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MARCELA PÁMANES Jueves 22 de feb 2018, actualizada 4:50pm ... Anterior El Siglo 2 de 2 Siguiente ... El Siglo

¿Por qué quiero a mis amigas?


Nuestro mundo

Este texto, amable y comprensivo lector, más que provocado por la famosa fecha del 14 de febrero, recibe su aliento de una canción que me mandaron por redes sociales.

A un hermano le confías, le reclamas, le hablas. Con él lloras, ríes, te enojas, te contentas. Sus fracasos duelen, su prosperidad alegra. Eso mismo se llega a sentir por las amigas, por eso se afirma que la amistad es la hermandad elegida.

Cuando perteneces a un grupo hay personas con las que te identificas más, influye su manera de pensar, su forma de vida, lo atractivo de su conversación, el acompañamiento de vida que conlleva esa relación. Esas amigas consentidas son a las que buscas, a las que procuras, estas al pendiente de ellas, son las que se convierten en hermanas de vida.

Este texto, amable y comprensivo lector, más que provocado por la famosa fecha del 14 de febrero, recibe su aliento de una canción que me mandaron por redes sociales: “A los amigos se les cuenta como a los dedos de las manos, uno por uno va la cuenta y nunca mas de diez pasamos. A los amigos por amigos en todo trance les contamos, por eso amigos más que amigos se les percibe como hermanos. A los amigos en sus pasos, no se les juzgan sus defectos, se les consuela en su fracaso y se comparten sus aciertos. A los amigos se les quiere sólo por ser nuestros amigos, cuando no cuenta lo que tiene, o lo que tuvo y ha perdido. A los amigos por amigos. Saberse serlo no hace falta, no es necesario ni decirlo y eso basta”.

Letra sencilla pero llena de verdad. En cualquier relación de dos o más, la percepción marca diferencia. Una cosa es lo que yo siento y una distinta la que siente el otro, empatar los criterios de lo que sentimos a veces es una tarea desgastante y poco productiva, no existe un “amigometro” que nos permita medir si es equiparable el sentimiento de amistad que desarrollamos. Lo que sí es verdad es que podemos evaluar la estima que tenemos por alguien.

¿Confías en esa persona? ¿Aceptas sus cualidades y defectos por igual? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por él o por ella? ¿Construyen nuevos recuerdos juntos? ¿De qué hablan cuando se reúnen? ¿Han planeado y hecho viajes? ¿Te dice lo que no te gustaría escuchar? ¿Quiere cambiar tu modo de pensar y actuar?

Cada una de estas preguntas debe tener una respuesta. Soy una convencida que ninguna relación funciona sin la base del respeto y la confianza, que el amor por el otro nos hace entender que todos los seres humanos tenemos una luz y una sombra, la luz nos da calor y nos hace sentirnos plenos, la sombra nos revela esa parte del “yo” que queremos negar, que escondemos, pero cuando alguien más la observa y la acepta como parte del todo que significa nuestra humanidad, podemos sentirnos muy acompañados y aceptados. Lo que estamos dispuestos a hacer por el otro refleja el interés que tenemos, las amistades profundas crean nuevas experiencias y permiten compartir vivencias que, en un futuro, serán recuerdos.

Las amistades que hablan de sí mismas, de sus emociones, preocupaciones, ansiedades, desencantos, amores, heridas, son siempre más nutricias que las que hablan de moda, bodas, chismes, debilidades de los otros, ¿Qué te garantiza que el día de mañana no serás tu el objeto de esas conversaciones? Tu boca habla de lo que eres.

A nadie nos gusta que nos digan nuestras “verdades”, ¡esta frase es genial! Nuestras verdades casi siempre son nuestros errores, de los cuales nos hacemos cargo o no. Cuando podemos verlos podemos pedir perdón y reparar el daño hecho. Cuando fingimos que no existen habrá alguien que los señale y eso acerca o aleja, depende de la madurez emocional de quienes conforman la diada de amistad.

¿Por qué quiero a mis amigas? Porque la amistad es alegría en medio del dolor, compañía para atravesar la soledad, esperanza en tiempos de incertidumbre, terapia que no se cobra, gozo de atardecer compartido, mesa puesta para llorar, confesionario que no implica penitencia y, para algunos de nosotros, ha significado hasta la diferencia entre la vida y la muerte.

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