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SAÚL ROSALES Jueves 1 de feb 2018, actualizada 9:44am ... Anterior El Siglo 2 de 2 Siguiente ... El Siglo

Beethoven opus 132


Nuestro mundo

El genio se otorgó a sí mismo el epíteto de Poeta del Sonido. Su obra es, él lo dice, de un corazón dedicado al amor y “el amor a los hombres y el anhelo de hacer el bien lo colman”.

Es de dominio popular que Beethoven sufrió una sordera que lo atacó desde su juventud y que se le fue agravando hasta llegar a ser total. Cruel ironía es la sordera en un músico. Pero a su genio no estorbó que sufriera otros graves problemas de salud.

En el invierno de 1824-1825, ya con muchos años, mucha fama y muchos pesares sobre su vida, el Sordo de Bonn resintió otro grave padecimiento, una inflamación intestinal que le trajo “diarreas, agudos dolores en el estómago y fiebre”. La naturaleza no tiene consideraciones, no respeta ni la dignidad de los genios.

Mas el genial alemán no se dejaba abatir. Al contrario, a cada sufrimiento respondía con entereza y a ese mal lo sublimó creando una de las obras que tengo entre mis preferidas, las que no son pocas a causa de lo que todo el mundo sabe, Beethoven producía casi solamente piezas maestras.

Se trata del Cuarteto para cuerdas en La menor opus 132. Lo tengo interpretado por el Quartteto Italiano en un CD que me regaló mi hija Nadia no hace poco. Así pues, lo compuso Beethoven como respuesta al mal que había padecido y como agradecimiento por haberlo superado.

En la partitura, el Gran Sordo describió el tercer movimiento: “Una canción de agradecimiento, en el modo lidio, ofrecida a la divinidad por un convaleciente.” Esta parte ofrecida a la divinidad la refiere el folleto del CD así: “El movimiento, es uno de los más extensos e intensos de Beethoven”.

Yo escucho la “canción” separada de los otros movimientos del cuarteto. Le pedí a mi hija que la quemara tres veces seguidas en un mismo CD, así que la disfruto con gula. Comienza con graves cuerdas que son asaltadas de pronto por destellos de violín. El cello, la viola y los violines avanzan con pasos como entorpecidos de debilidad incididos con toques de seguridad, una seguridad que se reincorpora a la maravillosa maquinaria del cuerpo con salud.

Arrebatos de unos y otros instrumentos, inseguridad y arrojo, comparten energía, energía recuperada después del padecimiento. Retadora dialéctica: la antitesis de la voluntad del músico contra la tesis de la naturaleza. Brillan breves descubrimientos de potencias reincorporadas, alegría del reencuentro con el buen ánimo. Pero también vienen, mezcladas con los arranques pasionales, reflexiones lentas, suaves y profundas.

Esa “canción” del Cuarteto en La menor opus 32 lleva versos de miradas ásperas y oscuras a la gravedad pasada, miradas fulgentes y sonorosas al reconocimiento de las capacidades del cuerpo y del alma; de fe en las virtudes de la música y de la disciplina creadora. El Beethoven agobiado por la enfermedad quedó rebasado, sigue el Beethoven pródigo en prodigios que necesita producir para la humanidad. La canción es la muestra.

El genio se otorgó a sí mismo el epíteto de Poeta del Sonido. Su obra es, él lo dice, de un corazón dedicado al amor y “el amor a los hombres y el anhelo de hacer el bien lo colman”. Pero sobre todo es su música el gran regalo a la humanidad, “a pesar de todas las trabas de la naturaleza”, a veces trabas tan indignas como la enfermedad pasada.

Con unción, sea cual sea la atmósfera que me envuelva, acudo al legado de Beethoven. El gran Sordo de Bonn enseña a escalar del dolor a la alegría. Como dice Romain Rolland, “a quien el mundo niega la alegría, crea la alegría por sí mismo para dársela al mundo”.

No se puede dejar de citar completo al francés en esta parte. En su admirable biografía de Beethoven concluye: “Un desventurado, pobre, enfermo y solitario, el dolor hecho hombre y a quien el mundo niega la alegría, crea la alegría por sí mismo para dársela al mundo; y la forja con su tristeza, como lo ha dicho él mismo en unas palabras valientes, resumen de su vida que son la divisa de todas las almas heroicas: ‘Por el Dolor a la Alegría’.”


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