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1950: Pierda la vida Nijinsky, considerado por muchos el mejor bailarían del siglo XX

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AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, domingo 08 de abril 2018, actualizada 4:47 pm


Vaslav Nijinsky, bailarín y coreógrafo ruso, considerado una de las personalidades más revolucionarias de todos los tiempos y posiblemente el mejor bailarín del siglo XX, es recordado hoy, a 68 años de su muerte.

Nijinsky nació el 12 de marzo de 1890. Hijo de Tomás Laurentiyevich Nijinsky, también un eximio bailarín que fue muy celebrado por su virtuosismo y por sus saltos espectaculares, y de Eleanora Bereda; ambos propietarios de una compañía de danza con la que recorrieron toda Rusia en sus giras.

De acuerdo con el perfil biográfico que de él publica biografiasyvidas.com, la niñez del artista transcurrió la mayor parte en el Cáucaso, bailando junto a sus hermanos Stanislav y Bronislava en la compañía familiar.

A los nueve años ya era considerado un niño superdotado para la danza, por lo que en 1900 se inscribió a la Escuela Imperial de San Petersburgo, donde estudió con Enrico Cecchetti (1850- 1928), Nicholas Legat (1869-1937) y Pável Gerdt (1844-1917).

Sus progresos fueron asombrosos, al extremo de que cuando tenía 16 años, sus maestros le instaron a graduarse en ese momento, ofrecimiento que él declinó al preferir completar el periodo normal de aprendizaje.

El 14 de julio de 1907, Nijinsky debutó en el Teatro Maryinsky con el ballet La Source, junto a la bailarina rusa Julia Sedova (1880-1969). Cuando finalizó su actuación, el público y los críticos se rindieron ante él, con elogios y aplausos.

Los registros apuntan una carrera meteórica, con interpretaciones memorables en los ballets Eunice (1907), Le Pavillon d'Armide (1907) y Noches Egipcias (1908), todos con coreografías de Mikhail Fokine (1880-1942).

Hacía 1909, Nijinsky fue contratado en calidad de bailarín principal y coreógrafo para la presentación de la nueva compañía de Serguéi Diáguilev (1872-1929), el Ballet ruso, y puso en escena los nuevos ballets de Fokine, Las sílfides (1909) y Scheherazade (1910).

Dos años después llegaron El espectro de la rosa, Narciso, El lago de los cisnes y el estreno mundial del ballet Petrouchka, con música de Igor Stravinski (1882-1971).

Sus protagonistas fueron Tamara Karsavina (1885-1978) y Anna Pavlova (1881-1931).

De acuerdo con el portal hagaselamusica.com, Vaslav Nijinsky recorrió toda Europa y el continente americano, llegando desde Estados Unidos hasta Argentina, donde se le conoció como el “Dios de la danza".

En 1912, con la creación de su primera coreografía La siesta de un fauno, Nijinsky revolucionó la danza y la llevó hasta sus principios fundamentales. Eliminó los gestos sinuosos y sólo permitió los pasos absolutamente esenciales.

Comenzada ya su carrera como coreógrafo, al año siguiente preparó La consagración de la Primavera, en la que fue asistido por Marie Rambert (1888-1982).

Para el Ballet ruso de Diaghilev, el también coreógrafo creó Jeux (1913) y Till Eulenspiegel (1917), pieza original y de atrevida composición, con música de Richard Strauss (1864-1949), que fue estrenada en el Manhattan Opera House de Nueva York el 23 de octubre de 1916.

Nijinsky y Diaghilev mantenían una estrecha relación personal que derivó en enfrentamiento, y durante una gira por el continente americano, hizo que el bailarín aprovechara la ausencia de Diaghilev para iniciar una relación con Romola de Pulszky (1891-1978), una bailarina húngara, miembro de la compañía, con quien se casó en Buenos Aires.

Este hecho, cuentan, rompió definitivamente la relación del artista con Diaghilev, relación que, por otra parte, siempre había sido tormentosa; el director, furioso con su protegido, lo despidió junto con su mujer el 10 de septiembre de ese año.

Un colapso nervioso retiró a Nijinsky de la danza cuando apenas tenía 29 años. Se le había diagnosticado esquizofrenia y desde entonces vivió en la semioscuridad en países como Suiza, Francia e Inglaterra, hospedado con frecuencia en asilos psiquiátricos.

Murió en Londres el 8 de abril de 1950. Al enloquecer, el artista escribió un diario en el que fue anotando las vivencias iniciales de su enfermedad, y años después su esposa encontró los escritos y los publicó.

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