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SAÚL RODRÍGUEZ Sábado 9 de sep 2017, 12:48pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Cine mexicano: del coma a la resurrección

Foto: Diseño digital Aida Moya

Una industria que lucha contra las reglas de su país

En un lugar donde muchas propuestas cinematográficas no consiguen llegar a las salas de proyección, la existencia de múltiples festivales ha ayudado a la difusión de la producción nacional. La etiqueta que ostentan varias de estas citas ha permitido que se conviertan en foros de discusión y de intercambio de ideas audiovisuales con cineastas de otras latitudes. El Festival Internacional de Cine de Guanajuato o GIFF, es un ejemplo de lo anterior.

En la pantalla grande se exhiben infinidad de versiones de la vida, gracias a los filmes se producen tanto sensaciones como vínculos, son retratos tanto del quehacer diario como de imaginación desbordante.

La producción cinematográfica en México, a seis décadas de distancia temporal con respecto a su Época de Oro, se alzó sobre los remanentes que dejó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Es del dominio público que en el país no existe una industria que pueda exportar grandes cantidades de películas como lo hace Hollywood; sin embargo, abunda gente comprometida con este arte que lucha día con día por trasladar su guión al proyector.

Al alcance de esos luchadores hay un universo de festivales que año tras año se encargan de recordarle al público la importancia que tiene esta plataforma dentro de la sociedad. Citas destacadas son el festivales internacionales de cine de Morelia, de Guadalajara y de Guanajuato.

Este último, cuya vigésima edición se realizó en julio pasado en dos ciudades con atractiva oferta cultural, ha sido el faro de referencia para muchos directores, actores, productores e incluso estudiantes que llegan a Guanajuato con sus proyectos bajo el brazo. La leyenda, una en proceso, cuenta que en esa tierra independentista la vida no vale nada, pero el cine lo vale todo.

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Le voyage dans la Lune. Foto: Archivo Siglo Nuevo

ANTECEDENTES

El acto de filmar bien puede ser el benjamín de la expresión artística, la más reciente forma de estructurar una actividad espiritual que despierte sensaciones y suspenda el pensamiento.

Es un medio completo, respetuoso de las reglas de la estética musical y de la imagen. Al mismo tiempo es una plataforma revolucionaria que anda en busca de nuevas estructuras para redondear su lenguaje y reforzar su lugar en la modernidad.

El séptimo arte nació en tres ciudades, una de ellas se ubica en Estados Unidos y las otras dos en Francia.

En Nueva Jersey, Thomas Alva Edison (1847-1931) se percató de que si colocaba un rollo de película (fabricado por George Eastman) en el hueco de una caja y hacía girar las imágenes grabadas en ella, se creaba una ilusión de movimiento.

En Lyon, los Hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo. Los franceses se percataron que el mecanismo de una máquina de coser bastaba para avanzar, detener y exponer una cinta de película. Fueron los primeros en darle importancia al uso de la luz durante una proyección y, como querían compartir su descubrimiento, el 28 de diciembre realizaron la primera proyección pública registrada en la historia.

Más adelante, en París, el ilusionista George Mélliès se encontró con los primeros cimientos del montaje cinematográfico. Se dice que Mélliès grababa en una calle cuando de repente su cámara se atascó. Al reanudar la filmación descubrió que un tranvía parecía desaparecer. Entusiasmado, se puso a jugar con esta técnica, hacía aparecer y desaparecer elementos del cuadro. La cinta Le Voyage Dans La Lune se convirtió en su obra cumbre, en ella introdujo los primeros efectos especiales.

Según el crítico húngaro Béla Balázs, un cineasta no nos permite observar en una escena aquello que queremos, en lugar de eso nos obliga a pasar de un detalle a otro siguiendo el orden de su montaje.

Marcel Martín, en su libro La estética de la expresión cinematográfica, incluye una serie de frases que críticos y creadores han inmortalizado y que definen al cine como “algo que no puede ser contado (René Clair)”, “la música de la luz (Abel Gance)”, o bien como un arte que “nos da, no imágenes, sino ideas (Jean Gremillon)”, o que “es algo que desmaterializa el mundo (Henri Agel)”.

A partir de estas citas es posible construir varios conceptos sobre lo que significa este método audiovisual de contar historias. Por un lado, se puede argumentar que el cuadro móvil retrata objetivamente la realidad, y por el otro, se le puede llamar o irreal o surrealista, ya que es capaz de manipular la realidad mediante el montaje y de crear significados en su público. En el caso mexicano, sin embargo, el contexto se ha encargado, primero, de hundir la nave cargada de proyectos y luego, de estimular sus intentos por salir a flote.

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De izquierda a derecha, el director australiano Peter Weir; el director de la película Maquinaria Panamericana, Joaquín del Paso y diseñadora de arte Brigitte Broch. Foto: Notimex/Javier Lira / El Universal/JMA

UNA RESPUESTA CORTA

El Festival Internacional de Cine de Guanajuato, también conocido como GIFF por sus siglas en inglés, nació en 1998 y su razón de ser era el cortometraje; su primer nombre fue Expresión en Corto. El Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) tiene asentado que ese año sólo se produjeron nueve filmes en suelo patrio a causa de la crisis económica, la cifra más baja desde 1932. La falta de recursos derivó en que muchos creadores se enfocaron al formato de breve duración, lo que sus limitados presupuestos podían costear. El problema de trabajar de ese modo es que no existía un escaparate para exhibir las obras una vez terminadas.

Había pues, necesidad de un foro para esas piezas de extensión reducida y así nació el GIFF, cuenta su directora, Sara Hoch. Otro objetivo fue el de consolidar en provincia un destino donde el séptimo arte sea valorado. En aquella primera edición de Expresión en Corto se recibieron 38 producciones de manufactura tanto local como foránea.

“Tuvimos la necesidad de crear espacios para ver películas, eran tiempos de huelga, las salas de cine estaban cerradas y había muchos jóvenes trabajando en cortometrajes; sin embargo, no había salida para los mismos. (...), por esta razón decidimos empezar una muestra de cortos”, indica.

Hoch es originaria de Kansas, Estados Unidos. Desde hace más de dos décadas radica en San Miguel de Allende. Su vida ha estado ligada a la pantalla grande (a la cual define como 'la ventana del alma') mediante su trabajo como promotora y gestora cultural.

La primera edición de Expresión en Corto tuvo éxito, en términos tanto de audiencias como de alianzas. Una de éstas últimas se hizo con el reality show Road Rules de MTV, un programa donde jóvenes norteamericanos viajaban en una furgoneta por varias partes del mundo, se les proporcionaban pistas y ellos completaban misiones. En el tercer episodio, Cinema Spaghettios, de la séptima temporada, denominada Latin America, el festival Expresión en Corto apareció en la televisión estadounidense.

“Los del programa grabaron un western en Durango y cuando llegaron a San Miguel de Allende lo presentaron. Ese fue nuestro primer año, cubierto por el programa Road Rules, que en su momento fue el más visto de MTV. Entonces, el festival tuvo mucho éxito porque todo mundo se enteró de que ellos iban a estar ahí, y de ahí en adelante creció y creció”, recuerda Hoch.

La organización se planteó la meta de establecer un espacio incluyente para filmar en una época difícil (de ahí su eslogan “¡Más cine, por favor!”) y fungir como 'rescatistas' de la producción nacional. Expresión en Corto aumentó sus alcances gracias a que llegaron más materiales y el público se mantuvo atento.

La directora del GIFF percibe a las piezas cuya duración no rebasa los 30 minutos como un trampolín para los cineastas emergentes, son una escala provechosa antes de incursionar en empresas más complejas.

“Creo que el cortometraje es un camino importante. Estudiar y ver mucho cine es importante. Creo que logar un corto es un excelente paso, porque como formato en sí es una película y es un gran reto. Creo que si tu tirada es hacer largometraje, pasar por el corto es un buen camino”, puntualiza.

FRONTERAS

Para la décima edición, el festival abrió sus salas a los largometrajes y se convirtió en el International Guanajuato Film Fest (GIFF). Se decidió emplear el nombre en inglés debido que las siglas FICG ya eran utilizadas por la cita que se desarrolla en Guadalajara.

El GIFF se lleva a cabo cada verano en San Miguel de Allende y Guanajuato capital. Ha mantenido su postura plural y su intención de ofrecer a los asistentes un programa sin costo.

Año con año, sedes emblemáticas de la historia patria como la Alhóndiga de Granaditas o el imponente Teatro Juárez, se engalanan y reciben a figuras como el cineasta australiano Peter Weir o la directora de arte polaca Brigitte Broch.

“Llegamos a las grandes ligas a nivel internacional en cuanto a cine porque seguimos haciendo las mismas actividades, pero ya en un festival con todos los formatos y todos los géneros”, subraya Hoch.

La cooperación y coordinación con otros países para el desarrollo del talento es otro de los logros del GIFF. Se tiene, por ejemplo, un programa de residencias en Alemania. Cineastas mexicanos van y creadores alemanes vienen con el fin de echar a andar algún rodaje.

A principios de 2017, el GIFF anunció que Joaquín del Paso y Jan Zabeil fueron seleccionados como becarios para la Residencia Artística Guanajuato-Berlín 24/7, la cual surge a raíz de la colaboración entre el Medianboard Berlin Brandenburg y el Goethe-Institut México.

Del Paso, cuya película Máquina Panamericana ganó el premio de mejor largometraje ficción en el GIFF 2016, concluirá en el viejo continente el guión de su próxima obra. El alemán Jan Zabeil estará en San Miguel de Allende para dar los últimos toques a su Zurück In Den Westen (Back to the West).

También este año, otros dos connacionales, Rosa Galguera y Joshua Gil, viajaron al Festival Internacional de Cine de Rotterdam en Holanda para participar, y recibir asesoría, en el taller Rotterdam Lab.

Además, el festival tiene país invitado. Algunas naciones que han atendido el llamado de los organizadores son Polonia, Corea del Sur, Japón, Colombia y Turquía.

En la pasada edición, el invitado de honor fue Canadá y el GIFF suscribió acuerdos de colaboración con 15 instituciones canadienses como el Festival du Cinema de la Ville de Quebec, el Toronto International Film Festival, el Inside Out LGBT Festival, Telefilm Canada o la Vancouver Film School.

En los últimos 10 años se han realizado 20 coproducciones México-Canadá, entre cortos, largometrajes y documentales.

Según Sara Hoch, la presencia de este invitado fue crucial no sólo por la colaboración constante que se tiene, el incentivo extra era la búsqueda de estrechar y fortalecer lazos de cara a la renegociación al TLCAN exigida por Estados Unidos.

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Foro bilateral de colaboración e intercambio cinematográfico entre México y Canadá. Foto: Notimex/ Javier Lira

PROBLEMAS

Hace más de una década voces como la del comunicólogo Vicente Castellanos, en su artículo Tendencias en el Cine Contemporáneo, señalaron que los problemas de la industria fílmica en los últimos tiempos eran consecuencias de los manejos políticos que se han suscitado en materia de cultura.

En el texto publicado en junio de 2006 por la Revista Digital Universitaria de la UNAM, Castellanos refirió que el cine nacional tuvo que padecer hechos bochornosos como en 2003 con el interés de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por desaparecer el Imcine, el Centro de Capacitación Cinematográfica y los Estudios Churubusco. Ese mismo año, el Congreso de la Unión aprobó un impuesto a las taquillas que aumentaba un peso al precio de la entrada. El dinero recaudado iba a ser destinado a un fideicomiso creado para financiar al menos 35 películas. Las productoras estadounidenses, apoyadas por los empresarios de salas mexicanos, se ampararon y frenaron este gravamen. Luego, la Suprema Corte de Justicia lo declaró 'inconsitucional'.

El origen de la crisis, coinciden varios estudiosos del tema, tuvo lugar en 1992 con la firma del convenio comercial entre los países norteamericanos.

La doctora en Comunicación Social por la Universidad de La Habana, Lucila Hinojosa, lleva varios años trabajando el tema de la relación entre cintas filmadas en México y el TLCAN. El pasado 27 de julio, como parte de las actividades del GIFF, la también investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León ofreció una plática. En la entrevista que concedió a este medio compartió que un tema prioritario es cambiar la Ley Federal de Cinematografía: “Realmente, no es el TLCAN en sí mismo lo que ha afectado al cine mexicano. Las políticas económicas neoliberales, las desregulaciones y el cambio de la legislación es lo que creo que ha afectado más negativamente”. Como ejemplo mencionó que mientras en el acuerdo comercial se establece que el 30 por ciento de las pantallas se pueden destinar a las producciones mexicanas, en la ley nada más se reserva el 10 por ciento.

La catedrática recordó que el documento pasó desapercibido cuando fue aprobado (15 días después de la firma del TLC) y que entró en vigor antes que el tratado entre los socios norteamericanos (1994).

Por ley, “a partir de 1993, el porcentaje de pantallas destinadas al cine mexicano (que podía ser hasta del 50 por ciento), iba a ir disminuyendo hasta que en 1997 quedara en un 10 por ciento. Entonces, ¿quién iba a querer invertir en una película mexicana cuando se iba a exhibir sólo en 10 de cada 100 pantallas? Eso hizo que cayera en crisis nuestro cine”, expone la integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

Desde 1994, la asistencia a las salas disminuyó de forma estrepitosa y con esto muchas empresas del ramo fueron desapareciendo. Para 1997 prácticamente no había lugar dónde ver las propuestas surgidas en algún punto del país. Fue en ese contexto que surgieron proyectos como Expresión en Corto (ahora GIFF), lo que representó una transfusión de vida para la moribunda industria.

“Creo que los festivales en México hacen una buena labor con la difusión de películas nacionales de calidad que han sino premiadas en festivales y que no vamos a ver en cartelera sino mucho después y en unos cuantos espacios. Son una excelente ventana para nuestro cine, porque ellos no se rigen por lo del 10 por ciento, ellos se rigen básicamente por exhibir calidad”, resalta Hinojosa.

La nula defensa de los aspectos culturales dentro del TLC por parte de la clase política de principios de los noventa, sumada a la declaración de que la cultura no era un asunto relevante para México hecha por Jaime Serra Puche, entonces Secretario de Comercio y Fomento Industrial, abrió las puertas a una invasión de largometrajes norteamericanos y a una inversión considerable de parte de compañías que controlan la proyección. La norma federal ha sufrido diversas reformas, mas en lo que respecta a la exhibición de cintas producidas localmente en salas comerciales, se siguen reservando sólo 10 de cada 100 lugares.

De ahí la importancia de foros como el GIFF, más cuando promueven el desarrollo de una relación amena y productiva con las empresas, en particular con una que maneja la cartelera, a nivel nacional.

“Motion Picture Associaton controla la proyección en México, pero por supuesto tiene socios mexicanos que han hecho una labor importante al abrir cuatro mil pantallas en el país cuando antes no había. Tiene su lado positivo, México es el segundo mercado más grande de Estados Unidos; sin embargo, este país dejó nuestro cine fuera de las pantallas. No hemos podido competir con esa máquina tan grande que es Hollywood”, reflexiona Sara Hoch.

Con representantes de los tres países sentados a renegociar el TLC, y con una industria local en ebullición (en 2015 se produjeron 140 películas), expertos y críticos como Jorge Ayala Blanco consideran que lo mejor que le puede pasar a la producción local es que el tratado se revise a profundidad o incluso que se anule. Otro punto importante a verificar es la mudanza de los largometrajes de las pantallas grandes a los terrenos informáticos.

“Ahorita lo que tenemos que pelear son los formatos digitales, los formatos de las nuevas tecnologías, y entender que nuestro cine ya no forma parte del mismo sistema que una vez tuvo. Hoy en día todo pasa por la banda ancha de Internet, lo que es competencia de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes”, resaltó la directora del GIFF, y advirtió que todavía hay forma de que México se proteja ante Estados Unidos porque estos sistemas son el futuro económico del país.

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Directora del Festival Internacional de Cine de Guanajuato da banderazo al Rally Universitario, edición 2017. Foto: El Universal/Irvin Olivares

SIN FONDOS

Además de los obstáculos derivados de la ley cinematográfica y el TLCAN, los festivales han tenido que superar cuestiones como la reducción al presupuesto federal en el renglón cultural. Por ejemplo, en 2015 se asignaron al GIFF 10 millones de pesos del Presupuesto de Egresos de la Federación; para 2016 el monto se redujo en un 40 por ciento (6 millones de pesos), cifra que se mantuvo este año. Sara Hoch comentó que a pesar de ese 'duro recorte', el GIFF logró tenerse en pie.

Su primer pensamiento fue a favor de cancelar la cita: “Estábamos a ras cuando nos quitaron el presupuesto”. Redujeron actividades e invitados, luego se dedicaron a ir “esquivando los golpes, liberando el camino y saliendo adelante”.

El Imcine define al festival guanajuatense como una organización importante para los cineastas jóvenes de América Latina y también considera que su existencia causó un aumento sin precedentes en la producción de cortometrajes, lo que ayudó a revitalizar la producción nacional.

Además de las actividades de producción y exhibición de cintas, el festival tiene un concurso de guión y reconocimientos para personajes con amplia trayectoria e influencia dentro del séptimo arte mexicano (en la vigésima edición fue homenajeada la actriz Isela Vega).

En dos décadas de existencia el festival ha fungido como un escaparate para quienes vienen haciéndose de un nombre y ha servido de fogueo a universitarios interesados en gritar ¡Acción!

RETO UNIVERSITARIO

El vínculo con instituciones de estudios superiores es un terreno que la organización cultiva a conciencia.

Cuando el festival empezó, representantes del GIFF visitaron universidades en todo el país. Tras 10 años de brega dieron por hecho que en todos los centros educativos de ese nivel los conocen. Para salir de dudas aplicaron una encuesta y hallaron que ya se habían graduado los alumnos con los que hicieron contacto y la imagen del festival se había difuminado en la comunidad estudiantil.

“Nos preguntamos cómo podíamos volver a acercarnos a todas las universidades, a todos los jóvenes del país, y decidimos abrir el rally”, indicó Hoch.

Se realiza una selección de guiones y los equipos participan de un proceso de formación consistente en talleres impartidos por expertos en cine en diversas partes del país. El Rally Universitario implica realizar un cortometraje en 48 horas en locaciones de Guanajuato capital. Tras concluir la producción, los cortometrajes son expuestos al público en la Alhóndiga de Granaditas. Concluido el festival, los cortos se integran a una gira que recorre salas en todo el país.

David Granados, director del rally, aseveró que el proyecto ha evolucionado debido a que la calidad de los concursantes se incrementa año con año. “Ver el crecimiento profesional de una a otra generación es lo más satisfactorio para el staff”, declaró.

“Nos interesa descentralizar las oportunidades para los nuevos talentos. El GIFF siempre se ha caracterizado por apoyar a los jóvenes, (...) tratar de llevar oportunidades, talleres, asesorías, a gente de estados donde quizá esto no llega con facilidad”, indicó el también productor.

En la reciente edición del rally, el Premio a Mejor Fotografía y el Premio del Público fueron para el corto Lucas el grande, de César Alfaro, representante de Coahuila, estudiante de comunicación de la universidad estatal.

Alfaro, de 22 años, ya tenía experiencia en el festival, había participado como editor. Su pieza aborda la historia de un monstruo 'godínez' con deseos de participar en un programa de televisión para demostrar su talento.

El universitario comparte que la idea de su guión surgió cuando comenzó a trabajar en una empresa y experimentó su primer empleo como oficinista.

“Me daba mucha risa porque empecé a notar cómo la gente se toma muy a pecho lo que hace en un trabajo de horario corrido. (...), cuando llega la convocatoria para el rally yo ya tenía la historia de Lucas, quería contar el día a día de una persona que siente que no está haciendo nada con su vida”, comenta.

Alfaro decidió materializar su visión a través de un monstruo para utilizar a alguien que no fuera humano, mas entendiera sus reglas de vida.

El equipo de producción tuvo 10 integrantes. En el corto participaron el conductor Kristoff Rackzinski y el actor Ramón Medina.

“Llegué preparado mental y psicológicamente para dirigir en 48 horas, con el crew, con cuatro actores y más de 20 extras que íbamos a tener, con la presión de encontrar lo que faltaba. (...), sabía que si no servía un plan A nos iba a funcionar un plan B, y si este tampoco funcionaba teníamos que tener un C. Creo que, en 48 horas de rodaje, tuvimos un entendimiento a la máxima potencia”, comenta Alfaro.

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Ganadores edición 2017. Foto: Jesús Herrera/GIFF

Estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit han ganado el Premio del Jurado tres veces consecutivas: La Ribera en 2015, ¿Cómo fue tu día hoy? en 2016 y Los Retratos de Simone en 2017. Éste último fue dirigido por Arturo Aranda, de 23 años de edad. Conoció el GIFF cuando estuvo en Guanajuato como alumno de intercambio.

Los retratos de Simone nos presenta a una chica que tiene la habilidad de predecir quién es el gran amor de cada persona que acude a ella. En el reparto figuran Tatiana del Real, Joana Palomino, Juan Carlos Huguenin y Chistian Chávez. En la parte musical, contó con la colaboración de Rodrigo Guardiola, de la banda Zoé.

Aranda destacó la conexión que se dio entre el público y el personaje principal. El premio le supo mejor toda vez que la universidad nayarita vive una situación de crisis económica y tanto él como su equipo tuvieron que costearse los viajes.

“Para mí ha sido una experiencia inigualable. (...) Me gustaría que si alguien tiene el interés de participar lo haga, pero que lo haga por querer hacer algo, no por querer sobresalir (...)El hecho de que al final de la proyección se me acercara la gente y me dijera ‘oye, me encantó la historia’ u ‘oye, yo también tenía al amor de mi vida y lo perdí’, con eso yo ya estaba bien servido”, finaliza.

Más producciones premiadas este año fueron: Otro Muerto (UNAM) por Mejor Guión y Vanessa (Universidad Lamar de Guadalajara) por Mejor Banda Sonora.

PULSO

La próxima edición del festival ya está en proceso de construcción y registra un avance del 50 por ciento a decir de sus organizadores. Según la directora Hoch, el trabajo de preproducción de cada cita se toma dos años. Sara Hoch hizo un llamado a reparar en la importancia de que este tipo de foros reciban apoyo. También dijo esperar la presencia de más jóvenes en Guanajuato para los últimos días de julio de 2018.

En un mapa de las 32 entidades federativas se pueden ubicar cerca de 120 festivales, un indicador de que la cinematografía en el país surrealista por excelencia hace tiempo abandonó su pesadilla profunda, una que la puso al borde de la inexistencia mediante una ley que desalentaba la inversión y la apertura desmedida a las propuestas surgidas al otro lado del río Bravo. De acuerdo con estadísticas del Imcine en 2015 acudieron a salas comerciales, a ver películas mexicanas, 17.5 millones de espectadores.

Las 140 películas producidas en 2015 constituyeron la cifra más alta en la historia del cine nacional. Ese año, las salas comerciales motivaron una derrama económica de 13 mil 334 millones de pesos. Nada mal para una industria que hace un par de décadas apenas tenía pulso.

Twitter: @BeatsoulRdz

Cine mexicano: del coma a la resurrección

Foto: Diseño digital Aida Moya

Cine mexicano: del coma a la resurrección

Alfombra Niños en acción. Foto: Cortesía GIFF

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Realización del corto Lucas el grande. Foto: Staff Lucas el grande

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Conferencia SAE diseño sonoro para cine. Foto: María Alcantara/GIFF

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Espectador que disfruta del cortometraje de realidad virtual La

piedra de Juan Carlos Rulfo. Foto: Notimex/ Javier Lira Otero.


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