Columnas Social
DR. VÍCTOR ALBORES GARCÍA Domingo 3 de jun 2018, actualizada 12:43pm ... Anterior 10 de 10 Siguiente ...

Nuestra salud mental


ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

NONAGÉSIMA NOVENA PARTE

Ahora que las encuestas políticas están de hot sale y nos encontramos inmersos en las sólitas fachadas, mentiras y contradicciones históricas y cirquenses a las que estamos acostumbrados los mexicanos, sería interesante realizar también una encuesta nacional o incluso local, no necesariamente política, sino cultural y social. Me refiero a una encuesta relacionada con el desarrollo emocional y la adolescencia precisamente, en la que pudiéramos preguntar a cuantos adultos encontremos, hombres y mujeres de nuestros días, de los treintas, cuarentas, cincuentas, sesentas, setentas, ochentas, etc., cuáles son sus recuerdos del paso de su niñez a la adolescencia, qué conciencia tienen de esa etapa tan importante de la vida; cómo la vivieron, cómo la sintieron, cómo influyó en ellos en ese momento y posteriormente en su desarrollo, en su madurez y en la continuación de sus vidas. Definitivamente no sería una encuesta sencilla de responder, no sólo porque hayan pasado muchos años y el tiempo haya borrado o desfasado las memorias de una experiencia semejante, sino también porque para muchos hombres y mujeres, el hablar de adolescencia y de los cambios físicos y emocionales consecuentes, no representa un concepto claro y definido del todo, un concepto que para muchos ni siquiera existe, ni tiene importancia o significado alguno, como quizás lo tiene para quienes estudiamos el desarrollo emocional humano. Una encuesta semejante, menos costosa y posiblemente más honesta y fructífera que nuestras actuales encuestas políticas, permitiría que todos estos adultos encuestados pudieran remontarse a su pasado, a las raíces de su existencia para concientizar entonces qué tipo de época les tocó vivir y cómo la sobrevivieron, con todas sus alegrías, satisfacciones, desventuras y tragedias, para seguir adelante y continuar con la construcción de su identidad personal hasta el momento actual, en que se encuentran ubicados como el hombre o la mujer del presente. Cómo ha sido su desarrollo laboral, el descubrimiento de su vocación, la elección de una pareja en cuanto a una profesión, un trabajo o una actividad que les ha enamorado y les ha perpetuado el gusto, el entusiasmo y la satisfacción de trabajar en sus vidas, o por el contrario, la frustración, la desilusión, la impotencia y la insatisfacción de un vacío que permanece y que no han podido superar todavía. Cómo ha sido la exploración para encontrar una pareja, el enamoramiento, el cortejo, la relación y la vinculación en sí que los ha mantenido enamorados y satisfechos hasta sentirse complementados el uno con el otro en el presente, con la creación incluso de una familia, o por el contrario, el fracaso, el desencanto, la desvinculación, las crisis como pareja y el vacío que llena lo que debiera ser ese espacio de intimidad personal y dual, para terminar en la ruptura y la disfuncionalidad de una familia que se ha quedado trunca. Cómo responderíamos los adultos a una encuesta semejante, que nos enfrenta cara a cara con nosotros mismos cuando fuimos adolescentes, y las secuelas, los aciertos, los triunfos, las heridas o las cicatrices que han marcado a nuestro yo interno, que quizás logremos visualizar o no conscientemente, pero que en definitiva nos ayudará a mirarnos y conocernos con honestidad para comprendernos más benévolamente como seres humanos. El realizar una encuesta semejante y no necesariamente a nivel nacional, sino en la intimidad secreta de cada uno de nosotros mismos, nos dará la oportunidad de ser auténticos y reales con nosotros mismos como hombres o como mujeres para enfrentar entonces a nuestros hijos e hijas adolescentes, desde una perspectiva más real y objetiva, que igualmente nos ayudará a conocerlos y comprenderlos mejor, para facilitar entonces ese vínculo tan frágil y a la vez tan básico de las relaciones entre padres e hijos en esta etapa, un vínculo que peligrosamente tiende a tornarse cibernético hoy en día, con el riesgo de perderse en el espacio sideral del Face, del Twitter o de la Nube, perdido el contacto físico y emocional que tanto ansiamos y necesitamos los humanos (continuará).


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