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Columnas la Laguna

Nuestra salud mental

Dr. Víctor Albores García
domingo 04 de marzo 2018, actualizada 12:39 pm


ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

(NONAGÉSIMA QUINTA PARTE)

La intensidad de estas emociones; amor y erotismo, no siempre permite que las podamos separar y distinguir una de la otra, puesto que nos invaden tan abrupta y vigorosamente, sin dar tiempo a nuestra mente para discernir y reflexionar al respecto, que es más bien el cuerpo, las hormonas, y especialmente el cerebro sexual, si así lo podemos llamar, quien nos domina y reacciona impulsiva e intempestivamente hasta guiarnos a nuevos y desconocidos parajes. Amor y sexualidad se funden indistintamente en una sola experiencia momentánea, pero que puede dejar huellas perecederas y consecuencias vibrantes de felicidad o de sufrimiento. Sí en el caso de los adultos, a pesar de su edad y de la variedad de experiencias que portan, es siempre complicado y abrumador manejar o tratar de controlar el impacto de tal aventura, en los adolescentes es aún más complejo. El erotismo naciente pero cada vez más intenso y hasta cierto punto libre en la piel de cada adolescente, se eriza desafiante y alerta para dejarse llevar bajo tantos estímulos conscientes e inconscientes: esas ciertas miradas y señales imprecisas, que se conjugan con las caricias y los variados niveles de contacto físico y excitación cada vez más comunes entre ellos en nuestra época. El acercamiento físico y emocional, el ambiente propicio, la influencia desinhibidora del alcohol o de las drogas al alcance de la mano, o simplemente la secreción natural de las hormonas adecuadas y el desafío consciente o inconsciente a las reglas y las prohibiciones culturales, se convierten en la mezcla ideal para integrar tales niveles de sensaciones eróticas con aquella llamarada refulgente que tendemos a definir como amor, un fogonazo que explota y puede resplandecer y mantenerse vivo hasta la terminación del orgasmo en uno y otro, o en ambos. La omnipotencia juvenil del momento desdeña todos aquellos conocimientos sobre la educación sexual recibida, si es que la ha habido y con mayor razón cuando ha sido nula o simplemente anécdotas callejeros. Esa omnipotencia desecha la necesidad de protegerse porque finalmente "no pasa nada", como si se tratara de apostar a la ruleta rusa. En muchos casos efectivamente, no fue el momento fértil para un embarazo, pero en tantos otros "ese instante de amor" y el erotismo del momento se traducen en un período interminable e incierto de nueve meses que cambiará el destino de estos adolescentes para toda su existencia (continuará).

 

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