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REDACCIÓN S. N. Sábado 19 de ago 2017, 5:18pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Histeria donjuanesca

Foto: Archivo Siglo Nuevo

La puerta que Freud abrió

Se manifiesta con fuerza en las relaciones personales y sexuales del varón. Dos señales de que se padece está afección nerviosa son conducirse de manera frívola y mostrar poco compromiso hacia la pareja.

Por mucho tiempo, la histeria fue ubicada del lado femenino del espectro humano. En la antigüedad, se pensaba que provenía del útero y era asociada a la represión sexual de las mujeres, de hecho, el nombre del trastorno proviene de la voz griega hystera, que significaba matriz. Hasta mediados del siglo XIX así se le denominaba a un conjunto de síntomas padecidos por mujeres. El repertorio incluía desvanecimientos, insomnio, irritabilidad, espasmos, inapetencia, y demás. La curación consistía en un masaje pélvico (estimulación manual de los genitales femeninos) administrado por el médico. El tratamiento concluía una vez que la paciente alcanzaba el orgasmo.

A finales de esa centuria ya se habían elaborado otro tipo de métodos para tratar esa afección, uno de los males nerviosos más comunes, que acarrea cuadros intensos de ansiedad con la posibilidad de escalar hacia cuestiones como convulsiones y parálisis.

Jean-Martin Charcot, neurólogo francés, ubicó el origen del histérico padecimiento en ideas surgidas a raíz de traumas; entre los productos mentales era posible hallar huellas emocionales de índole sexual.

El padre del psicoanálisis, el médico austriaco Sigmund Freud, retomó los trabajos de Charcot y concluyó que las causas estaban en recuerdos que los pacientes o bien no podían o no querían sacar a flote.

También replanteó el problema e incorporó al lado masculino del espectro humano en la esfera de influencia de la enfermedad. Eso se ha mantenido hasta la actualidad.

ATAQUES

Uno de cada 100 pobladores del planeta padece ataques de histeria. Los aquejados por este trastorno tienen la necesidad de llamar constantemente la atención, exhiben lo que se denomina una personalidad histriónica. Son individuos influenciables, se preocupan en exceso de su apariencia, exageran emociones y dramas, muestran una alta sensibilidad a las críticas, culpan a otros de sus fracasos e invierten mucho tiempo en la búsqueda de aprobación.

La histeria se manifiesta con fuerza en las relaciones personales y sexuales del varón. Dos señales de que se padece está afección nerviosa son conducirse de manera frívola y mostrar poco compromiso hacia la pareja, lo que causa inestabilidad, cuando no una franca decepción.

Los varones histéricos tienen una habilidad destacada para la seducción, una calidad donjuanesca, y no sólo a la hora de buscar compañera, también la ponen a funcionar cuando se trata de ganarse la aprobación y la confianza de las personas.

En cuanto logran su objetivo, pierden interés y se alejan de la situación. Su forma de ser incluye no hacerse cargo de los efectos emocionales de sus actos. Eso no los exime de sentir un vacío y una constante insatisfacción a propósito del amor y la comprensión.

La histeria también tiene efectos en la intimidad y común que se presenten conflictos. La baraja de detalles incluye desde torpeza en el juego previo hasta sacar a relucir disfunciones y/o flaquezas sexuales.

Tomar una actitud pasiva, por ejemplo, es un clásico de un hombre histérico. Tienden a preocuparse más por el rendimiento sexual que por el goce de ambos. No acostumbran atender solicitudes ni propuestas, centrados como están en ellos mismos.

/media/top5/SNsexdonjuan.jpg Foto: Archivo Siglo Nuevo

CONCEPTO

Jacques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista francés del siglo XX, reformuló la propuesta de Freud. Atribuyó el trastorno a la búsqueda de un 'fantasma'. Según su pensamiento, el hombre histérico anda tras una fantasía, una ideal puesto que se trata de él mismo, ya sea una imagen que quiera exhibir ante los demás o acciones defensivas como reprimir alguna emoción, un miedo o una inseguridad que no es apropiada para su género.

A lo largo de los años se ha manejado que la figura masculina debe conducirse como un ente fuerte que no tiene necesidad de demostrar sensaciones como tristeza o debilidad.

Estas definiciones culturales afectan al varón histérico porque la imagen ideal, la que busca para las relaciones de trabajo, familiares, sexuales y de pareja, no es totalmente de su agrado.

Quien sufre ésta afección primero debe reconocer que necesita ayuda. Lo siguiente sería buscar un tratamiento psicológico y, en casos más graves (no suelen ser muy comunes), una estimulación psiquiátrica.

No debe confundirse la histeria varonil como una inclinación a la homosexualidad. Cualquier hombre, sin importar su orientación sexual, puede ser víctima del trastorno. Para obtener progresos hay que romper los mitos que giran alrededor de la figura varonil. La comunicación de las emociones es importante a la hora de conseguir que el tratamiento sea eficaz. En el caso de que persista su unión con una compañera, ésta debe apoyarlo. Si es la pareja la que nota los signos de alarma, lo recomendable es que identifique si se presenta algún síntoma constante. Una vez detectado el signo, debe acudir con un especialista que la oriente acerca de qué cosas hacer y contribuir a curar el problema de raíz.

QUEJA

Durante mucho tiempo los términos vinculados con la histeria y la neurosis se han asociado con el sexo femenino. Sin embargo, no son pocas las mujeres que se han topado con hombres que esperan ser correspondidos con creces, pero nunca quedan satisfechos y no dudan en hacerle saber a su pareja que no han logrado satisfacerlos plenamente.

Suele ocurrir que esos mismos varones exigentes son frágiles e inseguros y que incluso un mínimo fracaso deje al descubierto la abundante inseguridad que cargan con ellos.

También sucede que a esa insatisfacción y a esa inseguridad agreguen un componente de dependencia, un alto grado de irresponsabilidad, una facilidad mayúscula para aburrirse y un impredecible sesgo emocional. A eso debe sumarse que ofrecen más de lo que dan y son personas inestables, capaces de aprovechar cualquier ocasión para pasar un buen rato, manejarse con perfecta ambigüedad y después escudarse en la frase “no prometí nada”.

Tratar con un hombre con esas actitudes, con esa forma de hacer las cosas, es vérselas con alguien que padece un trastorno nervioso, un individuo que ha entrado en esos terrenos que Freud abrió para los representantes del sexo masculino.

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