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SAÚL RODRÍGUEZ Sábado 21 de oct 2017, 12:29pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Formación sin arte: educado para perder

Foto: Secretaría de Educación Pública

Un tamiz educativo carente de sensibilidad

El arte es un elemento irrenunciable de la humanidad. En mayor o menor medida, se ha emparejado con el curso lapidario de los tiempos y ha acompañado a las comunidades que han dado lugar a las distintas épocas. Su historia abarca desde las pinturas rupestres hasta las digitales formas de expresión. En él subyacen la necesidad de compartir o exteriorizar las vivencias y dejar algún legado. El arte brinda significado e identidad; da lecciones, aunque no sea ni su fin ni su intención, sobre dignidad y valores. También contribuye a forjar una ciudadanía con mayor capacidad cognitiva. Con esas propiedades como base la Unesco subrayó la urgencia de revalorar la educación artística que se brinda en los niveles formativos básicos.

En las antiguas civilizaciones el arte era un componente fundamental de la educación. No se le consideraba un mero entretenimiento, se subrayaba su importancia para el pleno desarrollo de las personas a nivel cognitivo y espiritual, así como su contribución a la correcta evolución de los intelectos y las habilidades sociales.

Los antiguos griegos, por ejemplo, tuvieron escuelas en las que se impartían conocimientos sobre poesía y música. Para ellos, las diferentes disciplinas no eran campos aislados e independientes, todas las ramas formaban un universo con el cuál se cultivaba el progreso pleno del hombre.

Durante el Renacimiento se introdujo el pensamiento multidisciplinario en las artes y éstas coquetearon con las ciencias exactas. Genios como Leonardo Da Vinci abordaron cuestiones pertenecientes a los ámbitos de la ingeniería, la botánica, la mecánica o el urbanismo.

En el siglo XX sucedió el descubrimiento del arte infantil, la forma espontánea que aplican los niños al hacer sus primeros dibujos, y así se inauguró un objeto de investigación psicoeducativa. En 1951, la Unesco organizó un seminario de educación artística en Bristol donde se gestaron los primeros conceptos contemporáneos sobre ésta materia.

El violinista Yehudi Menuhin (1916-1999) desarrolló el proyecto MUS-E, iniciativa que consideraba al arte una herramienta al servicio de los pueblos, un promotor de la resolución de conflictos y una forma de fomentar la convivencia pacífica entre grupos culturales.

Menuhin, un estadounidense de origen ruso, estaba convencido de que las disciplinas artísticas debían formar, sin discusión, parte de la educación cotidiana y toda la población debía tener acceso a ellas.

Ya convertido en programa, a partir de 1994 MUS-E logró posicionarse con la implantación de su filosofía en 443 escuelas en 15 países europeos, haciendo partícipes a más de 45 mil niños y niñas del viejo continente.

En 1999, en la ruta por acentuar la importancia de las bellas obras en la formación elemental, Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco por sus siglas en inglés) difundió un documento denominado Llamamiento para la promoción de la educación artística y la creatividad. Este escrito dio origen a la multiplicación de la literatura referente al tema (investigaciones, reportes, artículos, etcétera) y a un exhorto dedicado a los miembros de la comunidad artística para que se hicieran cargo de esta materia más allá del ámbito escolar.

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Violinista Yehudi Menuhin durante el proyecto MUS-E.Foto: Fundación Yehudi Menuhin

¿PARA QUÉ SIRVE?

La doctora en Pedagogía, María Esther Aguirre Lora, ha dedicado su vida a investigar la educación artística en México; ha depositado saberes, reflexiones y conclusiones en libros como Repensar las artes: Cultura, Educación y Cruce de Itinerarios.

Su objeto de estudio, esboza, es un campo complejo que posee un lenguaje exclusivo y reglas propias. La educación artística, explica, ejerce su acción sobre los sentimientos, las emociones y la creatividad de los alumnos, elementos que no son ajenos a un desarrollo intelectual: “Hay una intención de comunicar y de expresar, de hacer sentir, de construir identidades colectivas y de desarrollar este poder creativo de cohesionar”.

El compositor mexicano Edgar Barroso, director del Laboratorio de Emprendimiento y Transformación del Tecnológico de Monterrey, define a la educación artística como un elemento vital para el desarrollo humano, ya que es la única especie sobre la Tierra que no se conforma sólo con sobrevivir: “Nunca hemos podido simplemente comer, dormir y morir, sino que tenemos este sentido de relevancia y trascendencia”.

Las artes, como la infancia, se expresan a través de inquietudes y diversos lenguajes. Durante el periodo de los cero a los seis años de edad el niño aprende sobre su mundo siguiendo instintos emocionales que traduce como acción efectiva. La educación artística hace las veces de auxiliar destacado en la evolución del sistema piscomotriz, el desarrollo lingüístico y la capacidad para tomar decisiones.

Según la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), la infancia representa un fértil nicho de aprendizaje. En esa etapa se posee una perspectiva del mundo ilógica ante el pensamiento adulto y la capacidad de incorporar elementos de su realidad externa y de su mundo interior conectando desde ideas hasta sensaciones, desde percepciones hasta emociones. El infante aprende a través de interacciones, movimientos, experiencias así como la manipulación de objetos y diversos materiales.

La argentina Nora Elichiry, especialista en Psicología Educacional, asegura que, a lo largo de la historia, las artes han ejercido un papel vital en el desarrollo de individuos críticos y en la ampliación de la percepción estética y expresiva de los alumnos de educación básica, activando el 'chip' de la sensibilidad.

Expertos coinciden en lo apropiado de que, desde temprana edad, se inculque en el infante el hábito de autoanalizarse y comprenderse a sí mismo mediante el estudio del arte. Si un niño logra explorar sus sentimientos, saber qué le gusta y qué no, su corteza cerebral, todavía con un desarrollo incompleto, puede forjar un ciudadano más expresivo y menos violento.

Los entrevistados coincidieron en que la presencia de la educación artística en los planes educativos de las naciones resulta imprescindible para el pleno desarrollo de sus sociedades.

El doctor Rodrigo Sigal, director del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS), destacó un beneficio aportado por las disciplinas artísticas al proceso formativo: enseñan a tener empatía, a ver un problema desde la perspectiva de otra persona y, sobre todo, a conectar con sentimientos y pensamientos en vez de quedarse solamente con lo dicho y lo escuchado.

Brindar una formación con fundamentos estéticos a niños y jóvenes ayuda a que se integren a la sociedad con una actitud propositiva y comprometida con un desarrollo pacífico.

“Debe haber una materia de educación artística (en el nivel básico), que los chicos tengan la posibilidad de expresarse a través de la música, las artes plásticas, el teatro o la danza, sin que sea hablando o escribiendo. Para mí es fundamental el aprendizaje de esos valores y de esa posibilidad de expresión”, comparte el también compositor.

/media/top5/SNcoverArteedu2.jpg Foto: Martin Prosperity Insitute
CREATIVIDAD Y TECNOLOGÍA

Durante décadas, el arte ha ocupado un lugar periférico en el diseño curricular de la educación occidental. El motivo está anclado en el pensamiento positivista, la percepción de que el único conocimiento válido es aquel que puede obtenerse mediante el método científico.

El arte, visto como mera forma de entretenimiento, pasó a segundo término frente a la ciencia, incluso se les convirtió en antagonistas irreconciliables.

Sin embargo, estudios como los realizados por Rosa Aurora Chávez enfatizan que uno y otra forman parte de una masa híbrida que tiene su fundamento en la creatividad humana.

La conclusión de la doctora del Instituto Nacional de Psiquiatría es compartida por Rodrigo Sigal, quien señala que el pensamiento científico es sumamente valioso para proyectos de educación artística: “La comprensión de las ciencias, desde el punto de vista de las artes, se ha posicionado desde hace mucho tiempo como un elemento fundamental para resolver problemas”.

Tanto el espectro de la labor científica como la gama del trabajo artístico están sujetos a ciertas reglas vinculadas a la naturaleza humana. Para Sigal, el momento creativo es la experiencia más extraordinaria que la ciencia y el arte comparten. La creatividad entraña un proceso natural que puede ser estimulado por diversos factores, entre ellos, los artísticos.

El Índice Global de Creatividad 2015 realizado por el Martin Prosperity Institute (MPI) ubicó a Australia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Islandia, Singapur y Holanda como el grupo líder al medir la facultad de crear.

El instituto australiano investigó variables como la tecnología (la inversión en investigación, desarrollo y patentes per cápita), el talento (el porcentaje de adultos que cuentan con educación superior y la fuerza laboral que tiene en la creatividad una de sus principales herramientas de trabajo) y la tolerancia (enfocado a valores como la no discriminación hacia las minorías).

Cinco naciones destacadas por el MPI también aparecieron entre los mejor evaluados dentro de un estudio difundido en 2016 por el Foro Económico Mundial (FEM) a propósito de los países con mayor desarrollo tecnológico digital: Singapur, Finlandia, Suecia, Noruega, Holanda, Suiza, Estados Unidos, Reino Unido, Luxemburgo y Japón.

Otro listado del FEM, el de los 10 países mas educados del orbe, se nutre con casi los mismos nombres: Singapur, Finlandia, Holanda, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Noruega, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.

Los análisis correspondientes al periodo 2014-2016 hechos por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible indican que las naciones más felices (con mejor calidad de vida) son Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza, Finlandia, Holanda, Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Suecia.

Una conclusión que se va de la mano es que educación, creatividad, desarrollo tecnológico, y felicidad van en un mismo paquete salvo que vivas en Estados Unidos o en el país más caro del mundo, Singapur. Es para destacar que en varias de las naciones que copan los primeros lugares de los listados mencionados la educación artística ocupa un papel clave en sus sistemas educativos.

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La compañía británica Dyson inauguró un nuevo centro tecnológico en Singapur con el fin de aumentar su capacidad de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías. Foto: Dyson

Finlandia, por ejemplo, cuenta con una añeja, pero sólida, tradición artística. Por ley, el estudiante tiene derecho a aprender a expresarse mediante el arte. Para los nórdicos no existe un desarrollo integral sin acercarse a las disciplinas creativas, desde el jardín de niños hasta la universidad. Le otorgan el carácter de un pilar inamovible que facilita el aprendizaje de materias 'más formales' como las matemáticas. También fomentan el trabajo en equipo y el desarrollo de una inteligencia social a través del aprendizaje vinculado a las bellas obras.

En otro destino europeo, Suiza, se impulsó una iniciativa popular que hizo de recibir formación musical de calidad un derecho constitucional. Los partidarios de la medida, aprobada mediante referéndum en 2012, pugnaron para que se considerase, al interior de los centros escolares de nivel básico, un aspecto tan importante como aprender matemáticas.

En la tierra de los relojes, la educación vinculada a las manifestaciones estéticas es impartida con un enfoque en el que convergen varias disciplinas y se relaciona con otras materias.

Los holandeses, dueños de un importante legado pictórico, hicieron de la educación artística un rubro obligatoria en los espacios formativos, pero cada centro posee la libertad para elegir tanto la disciplina como los materiales que habrá de trabajar.

En las listas presentadas hace unos párrafos, ningún país de América Latina aparece dentro de los primeros 20 puestos. En los países tercermundistas se está educando a los pobladores para ser maquiladores y no creativos.

Edgar Barroso considera que, en general, los países al sur de Estados Unidos deben reparar en los beneficios de elaborar nuevos programas educativos que fomenten la creatividad, el espíritu empresarial y que el aprendizaje sea un hábito de toda la vida.

Un reporte de la fundación británica Nesta, bajo el título de Creativity vs robots, advierte que el mundo está al borde de una revolución de inteligencia artificial; es cada vez más frecuente que los operarios de puestos no cualificados son reemplazados por máquinas. En el documento se expone que, en la actualidad, Reino Unido tiene capacidad para generar un millón de empleos con énfasis en la creatividad de los individuos, característica que permite hacer frente al embate tecnológico. Abrir tal cantidad de vacantes sólo es posible acentuando la importancia de las artes en el sistema educacional.

Los avances de la ciencia y el desarrollo tecnológico han aumentado en la sociedad moderna la necesidad de contar con mentes cuyo pensamiento creativo permita hacer frente a los problemas que emergen diariamente.

Para Nesta, las ocupaciones en el terreno de la inventiva reclaman ciudadanos más ingeniosos, resistentes ante el futuro representado por la inteligencia artificial. Los beneficios están a la vista, inciden en parámetros como calidad de vida, satisfacción, felicidad e integración social. Son factibles las mejoras en estos indicadores tras una correcta implementación de la educación artística.

Dentro de las dinámicas vinculadas al desarrollo digital una que es urgente fomentar es la interacción creativa con los equipos informáticos, es decir, enseñar a los niños a relacionarse con los dispositivos no sólo mediante el uso sino a través de la programación.

En 2014, la Comunidad de Madrid lanzó un proyecto que buscaba convertir la programación en una materia curricular obligatoria. La decisión se tomó a partir de los resultados de estudios como los realizados por la consultora Adecca. En resumen, se avizoró la creación de 700 mil empleos con enfoque tecnológico tan sólo en territorio ibérico.

Más allá de un prometedor destino en el mercado laboral, la programación permite al infante desarrollar un pensamiento computacional, es decir, una óptica íntimamente ligada a la estructura mental con capacidad para ordenar ideas gracias al empleo de algoritmos.

En países de la Unión Europea como Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Francia o España se recomienda oficialmente el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en todas las materias escolares, incluidas las artísticas.

En el apartado informático el papel que ejerce el arte también gana prestigio. En los últimos años se ha registrado un crecimiento significativo del denominado Net.Art o arte en red, una tendencia artística que involucra herramientas tecnológicas en la creación de obras con fines estéticos. El propio código de programación es considerado arte por algunos creadores como el diseñador Hernando Barragán.

Hoy día, artistas visuales suelen emplear software como Processing para diseñar animaciones que luego son exhibidas a gran escala como piezas en tercera dimensión, con ayuda de hardware como Arduino.

En la industria musical son conocidas las orquestas digitales que trabajan con soportes lógicos como Csound o Supercollider para crear canciones en tiempo real. Es decir, en lugar de usar los tradicionales instrumentos se utilizan computadoras portátiles como fuentes de sonido.

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Orquestas de laptops. Foto: Armstrong Liberado/Wordpress

En los casos anteriores, los creadores manejan y manipulan código de programación con base en sus conocimientos y alertas de belleza para generar obras nuevas. Si esta forma de hacer arte es aplicada en la educación para aumentar el indice de desarrollo tecnológico en los alumnos, los resultados sería, cuando menos, interesantes.

Cristian Bañuelos, maestro de tecnología musical en la UNAM, califica a esta idea como 'muy viable'. Los jóvenes, dice, tienen celulares inteligentes, tabletas y otros equipos con los que podrían comenzar a programar mediante el arte.

“Sería muy buena idea enseñar conceptos artísticos o musicales a partir de la programación. Por ejemplo, se podría usar un lenguaje como Supercollider para hacer una especie de secuenciadores algorítmicos donde se coloquen notas musicales, sin olvidar que la parte de la computación carece de la característica interpretativa. Debe cuidarse que el niño o la persona vaya sintiendo la música”, comenta el también programador.

Enseñar arte y programación como si se tratara de ente híbrido, es una forma de preparar a los infantes para que afronten problemas complejos o bien aprendan sobre gestión de conflictos.

PRESENCIA Y AUSENCIA

Respecto a la formación de índole artística a nivel nacional, el artículo 3 de la Constitución establece que los mexicanos poseen el derecho a una educación enfocada a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano; esta definición también abarca el aprendizaje de las manifestaciones estéticas.

El artículo 48 de la Ley General de Educación señala que cuando los planes y los programas de estudio se refieren a aspectos culturales, históricos, artísticos y literarios, la Secretaria de Cultura propone a la SEP los contenidos a desarrollar. La colaboración de esas instituciones acaba por diseñar las ‘prioridades’ en materia de educación artística.

México tiene, afirma Rodrigo Sigal. un sistema educativo antiguo donde materias como biología, matemáticas, artes, historia y educación física se trabajan de forma aislada, en lugar de ser abordadas como un híbrido. La separación de estas ramas supone para muchos, empezando por las autoridades, un paso dado en buena dirección. Sin embargo, el compositor capitalino afirma que no es así.

En la prueba PISA 2016, los estudiantes mexicanos obtuvieron los lugares 58 en ciencias, 55 en lectura, y 56 en matemáticas de un total de 72 países.

En el ámbito profesional los números tampoco son halagadores toda vez que, en 2017, México tan sólo alcanzó el lugar 54 en tecnología, el 94 en talento y el 56 en tolerancia. En este análisis del Martin Prosperity Institute reunió información de 139 naciones.

La investigadora María Esther Aguirre comenta que en territorio mexicano educar con materiales vinculados al arte dentro del nivel básico es complicado. Recuerda que si bien en suelo patrio existe una añoranza por volver a una educación integral, las cifras arrojadas recientemente por la SEP presentan un disminución proporcional de lecciones a propósito de las manifestaciones estéticas.

“A principios del siglo XXI, la educación artística ocupaba un cinco por ciento (que eran 40 horas) de las 800 horas de trabajo escolar en educación básica (…). Después de la Reforma Integral de la Educación Básica del 2010 aumentaron las horas de trabajo, pasaron de 800 a 1400 horas, pero proporcionalmente la educación artística disminuyó a un dos por ciento”, indicó la doctora en Pedagogía.

Además de la disminución porcentual, el tiempo destinado a artísticos estudios fue fragmentado entre los varios tipos de expresión como teatro, danza, música y artes visuales, con la consecuente desaparición de fronteras entre ellas. Cuando esto sucede hay una doble cuestión a considerar: por un lado se conjuntan lenguajes artísticos; por el otro, se diluye lo específico de cada campo de acción y surgen problemas: “Tenemos profesores que son formados en un área específica y que los derivan a otra sin una preparación; por ejemplo, músicos que los meten a bailar”, explica.

Para fortalecer la enseñanza estética entre los educandos a nivel nacional se requeriría, apunta la doctora, un grupo especializado en cada una de las disciplinas que provea conocimientos sin negar la relación entre ellas. Esto necesitaría muchos recursos que, por lo general, los centros escolares no pueden ofrecer. De ahí que los padres busquen en instituciones privadas.

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El gobierno de Saltillo activó un programa, Almas con Rostro, que buscó involucrar a jóvenes de diversos barrios. Foto: Heraldo de Saltillo

Los obstáculos que enfrenta la enseñanza con fines estéticos, percibe la doctora Aguirre, provienen desde la implementación de la prueba PISA, diseñada para las materias de español, ciencias naturales y matemáticas. El examen favorece una concepción no integral de lo educativo, una perspectiva unidimensional que otorga gran poder a agencias de evaluación internacionales; ellas marcan las políticas, las prioridades educativas y la primacía de algunos aprendizajes.

“Aquí el problema para la educación artística es que nuevamente vuelve a derivarse exclusivamente a un espacio de recreación y se olvida toda la parte formativa. El arte queda entre los haberes ‘inútiles’ y se desplaza a un lugar accesorio, de entretenimiento y se desconoce cuál es su potencial formativo”, sentencia.

La doctora percibe a un país mexicano enmarcado dentro de un pensamiento neoconservador, empresarial y economista que sólo quiere preparar ciudadanos para el mercado y excluye lo que, desde su punto de vista, no es útil. Lo ideal, comparte Aguirre, sería implementar una educación con la cual se aprendiera creando y no enfocada solamente a pasar exámenes.

“De esto deriva la legislación que recorta presupuestos, horas curriculares y no le da mayor importancia a lo que sería la educación artística sobre los hechos. No es exclusivo de México, este fenómeno lo encontramos en España, en Italia y a lo largo de América Latina”, resalta.

Reducir la materia de las cosas bellas a utilizar la flauta dulce o hacer manualidades desde hace tiempo se ha erigido en un sistema obsoleto y carente de resultados debido a sus rasgos impositivos. No existe, señala la investigadora, una preocupación por los deseos de expresión de los niños o por saber que arista artística les puede ser útil en su contexto social.

Ante ese panorama, organizaciones civiles y docentes de arte han decidido dejar las aulas para actuar directamente en barrios y colonias donde la violencia es el pan de cada día, en zonas marginadas donde el acceso a la cultura es escasa o nula.

En la Ciudad de México, grupos no gubernamentales como ConArte o Circo Volador llevan años trabajando directamente con jóvenes de primaria y secundaria (o incluso que no están matriculados en ningún plantel) en los barrios de la capital del país. La oferta de dichos organismos suele abordar prácticamente todas las disciplinas.

En el norte de México son varios los casos de esfuerzos civiles por implementar acciones como talleres de arte para niños y adolescentes en urbes golpeadas por el narcotráfico.

La socióloga Tania Díaz expone que el arte es una herramienta sumamente útil para reconstruir el tejido social en territorios cimbrados a causa de la violencia. Un requisito de toda intervención exitosa es tener en cuenta las necesidades de los jóvenes para no abocarse, por ejemplo, a las artes tradicionales cuando lo que puede funcionar es acercarlos a expresiones como el rap o el grafiti.

“El arte y la cultura te permiten participar en tu comunidad de una u otra manera. Participando expresas lo que ves o lo que vives, y al expresarlo a la comunidad tú te conectas, la comunidad se conecta contigo y es la manera en que se reconstruye el tejido social. El arte constituye una alternativa para quienes han conocido un entorno de violencia”, recalca.

Hay iniciativas con una concepción más tecnológica que abogan por una preparación de los niños cercana al mundo digital y enfocada a hacer conciencia sobre sus usos productivos vinculados al arte. Tal es el caso de Acercamientos Sonoros, un programa impulsado en Morelia por el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS) que hace del oído su eje central.

“Buscamos ayudar a jóvenes y niños (que no se van a dedicar o no se dedican profesionalmente a la música) a entender que la tecnología y el sonido pueden ser un medio de expresión (...). No para que te conviertas en músico sino para saber que a través del sonido te puedes expresar, que a través de las herramientas tecnológicas en nuestras manos, como los celulares, no nada más tenemos que consumir Youtube, podemos crear y compartir lo que hacemos con el mundo”, menciona Sigal.

La doctora Aguirre invita a retomar el pensamiento vasconcelista de hacer del arte un pilar de la educación. Un giro estético en el sistema formativo promovería, afirma, una mejor comprensión del presente y un mayor compromiso ciudadano.

Edgar Barroso opina que México posee un elevado potencial artístico y que hoy más que nunca debe de trabajarse en los terrenos artístico y pedagógico. Es indispensable, comenta, dejar de pensar tanto en límites y separaciones entre ciencias, artes y tecnologías y dar más cabida a observarlas como un mismo ente con diferentes fines.

Rodrigo Sigal aporta que una enseñanza multidisciplinaria ayuda a desarrollar un pensamiento multidireccional, es decir, a observar un mismo problema desde varios puntos de vista, de manera que se facilita identificar áreas de oportunidad para aportar y ayudar a sacar al país de los problemas que enfrenta.

El arte, y en esto coincidieron los expertos consultados, no sólo contribuye a la revolución tecnológica que marca el ritmo del mundo, también tiene la capacidad de actuar como factor de cambio social contra la violencia epidémica, mal en el que México se destaca tanto como para figurar entre las 20 naciones más afectadas según el Índice Global de Paz 2017.

Twitter: @BeatsoulRdz

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Foto: Secretaría de Educación Pública

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Foto: Archivo Siglo Nuevo

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