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El Siglo de Torreón Jueves 17 de may 2018, 4:12am ... Anterior 2 de 6 Siguiente ...

Circunstancias


LA NECESIDAD DE CONTROLAR A OTROS

La mayoría de nosotros nos hemos encontrado con gente, sea en el hogar, el trabajo, la escuela, amistades, algún grupo social, etcétera, quienes han mostrado una necesidad de controlar a otras personas. En muchos de los casos, la necesidad se presenta de manera simple y no problemática, en otros, la necesidad de imponer dirección es no solamente obvia y abierta, sino también fastidiosa, al grado que nos sentimos incómodos alrededor de estos controladores y los evitamos lo mas que se pueda. Seguramente, hemos visto estas características en nuestros padres, pareja o esposa(o) u otro familiar, una amistad, supervisor o compañero de trabajo.

La palabra control implica mando y dominio sobre otras personas, pero también tiene que ver con un proceso administrativo que ayuda al orden y regulación de una organización o sistema y está directamente relacionado con el logro de metas y supervivencia de un organismo u objeto.

Sin embargo, cuando el término se aplica al mando de una persona, la situación puede involucrar una administración de control desmedida o abuso de poder.

Los controladores extremos, quienes frecuentemente reciben la etiqueta de "autocráticos o dictadores", tiene la tendencia a demandar que las cosas se hagan de acuerdo a expectativas o deseos muy personales, sin importar el punto de vista del controlado o dominado. Por ejemplo, algunos padres quienes obligan a los hijos a actuar de manera muy particular, como vestir, hablar, comer, sentarse, peinarse u otros intereses personales, los cuales son de acuerdo a lo que ellos (los padres) vivieron durante su época a la misma edad de los hijos. O el supervisor de trabajo quien centraliza la toma de decisiones de manera extrema limitando al trabajador de una actuación creativa en sus labores. El propósito de estos controladores, según sus puntos de vista, es que las personas sigan una manera "correcta" de actuar o comportarse para el "beneficio" de una familia, sociedad o una organización.

De acuerdo a Wikipedia (2018), el controlador extremo es un individuo quien intenta menospreciar a otros para proteger una propia personalidad débil, específicamente su autoestima. Los hijos muchas veces son el blanco de este control, ya que los ven como una extensión de ellos mismos. Esta persona normalmente es un perfeccionista con la idea de enmascarar sus vulnerabilidades. Este tipo de controlador cree que sus intervenciones son de ayuda debido a que otros quizás no tengan la capacidad de hacer ciertas cosas, o el temor de que algo va a salir mal. Por supuesto que disfrutan de la imposición de poder sobre otros.

Existen controladores que alcanzan un nivel psicopatológico en su manera de dirigirse a otros, y quienes carecen de capacidad de remordimiento, empatía, quieren ser el centro de atención, y son extremadamente manipuladores. Me refiero a personas que han sido diagnosticadas con algún trastorno de personalidad, por ejemplo, el trastorno antisocial, histriónico o narcisista. A estas personalidades, las podemos ver en cualquier sector social, por ejemplo en la política y algunos grupos religiosos.

El psicólogo Tim Carey, profesor de la Universidad Charles Darwin en Australia y autor de varios libros y ensayos, escribe en uno de sus artículos (marzo 2016) que en la mente de un controlador existen una variedad de metas y objetivos. De ahí que esta persona es bien aceptada en muchos negocios debido a su rendimiento y productividad, a pesar de los problemas causados en la moral de la organización, ya que tienden a ser pedantes y hacen la vida de los trabajadores muy difícil.

No quiero insinuar que el hecho de controlar a otros y ser controlados es necesariamente una conducta negativa. Creo que de alguna manera todos tenemos cierta necesidad de decir a otros que hacer y viceversa. Proveer dirección a otros es una necesidad imprescindible, por ejemplo, a nuestros hijos, o si tenemos una responsabilidad como la administración de un negocio. De la misma manera, obedecer reglas impuestas por gente a quienes aprobamos autoridad y las leyes mismas, es una obligación moral y civil. Existen controladores "benignos", o sea, aquellos quienes "saben" como lograr ciertos propósitos mediante un ordenar mas relajado, aunque algo manipulador. A este individuo le llamo "controlador pasivo", ya que utiliza un estilo no agresivo en el modo de ordenar.

Al final, todos podemos tener la capacidad y opción de ser controladores, y para mí esto no debe ser un problema. El dilema surge cuando imponemos algo que los otros no quieren hacer. Igualmente, siempre encontraremos individuos que quieren dirigirnos hacia algo que nos es de nuestro interés, aquí incluyo a los controladores extremos, y a los "benignos", quienes muestran una buena intención con su conducta controladora. A los primeros hay que evitarlos, y los segundos podemos escucharlos. Algunas veces tenemos la opción de escoger. Gracias por su interés en este artículo.

  Por: Mtro. Francisco Pineda




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