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El Siglo de Torreón Viernes 12 de may 2017, 10:25pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

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Karime

Karime Macías Tubilla y su familia. ¡Qué bonita familia, qué bonita familia! Decía Pompín Iglesias (Q.E.P.D.) en conocido programa televisivo; pero lo decía con un sentido humorístico para enfatizar la importancia de la familia como célula social. Ahora, por las implicaciones de la familia Duarte Macías con la justicia, habiéndose comprobado una lista de delitos en la que hasta los concuños les toca responsabilidad, esa frase es sarcasmo puro.

Karime Macías, esposa del exgobernador de Veracruz César Duarte, dijo para sí, “patas pa’ qué os quiero” y más pronto que de inmediato tomó “Las de Villadiego”, ella sus hijos y otros familiares, rumbo a Inglaterra. ¡Pero qué familia eh! Primera pregunta: ¿Por qué huir, si dicen nada deber?; segunda pregunta: ¿Con qué? Esta última pregunta tiene respuesta obvia: con todo lo que el exgobernador Duarte robó de las arcas del erario público; delito en el que por complicidad, también son culpables sus familiares cercanos y parientes no tan lejanos, que sirvieron de prestanombres y de tapadera al pillo que hoy aceptó desempeñar el papel de chivo expiatorio en la comedia de “Las elecciones”, refrito en el que el PRI, ha ganado incontables premios Óscar, como mejor director.

Ya en tono más serio, como mexicano me siento indignado de la mediocre actuación de la Justicia; pues ¿no se supone que debe ser imparcial? ¿No es acaso la función primordial del poder judicial juzgar los actos del hombre conforme a Derecho? ¿Entonces, para qué sirve la Carta Magna de nuestra nación? El perdón que se otorga a una parte de la camarilla de rufianes sólo abona el campo de la impunidad, y alienta a otros funcionarios públicos a hacer lo mismo. Pareciera que todos los que hacen política la hacen para enriquecerse ilícitamente. Quizá por eso, se da el fenómeno de la “chapulinada” y la obstinación de diputados y senadores de negarse a quitar de las leyes no sólo el fuero constitucional, y de sus reglamentos las prebendas y bonos extra; sino por el contrario, de insistir en la reelección, y de continuar sirviéndose con la cuchara grande; sin importarles, ni por asomo de dignidad, el saqueo de recursos que hacen sus iguales y superiores, ni tampoco las funciones que realmente deben realizar como funcionarios públicos, en quienes el pueblo depositó su confianza para que administraran los variados recursos naturales de nuestro rico y extenso territorio; sino que además rigieran la dinámica de una gran sociedad conformada por todos los mexicanos, mediante la aplicación de leyes adecuadas a nuestra idiosincrasia y a nuestra particular circunstancia, en tiempo y espacio.

Para eso, el gobierno está dividido en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los tres, con cierto grado de autonomía, pero al mismo tiempo trabajando en sincronía tanto en sus deberes y obligaciones como en sus funciones y responsabilidades, deberían llevar a este país hacia el desarrollo y el progreso, siempre con una política cuyo eje rector sea la búsqueda permanente del bienestar común.

Si estos poderes los imagináramos como un gran engranaje de tres ruedas dentadas, hoy veríamos que el mecanismo no funciona porque la herrumbre y el cochambre (impunidad y corrupción) hacen que los dientes no embonen. Se requiere una limpieza profunda, que sólo la población podemos hacer. ¿Cómo? Empezando por nosotros mismos, siendo honestos y asertivos; esto es, partir de una autocrítica y retomar los valores éticos y morales; redefinir qué está bien y qué está mal, de acuerdo a la conciencia social; así como modificar el actual modelo de relación interpersonal (a partir de la familia, obviamente); y estar conscientes que, cada uno de nosotros tenemos derechos básicos que debemos defender y al mismo tiempo respetar los de los demás.

Por lo pronto… se nos fue Karime a gastarse en euros los millones de pesos que su marido robó. Se oye y se ve feo la palabra “robó”, mejor diré “malversó”, que para el caso es lo mismo.

Héctor García Pérez,

Gómez Palacio, Durango.

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