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El Siglo de Torreón Domingo 10 de sep 2017, 10:10pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

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De las expectativas

De las expectativas de los padres hacia los hijos, tema largo de conversación. Seguramente todos (as), al convertirnos en padres/madres, proyectamos y volcamos todo el amor, atención y cuidados a los hijos, invertimos: tiempo, dinero y esfuerzo, de muchos años, se dejan muchos asuntos de lado y se antepone a los hijos, ante cualquier acontecimiento, eso en la mayoría de los casos de los padres que conozco aunque hay sus excepciones.

Son pequeños y les podemos vestir como queramos, decidir a donde llevarlos de paseo, a qué escuela meterlos a estudiar, cuál deporte practiquen, qué programas de tv podrá ver, etc., toda la vida de ellos en nuestras manos, y cuánta certeza nos puede dar, tenemos “el control”, en su totalidad, basta levantar el tono de voz un poco para que se dé por enterado que se le está llamando la atención.

Pero cuando pasan la infancia, y llegan a la adolescencia, a la juventud, dos etapas donde se empieza a poner de manifiesto la personalidad y el carácter ya constituidos, la toma de decisiones, su opinión, su ideología, su yo... entramos en apuros, entre lo que ellos quieren ser y hacer y lo que los padres creemos que deben ser y hacer, difícil disyuntiva para quien ya la vivió o la vive, sabe de qué estoy hablando, en un contexto de tantas competencias, la necesidad de los padres al final de cuentas es que su hijo sea un gran empresario triunfador, y aunque en el discurso podamos decir que “no me importa si eres un paletero, pero que seas feliz”, en lo profundo deseamos que nuestros retoños sean tema de conversación en las reuniones que cuando nos pregunten los amigos y vecinos: ¿cómo está tu hijo, qué hace?, podamos contestar en voz alta, fíjate que se fue a Francia a trabajar, lo llamaron de la empresa, o qué crees que está en Canadá se fue a aprender inglés un año, etc... pero que tal si nuestro hijo no fuese un “triunfador socialmente aceptable”, podrás contestar con la misma intensidad, fíjate que está deprimido, no se quiere bañar, y le tengo que cortar las uñas, o está confundido y está bebiendo mucho o ya van de 3 escuelas que se sale o lo corren, tenemos una generación de jóvenes y adolescentes así que también hay que atender, que aunque “social y culturalmente no tiene la misma cabida que el otro grupo”, tienen mayores necesidad afectivas y de acompañamiento, no están así por flojera, la etiqueta que llevan sobre sí les pesa y mucho, las oportunidades se limitan para ellos, por su condición de vulnerabilidad, por que no estamos preparados para atender la sensibilidad humana, hay que voltear a ver a estos chavos y proponer soluciones, los otros se van solos, pero sobre todo dejar de sabotear la experiencia de vida¡¡ las estadísticas no mienten, y el incremento de jóvenes en condiciones vulnerables emocionalmente aumenta día a día.

El mundo puede resultar amenazante y avasallador, debemos buscar estrategias de acompañamiento y ayuda, la adolescencia no termina a los 15 años, la madurez aún no se asoma a esta edad, sino cercanos a los 24, nuestros jóvenes de la época de la tecnología necesitan a los adultos que ayuden a contener y encontrar caminos.

Ana Lidia de Haro Botello

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