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Al Larguero

RUBICÓN 2015

ALEJANDRO TOVAR
TORREÓN, COAH, martes 20 de marzo 2018, actualizada 9:37 am


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Con los aniversarios del ascenso a primera y el desfile en la memoria de tantos protagónicos, los viejos de la comarca ven que es tiempo de salir a buscar a sus muertos, mientras los jóvenes buscan mejorar sus equipos para tomarse fotos en el TSM y los nostálgicos se meten a sus recuerdos del antiguo Corona que tenía el calor de los marginados y el olor de la pobreza.

El sabor del pueblo solamente puede ser apreciado por los comunes, porque ambos grupos se mueven o sobreviven en algunos territorios donde a menudo los demonios derrotan a los ángeles. Son núcleos especiales que se identifican con la sola mirada, son seres cuya virtud principal es la risa, como elemento esencial de su paisaje urbano. Ellos no tienen medios de acudir al escenario elitista y disfrutar con su líder con su manera de vida espartana, con sus ojos que dejan huellas.

Santos es el equipo de ese pueblo todo, siempre identificados, porque sus jugadores decidieron dejar ese laberinto de vida monótona y buscaron con Siboldi una puerta a la realidad y ya ingresados en el club de las segundas oportunidades fueron edificando un patriarcado que no termina de morir, como quien viaja en un vagón y cuando llega al destino, el mundo ya es otro.

Los laguneros auténticos, tienen como máxima virtud el gen dominante de su carácter y aunque su humor en algún momento vaya tirando al disparate, sabe lo que es mirar, explorar y encontrar. Su destino es la tv donde sus verdiblancos se baten y todos hablan el lenguaje secreto de los sueños. Conforma rueda el balón, cabalga el destino como defensores de causas pendientes.

En ese vértigo, el riesgo es que los protagonistas se salgan de la pantalla y rompan la cristalería, porque los jugadores se meten a un rol intenso. Son como los soldados de Odiseo, que brotan del caballo en la noche de Troya, como una película donde hay triunfo de los buenos, en un mundo donde solo ganaban los malos. Es el futbol como fiesta; volcánico, seductor, exótico y siniestro.

En el centro del campo, aparece un hombre diminuto a quien apodan Gallito, cuando debiera ser Zorro o Lobo, porque descubre todas las trampas del rival y luego se pone turbo en el trasero para ser mitad máquina y mitad ingenio. Copa todo el terreno; roba, quita y apunta. Tiene cuerpo de estudiante y rostro de campesino. Gallo Vázquez, el pistón incansable, sostén del Siboldi boys.

Se dice que la gente se inclina hacia la música melancólica, quizá como vía de escape para las penas y cada cual sabrá qué clase de penas pero todo se tolera a la gente que sobrevive, que solo quiere vivir y no pensar en los riesgos de futbol y Santos, solo tener su pasión en la oscuridad íntima. Lo ideal sería acompañar este tiempo con un tinto español llamado Rubicón 2015 que dicen es el vino del sosiego, que aporta serenidad. Bueno, música, vino, liderato e imaginación.

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