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El Siglo de Torreón Domingo 3 de abr 2005, actualizada 11:22am ... Anterior El Siglo 5 de 17 Siguiente ... El Siglo

La destrucción del Anillo del Pescador

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Ciudad del Vaticano, (EFE) - El cardenal camarlengo es el encargado de verificar la muerte del Papa ha muerto y de retirarle del dedo el "Anillo del Pescador", símbolo del poder pontificio, que es la señal de que el reinado ha concluido.

El anillo es inmediatamente machacado para evitar cualquier eventual falsificación de documentos pontificios.

Este es uno de los pasos más significativos tras la muerte de un Pontífice.

En los primeros siglos, para saber si el Papa se estaba muriendo el médico aproximaba a sus labios una vela encendida. Si la llama se movía significaba que aún conservaba un hálito de vida. La operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil.

Actualmente las técnicas han cambiado y lo que se hace es determinar la defunción con los métodos habituales.

Una vez que el médico (antiguamente el arquiatra) confirma la defunción del Papa el prefecto de la casa pontificia anuncia oficialmente la muerte: El papa muerto.

Todos los presentes se arrodillan y comienzan los primeros responsos. Después, por orden jerárquico se acercan al cadáver, y besan la mano del difunto Pontífice.

Inmediatamente comienza el turno de vela por parte de los canónigos penitenciarios. Se encienden cuatro cirios a los pies de la cama y se coloca un acetre con agua bendita y el hisopo con agua bendita junto al lecho mortuorio para los responsos de los prelados visitantes.

El cardenal camarlengo, que viste de violeta (color de luto) y que es durante la sede vacante la más alta autoridad de la Iglesia, entra en la habitación escoltado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas, símbolo de la nueva autoridad, para asegurarse oficialmente de la muerte del Pontífice.

En presencia del maestro de ceremonia y de los prelados de la casa pontificia, el camarlengo se acerca a la cama, retira el pañuelo que cubre el rostro del Papa e inclinándose hacia el difunto llama tres veces al Papa por su nombre de pila.

Después golpea su frente con un pequeño martillo de plata y mango de marfil. Después de verificar dice "vere papa mortuus est" (de verdad el Papa ha muerto).

A continuación retira del dedo el anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio. Esta es la señal de que el reinado ha concluido.

El anillo será machacado junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales. Se hace para evitar cualquier eventual falsificación de documentos papales.

Después el notario de la Cámara Apostólica levanta acta y las campanas de San Pedro doblan a muerto, anunciando al mundo y a Roma la muerte del Papa.

Después el cuerpo del Papa es entregado a los embalsamadores. Salvo que el Papa haya dicho lo contrario, el procedimiento exige que se le extraigan las vísceras, que son depositadas en urnas que se conservan en la cripta subterránea de la iglesia de San Vicente y San Anastasio, frente a la Fontana de Trevi, en Roma.

La normativa vaticana prohíbe fotografiar al Papa muerto o grabar sus palabras. El camarlengo dará permiso para que se hagan fotos oficiales, pero siempre que esté ya revestido con los hábitos pontificios.

Una vez embalsamado se le reviste con sotana blanca y es llevado a la Capilla Sixtina escoltado por prelados con cirios y cardenales. Es colocado debajo del Juicio Final, donde los fieles le rendirán el último tributo.

Por la noche, una vez cerrado el Portón de Bronce, el cadáver del Papa es entregado a los canónigos de San Pedro que le revestirán con los hábitos pontificios (sotana blanca, amito, roquete de encaje, manípulo, estola, dalmática roja y dorada y una casulla de color rojo y oro, así como la mitra episcopal.

Al día siguiente es trasladado a la basílica de San Pedro donde es colocado en un catafalco, delante del altar de la confesión.

Allí permanecerá tres días antes de las exequias, que desde la muerte de Pablo VI y Juan Pablo I se celebran en la plaza de san Pedro, ante la presencia de presidentes y reyes de todo el mundo.

Es llevado hasta el lugar en una solemne procesión encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, mientras los coros entonan Libera me, Domine, de morte aeterna (Líbrame Señor de la muerte eterna).

El cuerpo del Papa es colocado en un féretro de ciprés forrado de terciopelo carmesí y encajado en otro de plomo de cuatro milímetros de espesor, a su vez encajado en otro de madera de olmo barnizada.

Un prelado lee los hechos más importantes de su pontificado y al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el féretro junto con saquito de terciopelo con monedas y medallas de su pontificado.

Después los camareros sellan la caja de ciprés y la de plomo y colocan la de olmo. Sobre esta última colocan un simple crucifijo y una Biblia abierta.

El féretro suele pesar 500 kilos y es llevado al final de la ceremonia en un carro fúnebre hasta el Altar de la Confesión, donde por medio de poleas es descendido hasta la cripta vaticana, donde permanecerá hasta que se disponga su sarcófago definitivo.


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