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Finanzas

BMW M5, tracción en la sangre

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, miércoles 13 de diciembre 2017, actualizada 9:27 am

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Lo bien que hacen las cosas los alemanes en el plano automotriz les permite tener una seguridad que raya en la soberbia. "Nos toma un período de seis o siete años redefinir el concepto de perfección en un auto", bromea Wieland Bruch, vocero de BMW en la presentación del nuevo M5 en Portugal, a la cual fuimos invitados.

Aun cuando sería interesante rebatir su punto, no encuentro el sentido de discutirle algo tan cierto. El BMW M5 de la generación pasada era un vehículo que no parecía tener espacio para la mejora: su manejo, equipamiento y aspecto eran tan precisos que parecía que el siguiente paso de los alemanes sólo podría ir en detrimento en comparación a tal entrega. Todo estaba puesto para que los alemanes fallaran.

Empleo un tiempo pretérito para referirme al M5 de generación anterior como un producto inmejorable porque, para desgracia de mi orgullo y para el regodeo de Wieland Bruch, lo volvieron a lograr los alemanes. El nuevo BMW M5 es perfecto para su propósito.

Riesgos antinatura. Es de reconocer el mérito de BMW para lograr un resultado así, pues para la presentación de este modelo (con nomenclatura #F90 para distinguir su nueva generación) han tomado un riesgo que, para los más entusiastas, parece un disparate: dotar a este deportivo de un sistema de tracción integral.

Además de que históricamente el BMW M5 se ha distinguido por la presencia de un sistema de tracción trasera para tener increíbles maniobras de derrape en curvas, este cambio supone un considerable aumento en el peso del vehículo, algo sumamente grave en las ambiciones dinámicas de un deportivo.

Dos pasos adelante del resto. Ahí entra la mezcla entre el ingenio y el riesgo de los alemanes: para contrarrestar el aumento en el peso que supone tener un sistema de este tipo, BMW decidió que, para la instalación del techo del nuevo BMW M5, el material a usar fuera la fibra de carbono, convirtiendo al F90 en un auto aún más ligero que la versión que le antecede.

Esta decisión permite que el auto, además de ser más ligero, tenga un centro de gravedad más bajo y además tenga una fuerza de torsión más elevada, pues su estructura es más rígida. En pocas palabras: un enorme acierto.

Para manejarlo, tuvimos la oportunidad de recorrer carreteras cercanas a Lisboa, donde se comportó de manera increíble para un uso cotidiano. Tiene una suspensión suave, dirección precisa y puede ser cómodo manejar en situaciones de tráfico. El camino en el que condujimos tenía como destino el circuito de Estoril, donde teníamos la encomienda de modificar su configuración para transformarlo en un deportivo, cuyos 600 caballos de fuerza son más que una cifra que ayude a vender autos.

Como parte del ambiente que nos haría probar el sistema de tracción integral, una ligera lluvia nos alcanzó minutos antes de manejar, algo que la persona más suspicaz hubiera interpretado como parte de la escenografía montada por los alemanes para demostrar las capacidades de su nuevo M5.

Condiciones inmejorables para manejarlo. El circuito de Estoril es un trazado sinuoso y de muchas curvas que limita la velocidad punta de los autos, pero que expone sus capacidades de maniobrabilidad y cambios de dirección súbitos para salir en la línea de trayectoria adecuada que señala la pista.

En estas tareas, el F90 tiene una solvencia impresionante que, incluso, hace pensar que las maniobras que estamos realizando son cualquier cosa. Sin embargo, a la mitad del recorrido en la pista, Bruno Spengler (piloto de BMW en el serial DTM) nos invita a oprimir en dos ocasiones el comando rojo que dice M2 en el lado derecho del volante.

Una vez accionado este comando, cambia la configuración de la dirección y la suspensión, y desactiva el sistema de tracción integral para dejar la responsabilidad del arrastre en las llantas traseras. Así, el M5 se transforma en una barbaridad mecánica. Realiza todas las tareas distintivas de la división M de BMW con una estridencia de miedo. Cuando supones que el auto corregirá la maniobra de curva, el auto se empieza a derrapar y requiere un esfuerzo de contravolanteo que, si no es ejecutado en el instante adecuado, provocará que el auto termine dando vueltas en dirección contraria al circuito.

Más allá de un defecto, este brutal cambio en el comportamiento del auto nos hace apreciar más el excepcional trabajo que han realizado los ingenieros de BMW, pues han redefinido la idea de que un auto puede hacer las funciones sofisticadas del científico Bruce Banner o bien, si es provocado, convertirse en el irracional pero poderoso y carismático Hulk.

Aunque me encantaría brindar un punto de vista que pusiera en duda la seguridad con la que el ejecutivo alemán se refiere a éste como un auto perfecto, sería completamente falso, pues jamás había encontrado un extremo tan radical entre un vehículo que puede manejar mi abuelo, o bien, ponerme a sudar en el circuito.

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