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MANUEL SERRATO Sábado 17 de jun 2017, 12:40pm ... Anterior 1 de 2 Siguiente ...

Contra la ultraderecha: Vive la France!

Foto: AP/Michel Spingler

Un presidente que sólo distingue entre progresistas y conservadores

Lo han llamado “el banquero filósofo”, “el político poeta”, incluso “niño genio o “el Kennedy francés”. El joven presidente de Francia deberá librar duras batallas para sacar a su país del estancamiento económico y convertirse en baluarte de la refundación europea.

Las imágenes se viralizaron rápidamente: Emmanuel Macron, el líder francés más joven desde las andanzas napoleónicas, estrechaba la diestra del personaje más mediático de los últimos tiempos: Donald Trump. Era el 22 de mayo. Una semana antes, el dirigente del movimiento En Marche! había asumido las riendas de la nación gala y ya se encontraba en un escenario en el que debía mostrar músculo. Tres días después, en el mismo contexto -la cumbre de la OTAN, en Bruselas-, un segundo apretón de manos hizo la ronda en los portales informativos del mundo. Esta vez el estadounidense mostró una vehemencia que, para algunos, rayaba en la intimidación. Macron igualó la fuerza del saludo como anticipando lo que serían sus declaraciones posteriores: en el terreno internacional, su gobierno no otorgará “ninguna concesión, ni siquiera simbólica”.

Si bien enfrentará, a nivel doméstico, una situación económica complicada, con extremas divisiones sobre todo en materia laboral –aguas en las que naufragaron sus antecesores François Hollande y Nicolas Sarkozy-, el carismático licenciado en filosofía y asesor bancario de 39 años de edad parece priorizar, al menos de inicio, su agenda de política exterior. El tópico más importante en ella, lo manifestó desde su campaña, es pugnar por la refundación de la Unión Europea. En caso contrario al brexit se sumará un frexit, es decir, la salida de Francia de un bloque calificado por Macron como 'disfuncional' e 'insostenible'.

Después del encuentro con los líderes del G7 y la proliferación virtual de sus apretones de manos con Trump, Macrón declaró: “en mis diálogos bilaterales no dejaré pasar nada, así es como uno se hace respetar”. El nuevo integrante de la élite de primer orden, que irrumpió en la arena electoral como un “objeto político no identificado” (tal descripción fue acuñada por el profesor de Ciencias Políticas Pascal Perrineau), ha comenzado a jugar sus cartas.

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El presidente estadounidense Donald J. Trump estrecha la mano del presidente francés, Emmanuel Macron, en la cumbre de líderes de países de la OTAN (2017). Foto: EFE/ Peter Dejong/Pool

GRANDE OTRA VEZ

Ningún presidente de la república francesa había dirigido un mensaje en inglés desde el Elíseo. Macron ha roto esa barrera y, de paso, se convirtió en el usuario galo de Twitter más retuiteado, de acuerdo con CNN.

El pasado primero de junio, cuando Donald Trump anunció que Estados Unidos abandonaba el Acuerdo Climático de Paris -una estrategia global que pretende mantener el aumento de la temperatura por debajo de los dos grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales y así disminuir los efectos del calentamiento terrestre-, diversos dirigentes nacionales reprocharon la determinación. Macron, en el mensaje desde el palacio de gobierno –primero en su idioma y luego en el de la primera potencia mundial- enfatizó que en cuestiones climáticas <>, e invitó a la comunidad científica y los ciudadanos que se sintieran decepcionados por la decisión del magnate a migrar a Francia para trabajar y desarrollar estrategias en beneficio del planeta. Adicionalmente posteó un mensaje que inundó las redes sociales: una imagen en verde y azul donde se leía 'Make our planet great again' (Hagamos al planeta grande otra vez) parafraseando el lema de campaña de Trump. En menos de 24 horas la publicación superó los 210 mil retuits y los 340 mil likes; al menos un 20 por ciento de esas interacciones provino de estadounidenses, quienes duplicaron los compartidos y corazones otorgados por los conacionales del autor.

SONRISAS PINTADAS

Una hoja de sable podía cortar la tensión que hervía el 29 de mayo entre las paredes del Gran Trianón, un ala del conjunto palaciego de Versalles que destaca por sus columnas de mármol rosado. En ese recinto, cuya construcción fue ordenada por el rey Luis XIV a finales del siglo XVII, Macron y Vladímir Putin caminaban rodeados por su séquito de colaboradores y una incisiva multitud de lentes fotográficos; el joven miembro de la élite forzaba una sonrisa, el ruso lucía su habitual gesto impasible. El itinerario dictaba que debían estar ahí, en la muestra pictórica que conmemoraba tres centenarios de la primera visita a Francia del zar Pedro I.

El simbolismo no era menor toda vez que apenas en octubre pasado se había frustrado una cita oficial con Putin; un cambio de agenda en la inauguración del Centro Cultural Ortodoxo Ruso, en París, motivó al invitado extranjero a declinar el encuentro con François Hollande. Desde las tierras productoras de campeones de ajedrez, la prensa oficialista apuntó a que Hollande, quien en 2014 apoyó el embargo comercial a Rusia por parte de la Unión Europea, había boicoteado la reunión como represalia a la postura de Moscú sobre los conflictos en Ucrania, Crimea y Siria –especialmente en Alepo, torturada ciudad donde seguía la intervención de los ex soviéticos por medio de aeronaves. A partir de ahí, pareció instalarse entre el Elíseo y el Kremlin una cerca electrificada, incluso en los terrenos diplomáticos.

Ahora Putin estaba ahí, junto al inesperado ganador, en una entrevista que pretendía afinar la postura europeísta compartida por sus naciones. Sostuvieron una charla privada y después, en la Sala de las Batallas del Palacio de Versalles, le hablaron al mundo a través de las cámaras; los saludos y las sonrisas parecían brotar con naturalidad, pero el discurso evidenció que el ambiente era todo, menos relajado.

Macron habló claro al referirse a Siria: la lucha para erradicar al Estado Islámico es prioritaria, mas Francia responderá si el gobierno del presidente Bachar el Asad, que tiene en la Federación Rusa a su principal aliado, vuelve a perpetrar ataques con armas químicas, una abyecta estrategia utilizada por el régimen sirio en al menos dos ocasiones: en agosto de 2013 y en abril pasado.

Frente a Putin, el galo abordó uno de los tópicos más incómodos para el Kremlin: casos de violaciones a los derechos humanos, arrestos, torturas e incluso asesinatos contra homosexuales en Rusia y Chechenia, que el Novaya Gazeta, uno de los pocos periódicos críticos del país, ha consignado con insistencia. Eventos por ese estilo han nutrido reportes y denuncias de organismos como Amnistía Internacional (AI), Human Rights Watch (HRW) y la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA). Por esa vía han surgido presiones por parte de la Unión Europea y el gobierno estadounidense para que se investigue la presunta 'limpia' de gays. Putin, desde su atril, mantuvo la ausencia de expresión en su rostro.

A escala internacional, el contenido más difundido de esa peculiar rueda de prensa fue la dureza con que Macron se expresó de la agencia noticiosa Sputnik y la cadena televisiva Russia Today. El licenciado en filosofía y escritor calificó a esos medios de órganos de presión y control ideológico. Los criticó por difundir “una serie de falsedades” en torno a él y a su movimiento En Marche! Y los acusó de obrar para favorecer a su adversaria, la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, derrotada por el 66.1 por ciento de los votos que consiguió el actor independiente en la segunda vuelta electoral celebrada en mayo pasado.

Vladímir Putin se deslindó al instante; su Estado, declaró, no interfirió en las elecciones y la visita de Le Pen a Moscú, aún en campaña, fue producto de una solicitud expresa de la excandidata derechista. No obstante la reacción del campeón del este, Macron ganó el encuentro literalmente versallesco. Los ecos de su discurso siguieron resonando.

BIBI Y MANU

Es fotogénico. No tiene una melena abultada, ni patillas largas, ni un aire bohemio, pero se parece mucho a alguien que se mantiene joven en el recuerdo de quienes se enamoraron con sus melodías: Joe Dassin, cantante francoestadounidense fallecido en 1980 a los 41 años de edad. Artífice de éxitos como À toi, Aux Champs Élysées, Le café des trois colombes y Et si tu n'existais pas. En esta última el hombre le dice a su amada que sin ella deambularía perdido por el mundo, que si no existiera buscaría la manera de crearla, que la necesita. Macron ha manifestado algo así a propósito de su esposa, 24 años mayor que él, necesita a Bibi en su proyecto presidencial.

El mundo ya conoce a Brigitte Trogneux: exprofesora, hija de acomodados chocolateros y ahora primera dama de Francia. La prensa internacional ha empleado océanos de tinta para contar su historia, una tan edulcorada que a veces parece la trama de una película de la nouvelle vague, como si bajo el lente de Truffaut, de Godard o de Chabrol se hubiera filmado la cruzada amorosa del chico quinceañero que va tras su maestra ubicada en el umbral de los cuatro décadas de vida.

A ella le dicen Bibi y a él, Manu. Se conocieron en su natal Amiens. Ella enseñaba literatura y estaba casada con André-Louis Auzière, el padre de sus hijos Sebastien, Laurence y Tiphaine -hoy de 42, 39 y 32 años de edad. Macron la conoció en las aulas del Lycée La Providence. A sus 15 años comenzó a visitarla en su casa para hacer tarea, como hacían otros adolescentes. Era común que algunos alumnos llevaran flores y champán y entonces las sesiones didácticas se convertían en cenas. El vínculo entre ambos nació solido, juntos leían poemas y preparaban obras de teatro. Cuando el alumno se marchó a Paris a seguir su formación, le advirtió a la profesora que volvería para casarse con ella. Los padres del joven confiaron en que se trataba de un enamoramiento juvenil y que la vida parisina del entonces aspirante a economista terminaría por diluirlo. No ocurrió así.

André-Louis Auzière y Brigitte Trogneux se divorciaron en 2006. Los allegados a la pareja han relatado que André se sintió muy humillado porque su esposa lo hubiera engañado con alguien tan menor y simplemente se marchó de casa.

Bibi y Manu se casaron en octubre de 2007. Él iba a cumplir 30 años, ella ya tenía 54. El novio pidió permiso a los tres hijos de Brigitte para celebrar el matrimonio. Ahora no sólo son sus hijastros, también son miembros activos de su movimiento.

La historia de la pareja ha llamado la atención del mundo desde inicios de 2016, cuando Macron era ministro de Economía. En abril de ese año, la profesora concedió una entrevista a la publicación Paris Match en la que se expresó así de su marido: “Es un banquero convertido en actor y político, un escritor que no ha publicado nada, pero del que yo guardo sus manuscritos”.

Desde luego, no todos coinciden en encomiar y admirar a la pareja presidencial. A Trogneux le han llamado 'barbie menopáusica', 'asaltacunas', 'cougar' y 'la primera abuela de Francia' en alusión tanto a su edad como al hecho de que Macron no tiene hijos propios mientras que ella ya tiene siete nietos. Pese a la animadversión que despierta en los sectores más conservadores, Bibi estará ahí, junto a su ex alumno, como consultora, como consejera y como personaje visible en el gobierno, así ocurrió en los días de la campaña y cuando Emmanuel era ministro de Economía.

En más de una ocasión, el todavía treintañero esposo ha dicho que sin su cónyuge, tal ascenso (que un documental dedicado a él califica como meteórico) no habría sido posible. “Et si tu n'existais pas, dis-moi comment j'existerais (Y si tú no existieras, dime cómo existiría yo)”, la voz de Joe Dassin parece resonar en un disco de vinilo con rumor de lluvia parisina.

LIBROS DE CABECERA

Julien Sorel, protagonista de Le rouge et le noir (Rojo y negro), la novela de Stendhal publicada en 1830, es un personaje complejo y, en cierto sentido, contradictorio. Es el hijo de un carpintero en la ciudad ficticia de Verrières. Lo desprecian por odiar el trabajo rudo y, en cambio, amar los libros. Es un joven sensible, pero a la vez dispuesto a romper cualquier precepto moral en aras de escalar socialmente en una época donde la hipocresía y la frivolidad parecen ser la norma, donde la derecha se está fortaleciendo y el clero aparece casi como eje rector: las épocas de la Restauración Borbónica en la primera mitad del siglo XIX. Julien, poco a poco, logra su cometido, va moviéndose desde un casi infantil romanticismo, que lo lleva a engancharse sentimentalmente con cualquier mujer que le muestre un poco de afecto, hasta el egoísmo, la ambición desmedida y una disposición a pasar por encima de quien sea.

Para algunos entusiastas de la faceta literaria de Macron, sus maniobras recuerdan al personaje de Stendhal. Si bien la comparación puede resultar simplista e inexacta, existe un vínculo inequívoco: el propio residente del Elíseo ha dicho que uno de sus libros de cabecera es, precisamente, Rojo y negro. Otros son Las flores del mal, de Baudelaire, y Madame Bovary, de Gustave Flaubert.

Según el economista Marc Ferracci, amigo del mandatario francés, resulta evidente que hay “un lado novelesco en él, un lado iniciático, porque ha superado etapas en su vida tomando decisiones tajantes. Quizá haya un vínculo con el hilo rojo de la libertad, con sus referencias literarias, culturales, y sus referencias de personajes stendhalianos o flaubertianos que efectivamente transgreden, que se van labrando su camino por sí mismos. Quizá ahí haya un paralelismo”.

Además de lector, Macron es también un escritor y filósofo entusiasta. A su formación en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Escuela Nacional de Administración, agregó un título en Filosofía por la Universidad de Paris-Nanterre con una tesis sobre Hegel. Dentro de sus aventuras reflexivas aparece una colaboración en el volumen “La memoria, la historia, el olvido”, del filósofo Paul Ricoeur.

El periodista Éric Fottorino, director de la revista Le 1, ha elaborado diversos artículos explorando el lado filosófico y literario de Macron. Gracias a Fottorino sabemos que entre los manuscritos bajo el cuidado de Brigitte se encuentra uno titulado Babilonia, Babilonia, un esbozo de novela escrito por el presidente en su juventud. De la trama se sabe muy poco, un dato es que tiene a Hernán Cortés como protagonista.

REFORMA LABORAL

El primer reto del apartidista, una vez instalado en la silla presidencial, parecía consistir en seguir vendiéndose a sí mismo, en convencer a propios y extraños de que tenía los arrestos para guiar a la nación. Todo indica que sus performances le han permitido, a nivel global, sumar puntos positivos en ese sentido; no obstante, en el ámbito doméstico, el monstruo de mil cabezas sigue acechando.

Si bien el desempleo en Francia durante el primer trimestre del año se ubicó en 9.6 por ciento, su cifra más baja desde 2012, la cantidad de personas en paro se mantiene alta: 2.7 millones. El objetivo del joven gobernante es llevar la tasa de desempleo a un 7 por ciento para 2022, una meta que se antoja complicada si se considera que el país acarrea una década de crecimiento económico débil, una preocupante pérdida de competitividad y un marcado divisionismo en diferentes sectores productivos. En el plan del lector de Baudelauire también figura la eliminación de 120 mil puestos de trabajo en el aparato estatal y un recorte de 60 mil millones de euros en el gasto público.

Sus opciones incluyen avanzar en la aplicación de una reforma laboral por la vía del decreto. Un eje de la propuesta sería que las empresas negocien directamente con sus empleados sobre la cantidad de horas de trabajo y las compensaciones correspondientes, esto dejaría intacta la controvertida semana laboral de 35 horas. Otro pasaría por simplificar los sistemas tributario y de pensiones.

Dado que la negociación de la jornada y los emolumentos significa dejar en segundo plano los contratos colectivos de trabajo, la administración en marcha podría enfrentarse a una férrea oposición sindical. La confianza para ablandar a las uniones radica en que, de entrada, el proyecto tiene el aval del MEDEF (Movimiento de Empresas de Francia), agrupación con 750 mil pequeñas y medianas empresas afiliadas, la mayoría (70 por ciento) con plantillas menores a los 50 empleados. En la búsqueda de respaldo, Macron espera obtener el apoyo de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y sus casi 900 mil miembros. La parte dura de la negociación estaría representada por la Confederación General del Trabajo (CGT), de corte históricamente comunista, que se mostraría reacia a la reforma.

No se puede soslayar que la modificación a la ley laboral ha sido una suerte de maldición para los últimos gobernantes galos. Los antecesores de Macron zozobraron en ese mar. En el invierno de 1995, los sindicatos prácticamente paralizaron el país echando por tierra la iniciativa del entonces recién llegado al Elíseo, Jacques Chirac. Nicolás Sarkozy evitó meterse a esos pantanos mientras que Hollande hizo un intento fallido ya entrado su cuarto año de mandato.

Ante el nuevo gobierno, los franceses ponen como su principal necesidad el aumento del poder adquisitivo, así lo establece la respuesta de un 27 por ciento de los encuestados en un sondeo de Ipsos. Después vienen temas como la inmigración, el desempleo y el terrorismo. Al final, con un 18 por ciento, aparece el papel de Francia en la Unión Europea, aunque para Macron este tema no sólo es prioritario sino que representa la oportunidad de fortalecer a su Estado.

ELECCIONES Y TURBULENCIAS

El éxito de las iniciativas del asesor bancario y, en buena medida, la estabilidad de su presidencia, dependerá de los resultados de las elecciones parlamentarias que el pasado 11 de junio tuvieron ya su primera vuelta. La segunda y definitiva será el lunes 18.

El modo de hacer las cosas de Macron quedó debidamente consignado en su visión de quienes deben ser elegidos para ocupar los 577 escaños en disputa, una mitad extraída de la sociedad civil y otra mitad conformada con políticos experimentados, siempre y cuando renuncien a cualquier otra militancia y se enfunden en los colores de En Marche!

Legisladores socialistas, centristas y conservadores apoyaron a Macron debido a que la pujanza de su movimiento contrasta con la crisis y la debilidad de los partidos tradicionales. Si bien haber ganado las presidenciales no asegura arrasar en las legislativas, el macronismo confía en construir la mayoría parlamentaria, los 289 diputados, que impedirían una parálisis en su gobierno.

No obstante, las primeras turbulencias ya se sienten al interior del gabinete de Emmanuel y podrían tener un impacto fundamental en el resultado final de los comicios. En un inicio se aplaudió que más de la mitad de los puestos de primer nivel se pusieran en manos de mujeres; entre ellos, carteras fundamentales: Sylvie Goulard como ministra (secretaria) de Defensa; Muriel Pénicaud como ministra de Trabajo; Agnes Buzyn en Salud, y Annick Girardin -quien fuera ministra de Servicios Públicos con Hollande- en el ministerio de Territorios de Ultramar.

Sin embargo, la investigación judicial en torno a Richard Ferrand, ministro de Cohesión Territorial y uno de los colaboradores más cercanos del joven vencedor de los partidos, podría derivar en una pérdida de terreno durante la votación para nombrar congresistas. En su campaña, Macron calificó el nepotismo como 'un acto inmoral' y ese es justo el señalamiento que pesa sobre Ferrand, quien además de la cartera gubernamental ocupa la Secretaría General de En Marche! En 2011, siendo director de las Mutualidades de Bretaña –un federación regional de mutuas de seguros-, Ferrand habría beneficiado a su esposa, Sandrine Doucen, con el contrato de arrendamiento de un edificio que fungiría como sede de la institución en la ciudad de Brest y cuyo valor se disparó en los siguientes años. Ferrand también habría contratado a su exesposa para hacer modificaciones a edificios de las Mutualidades y a un hijo suyo, de sólo 23 años, como asistente parlamentario.

Otro miembro del gabinete situado en el ojo del huracán fue la ministra de Asuntos Europeos Marielle De Sarnez, a quien se acusó, junto a otros 17 diputados del parlamento europeo, de contratar como asistente a una mujer de nombre Philippine Laniesse, quien en realidad trabajaba para el partido MoDem. El macronismo minimizó esta acusación calificándola como un intento de la derecha, en concreto del Frente Nacional, por generar cortinas de humo y desviar la atención ya que su excandidata, Marine Le Pen, también fue denunciada debido a un tema de empleos ficticios.

El ruido, el contexto de las elecciones parlamentarias y la necesidad del presidente independiente de lograr la mayoría legislativa, hicieron que el fantasma de la dimisión sombreara a los dos ministros. Un sondeo del Instituto Harris, publicado en Le Figaro, arrojó que el 70 por ciento de la ciudadanía quería la salida de Richard y un 62 por ciento la de Marielle.

FIN DEL POPULISMO

Macron es un personaje atípico de la cosa pública. Miembro del partido socialista desde los 24 años, ha dejado de definirse como tal. Se resiste a definir a En Marche! como una organización política en el sentido tradicional. Los franceses perciben que es una estructura de centro-izquierda liberal; Macron ha llamado a su creación una “coalición de socialdemócratas, liberales, centristas, ecologistas y ciudadanos que hasta ahora no habían tenido ningún compromiso político”. A decir del nuevo integrante de la élite de mandatarios, la verdadera división está entre progresistas versus conservadores.

Vencer a la ultraderechista Marine Le Pen no significa el fin del populismo, pero sí representa un freno para esa orientación extrema tomando en cuenta que el 34 por ciento obtenido por la candidata representa casi duplicó el número de votos obtenido en 2002 por su padre, Jean Marie Le Pen. En esa ocasión la extrema derecha consiguió un 18 por ciento de las preferencias frente a Jacques Chirac. Una cuestión a considerar es que en e l triunfo de Macron se registró el mayor abstencionismo (24 por ciento) en casi 50 años.

Factores que refutan la tesis de un populismo debilitado son: uno de cada tres votantes respaldó a Marine Le Pen, y los temas que abanderó la frentista se mantienen entre las principales preocupaciones ciudadanas: migración, terrorismo e identidad nacional.

No obstante, la victoria del licenciado en Filosofía representa un éxito para el bloque que pugna por reconvertir e imprimirle un nuevo dinamismo a la Unión Europea. A la cabeza aparece, por supuesto, la canciller alemana Angela Merkel. El tándem Alemania-Francia es fundamental para el futuro del Viejo Continente tanto si se trata de una reconfiguración económica como de apuntalar la influencia diplomática y militar (Francia ocupa un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU). Hasta ahora, Macron ha jugado sus cartas con la habilidad requerida para convertirse en un potencial líder del escenario global.

Twitter: @manuserrato

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Foto: AP/Michel Spingler

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El presidente estadounidense Donald J. Trump estrecha la mano del presidente francés, Emmanuel Macron, en la cumbre de líderes de países de la OTAN (2017). Foto: EFE/ Peter Dejong/Pool

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Los partidarios del movimiento político En Marche! celebrando el triunfo de Macron en la segunda vuelta electoral (2017). Foto: EFE/EPA/Christophe Petit Tesson

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El presidente francés, Emmanuel Macron, y el presidente ruso, Vladímir Putin, llegan a una rueda de prensa en el

Palacio de Versalles (2017). Foto: EFE/ Stephane de Sakutin

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El nuevo presidente francés Emmanuel Macron y su esposa

Brigitte Trogneux. Foto: EFE/EPA/Julien de Rosa

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Foto: AFP/Philippe Huguen

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Macron durante el primer Consejo de Ministros del nuevo gobierno, en el que se destacan el gran número de miembros femeninos. Foto: EFE/Philippe Wojarzer Pool.

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Varias personas manifestándose con pancartas en las que se puede leer ‘No eres bienvenida’ durante una protesta contra la visita de la líder de la extrema derecha francesa y ex candidata presidencial, Marine Le Pen. Foto: EFE/Nabil Mounzer

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Presidente Emmanuel Macron y la canciller alemana Angela Merkel durante el primer viaje al extranjero de Macron (2017). Foto: AP/Bernd von Jutrczenka

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Emmanuel Macron pronunció un discurso con sus condolencias por atentado terrorista en Manchester en la embajada británica en París (2017). Foto: AP/Etienne Laurent/Pool

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