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domingo 24 de junio 2018, actualizada 9:48 pm


Contra el miedo

(Segunda de dos partes)

Hace 24 años, un candidato, Luis Donaldo Colosio, dijo una frase que aún hoy sigue resonando en mi mente: “el mundo no nos fue heredado por nuestros padres, sino que nos fue prestado por nuestros hijos”. Esta frase me guía, me inspira hoy a hacerlos reflexionar sobre la necesidad de superar nuestros miedos y pensar, más allá de nosotros mismos, en el mundo que queremos devolverle a nuestros hijos y a nuestros nietos.

Hoy, nos indignamos ante la inequidad, la injusticia, la corrupción, la contaminación, la violencia y la inseguridad que prevalecen en nuestro país y en el mundo, pero no aceptamos que todos estos males, en mayor o menor medida, los fuimos generando nosotros mismos. Hemos convertido el modelo de desarrollo económico actual, un modelo que prevalece mayormente en el mundo, en el objetivo de nuestra ira colectiva, y pensamos que la alternativa es regresar a modelos de desarrollo económico de las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo pasado.

Fuimos nosotros quiénes creamos y le dimos vida a un país donde los valores y los principios fueron relegados a un segundo plano. Fue nuestra generación la que creó frases como: “el que no transa no avanza”, “no me des, ponme donde hay” y “vivir fuera del presupuesto es un error”.

Tenemos cuatro candidatos, ninguno es perfecto, cada uno de ellos tiene sus propios aspectos positivos y negativos. Cada uno de nosotros tiene la obligación de votar y ayudar a nuestra sociedad a elegir bien. Lo único que tenemos que hacer antes de votar es dejar atrás nuestros miedos. Para mi, sólo hay tres opciones reales:

El candidato que se ostenta como el más popular, nos ofrece regresar a un modelo que, tanto México, como la humanidad en su conjunto, decidió superar hace casi 30 años. Un modelo que cultiva el credo de la ignorancia, que predica un evangelio que exacerba la envidia y el encono social y que constituye una filosofía del fracaso. Pensar que el estado sea, nuevamente, el eje central del desarrollo, tiende a ignorar el hecho de que el estado, el gobierno, no te da nada que no te haya quitado antes.

El segundo candidato nos pide votar para seguir con más de lo mismo, ofreciéndonos un cambio basado en su experiencia de años. Si bien sus credenciales lo hacen el candidato más confiable, tiene la gran desventaja de que todo lo que representa es precisamente todo lo que queremos y debemos dejar atrás, de una vez por todas.

El tercer candidato implica votar por algo diferente, joven e inédito, que ofrece un cambio sin que, hasta ahora haya sido capaz de precisar con claridad cuál es y en qué consiste este cambio. Este es un voto de confianza, una especie de salto al vacío con la promesa de un aterrizaje suave. En lo personal, creo que lo que hace atractivo a este candidato es la posibilidad de pasarle la responsabilidad de decidir y gobernar a los jóvenes porque, en última instancia, será en ellos en quién recaiga la responsabilidad de encontrar una solución futura a los problemas que nosotros contribuimos a generar.

Evitemos que sea nuestro miedo el que determine nuestro voto. Confiemos en el futuro, confiemos en que los jóvenes serán capaces de proveer un futuro mejor para nuestra sociedad y démosles nuestro apoyo. Es hora de pasarle la estafeta a una nueva generación y confiar en que ellos serán capaces de diseñar un nuevo camino para México.

Óscar Rodríguez

Torreón, Coah.

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