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REDACCIÓN S. N. Martes 17 de abr 2018, 6:29pm ... Anterior 2 de 2 Siguiente ...

Paisajes sonoros de un cubano universal

Foto: Iván Soca

Leo Brouwer, una vida en la vanguardia

El autor de Recuerdos de Lieja describe su música como una fusión de modelos culturales de lo culto y lo popular. Ha explorado desde formas tradicionales, llámense sonatas, variaciones, suites y demás, hasta concepciones armónicas con raíces tonales.

Es uno de los músicos y compositores más influyentes del siglo XX y lo que va del XXI. Se llama Juan Leovigildo Brouwer Mezquida, nació en La Habana y es conocido a nivel internacional como Leo Brouwer (1939).

Nieto de la pianista y compositora Ernestina Lecuona de Brouwer e hijo de un médico y guitarrista aficionado, el mes pasado cumplió 79 años de edad.

Sus blasones como compositor, director de orquesta y guitarrista inquietan con la sola mención de los datos duros: la discografía con su música supera los 850 registros, tiene más de 350 obras que abarcan casi todos los géneros y formas musicales. Entre sus obras se encuentra un gran número de piezas para guitarra sola, varios conciertos para ese instrumento y más de cuarenta bandas sonoras de películas.

Ha dirigido a más de 120 orquestas sinfónicas y agrupaciones de cámara y le han otorgado más de 300 distinciones artísticas y académicas. En sus vitrinas hay dos Grammy Latinos: el primero lo obtuvo en 2010 por la integral de sus cuartetos de cuerda y en 2017 con su obra Sonata del decamerón negro.

Brouwer, además de un prolífico y laureado autor, es un personaje destacado en la escena académica. Otras de sus facetas son las de investigador, pedagogo y promotor cultural.

La obra del cubano llama la atención de propios y extraños. Lleva varias décadas como referente ineludible entre quienes comienzan una carrera en la guitarra clásica.

/media/top5/SNarteBrouwer.jpg Foto: EnCaribe
INICIOS

La formación artística comenzó en familia. Caridad Mesquida, su tía, le enseñó solfeo y algo de teoría. Los primeros contactos con las cuerdas llegaron bajo la supervisión del padre, Juan Brouwer. Pronto se agotó lo que su ascendiente podía aportarle. Leo se convirtió en alumno de Isaac Nicola, y se acercó a la composición autodidacta. En ese momento tenía apenas 14 años de edad. Su nuevo maestro le presentó, de oído, a Fernando Sor, el Beethoven de la guitarra, y a Francisco Tárrega, renovador de la técnica guitarrística del siglo XIX.

Cuando habla de sus principios, Leo Brouwer comenta que la música de esos afamados compositores lo marcó. Lo siguiente fue trabajar, pulir el talento.

Debutó en julio de 1955 en un recital organizado por las Juventudes Musicales de Cuba. Sus primeras obras datan de la segunda mitad de la década de los cincuenta, piezas como Preludio (1956) en las que destaca la presencia de elementos de la música popular. Lo popular es un tema que, a más de sesenta años de distancia, no se ha apartado de su mente.

A fines de 1958 estrenó su Tres danzas concertantes. Al año siguiente, en el Palacio de Bellas Artes de la Habana, en un recital con la mezzo-soprano Georgia Guerra Valdés, fue presentada en sociedad su Madrigalillo.

Ese año se cerró un ciclo para Leo. Dejó los moldes tradicionales para iniciar un camino que contempló el empleo de formas extramusicales, geométricas, pictóricas, formas aleatorias y demás novedades.

En 1959, con la caída del régimen de Fulgencio Batista, el nuevo mando de la isla le abrió la puerta a la especialización fuera de las fronteras nacionales. Leo viajó a Nueva York como becario de los revolucionarios triunfantes.

Allí conoció la vanguardia del arte de Euterpe. Completó su formación con cursos en la Hartford University y en la Juilliard School of Music de Nueva York. Durante su estancia en la Gran Manzana compuso la serie 20 estudios sencillos a la que algunos críticos describen como expresiva y experimental desde el principio. También hay cibernautas cuya opinión es en realidad una pregunta: ¿Qué estaba fumando el maestro cuando compuso esos estudios?

ACADEMIA

El loado autor también fue profesor del Conservatorio Amadeo Roldán, asesor de la radio y la televisión cubanas y director del Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, que tuvo entre sus miembros a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez.

En los sesentas tuvo un momento de repliegue, de meditación, de madurar ideas y reanudar la maquinaria creativa. Ese proceso concluyó en 1964 y devolvió al también investigador y pedagogo ya con la vanguardia bien interiorizada. Estrenó, entre otras obras, Sonograma I para piano preparado. Viajó mucho en los años siguientes, a Polonia, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia, Canadá y demás.

A fines de la década siguiente, tuvo una lesión en su mano derecha durante una gira intensa por Estados Unidos. En lugar de suspender las presentaciones y atenderse, siguió tocando. Una vez concluidos los compromisos buscó la atención médica y descubrió que la lesión ya era irreversible. Aquello puso fin a su carrera como guitarrista.

En 1980 lo invitaron a Tokio, Japón, para presidir el Jurado del Concurso Nacional de Guitarra de ese país. El certamen fue bautizado como Leo Brouwer y conservó el nombre en las ediciones siguientes.

/media/top5/SNarteBrouwer2.jpg Foto: Ramón Sotomayor
ETAPAS

Las primeras obras del cubano poseen el influjo de la música popular de la isla. En las décadas siguientes se interesó en el trabajo de compositores modernistas como el italiano Luigi Nono y el francés de origen rumano Iannis Xenaquis. Algunas piezas de ese periodo son La espiral eterna (1971), Parábola (1973) y Tarantos (1974).

Los años y las décadas se han acumulado, pero él no ha dejado ni de componer, ni de compartir sus conocimientos, ni de viajar. En septiembre del año pasado visitó Buenos Aires para asistir tanto a un ciclo dedicado a su obra como al estreno mundial de una de sus piezas.

En entrevistas con medios de ese país reconoció que seguía empleando un lenguaje vanguardista, por llamarlo de algún modo. Según Brouwer, el creador se enfrenta al dilema de elegir el universalismo o representar a la propia aldea, esa es la cuestión. El balance ideal sería no renunciar a lo primero, puesto que el mundo es cada vez más pequeño y circular, ni perder de vista lo segundo, es decir, no olvidar la música que se escuchaba cuando niño, no dejar fuera de la composición a las tradiciones.

Un mes antes de su cita argentina, en otra entrevista, dejó constancia de su desencanto hacia el hecho de que la música sea dejada en manos de la industria discográfica. Expuso que a las productoras les interesa que la música genere dinero aunque no sirva para nada, y señaló que mientras más barata y más repetitiva, produce más dinero y menos inteligencia.

Brouwer, aunque se convirtió en un referente indiscutible del mundo de la guitarra, también tocó el violonchelo, el clarinete, la percusión y el piano.

Sus docenas de obras de cámara, música para películas, conciertos, obras sinfónicas y electroacústicas así como sus piezas para el instrumento de cuerda son objetos de culto para muchos amantes del arte de Euterpe.

En la década de los cincuenta del siglo pasado, la guitarra comenzó un nuevo periodo en Cuba, con Leo como su figura central. Ya cerca de concluir la segunda década del siglo XXI, los guitarristas de todo el mundo tienen en el cubano a un ejemplo a seguir y un maestro al cual recurrir.

El autor de Recuerdos de Lieja describe su música como una fusión de modelos culturales de lo culto y lo popular. Ha explorado desde formas tradicionales, llámense sonatas, variaciones, suites y demás, hasta concepciones armónicas con raíces tonales.

Carolina Queipo, doctora en Musicología por la Universidad de La Rioja, considera que los principales aportes del cubano creador son: 1.- Nuevos efectos técnicos manuales o de transformación de la técnica. 2.- Agregar valores extra guitarrísticos que inciden en el desarrollo expresivo del instrumento, tocar en arco, percutir en la tapa del instrumento. 3.- Cambios morfológicos, plantea la transformación de las estructuras compositivas; hay que componer para la guitarra como si fuera una orquesta.

Apreciar la complejidad y la belleza de las obras de Brouwer está al alcance de cualquier conexión a Internet. En plataformas como YouTube hay disponibles más de 281 mil resultados. Además de las interpretaciones a cargo de guitarristas hay ejecuciones llamativas como la versión de Vocal Sampling de Paisaje cubano con rumba.

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