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Siglo Nuevo

Darse cuenta

Nuestro mundo

MARCELA PÁMANES
jueves 08 de febrero 2018, actualizada 11:42 am

La casualidad no existe por sí misma, es la causalidad la que se manifiesta a toda hora. La ley de causa y efecto rige nuestra experiencia: a toda acción corresponde una reacción y aún más, a toda omisión también.

Estar despiertos no quiere decir exclusivamente que estamos en estado de vigilia; estar despiertos implica estar conscientes, sin embargo, nos hemos convertido en autómatas que hacen la mayor parte de las actividades mecánicamente.

Seguro te ha pasado, querido lector, que llegas a tu casa y ni siquiera recuerdas el camino tomado, o lo que traías puesto ayer, o lo que desayunaste, o como se llama la persona que te presentaron hace poco. Esos no son olvidos que provienen de tu desmemoria, eso tiene una mayor profundidad: la falta de atención al presente.

Vamos por la vida haciendo y generando reacciones sin percatarnos de ello

¿Existe algo si tú no te das cuenta de ello? Sin duda sí existe, pero para ti es irrelevante, no lo haces consciente, no lo procesas, no lo integras, no lo reflexionas y no lo discutes. Estas encadenado a tu des-conocimiento, a tu des-atención, a tu des-interés. ¿Eso es bueno o es malo? Temo decirte que para nuestra mente enjuiciadora plantearlo con esos modos resulta casi obligado, pero por qué mejor no aceptamos simplemente que 'es' y nada más, sin calificar y sin etiquetar. Cuando nos damos cuenta de que 'es' y surge algún interés particular por extraer algún conocimiento, vamos a por ello, y llegamos a comprender que siempre estuvo ahí mas era invisible a nuestros ojos. Así despertamos a un tema en particular, es decir, nos iniciamos en él.

“Darse cuenta” es una expresión muy utilizada. ¡Por fin me di cuenta! ¡Ahora caigo en cuenta! ¡Lo voy a tomar en cuenta! Si nos damos cuenta (la obviedad es intencional) significa que pusimos, ponemos o pondremos atención a algo en particular. Es también bastante usual que digamos: “Gracias por abrirme los ojos” o “Me permitiste ver claramente como son las cosas”. No necesitamos que nadie nos abra la consciencia. Nosotros tenemos la llave de ese lugar, pero sucede que abrir esa puerta, muchas veces, es doloroso, nos significa perdidas, desgaste emocional, inestabilidad y una serie de consecuencias que juzgamos indeseables. Entonces es más cómodo mirar hacia otro lado o fingir que nada pasa. Seguimos dormidos por nuestro miedo

El miedo es algo que está latente y tiene tan mala fama que lo rechazamos. En aras de la consciencia, sería muy necesario que reconozcamos la raíz del temor porque, estoy segura que, si lo definimos, podremos trabajar con más claridad en él. Un ejemplo, una pareja donde la mujer es violentada de distintas formas, pero es incapaz de concluir la relación. Si la mujer pudiera reconocer, tener claridad sobre su negativa a terminar con algo que le daña, tal vez encontraría que, en el fondo, el temor es a la pobreza, si bien esta puede ser una creencia infundada, no por ello es menos real. Al definir el origen del temor, le damos forma y podemos modelarlo como si de arcilla se tratara, cuando no vamos a esa profundidad la venda que tenemos en los ojos no nos permite ver el camino a seguir.

¿Qué nos permite llegar a la raíz del miedo? El autoconocimiento. Que buenos somos para creer que conocemos a los demás: “Le conozco mejor que él mismo”o “Nadie le conoce mejor que yo”. ¿Será? Y de expresiones como esas, no pocas veces resulta que la persona que las dice es un ignorante de sí mismo que nunca ha querido dedicarse tiempo, escrudiñar en sus emociones y reconocer el trabajo personal que vino a hacer a este mundo.

La consciencia es de quien la trabaja a fondo, de quien sabe que “el despertar” es un paso a la evolución personal. Si la gente pudiera ver nuestro interior como ve nuestro exterior tal vez podríamos aspirar a un mundo de empatía, de generosidad, nos percataríamos de que todos tenemos heridas, todos vivimos historias de desamor y amor, todos buscamos que nos acepten y en el mejor de los casos que nos quieran.

Aspiremos a que el orden sea en todas las situaciones que nos toque vivir. Este texto esta inspirado en el taller que Sylvana Silveri ofreció recientemente, una gran maestra, un gran ser humano.

Twitter: @mpamanes

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