un tono alto, mostrando un ritmo que no existe. Los periódicos cierran las notas con el menor espacio posible, todo sintetizado pero el comentario está lejano de coincidir con bases clásicas de la literatura: imaginación y conocimiento.

Aunque su tesis tiene 80 años Kurt Von Hammerstein-Equord (1878-1943) asoma vigencia. El consideraba que el flujo de la población alemana en su tiempo se dividía en cuatro sectores: inteligentes, trabajadores, tontos y vagos. Los inteligentes y trabajadores estaban para el estado mayor y el 90% compuesto de tontos y vagos, era la masa central del ejército, las tropas.

Decía que la combinación de inteligente y vago era para tareas de alta responsabilidad, por su claridad mental y aplomo; en cambio la suma de tonto y trabajador no podía tener ninguna responsabilidad, porque era un peligro y podía causar una desgracia. Claro, no somos alemanes ni tenemos necesidades de estudios de este tipo pero ¿podrían caber dentro de nuestro periodismo? Es solo una pregunta.

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