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AGENCIAS
mié 11 ene 2017, 10:53am 8 de 48

Termina la era Obama; su legado pende de un hilo


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CHICAGO, EU.-
LOS REPUBLICANOS TRATARÁN DE MARCAR UN ANTES Y UN DESPUÉS DEL PRIMER PRESIDENTE AFROAMERICANO

A sólo nueve días para que Barack Obama deje la presidencia, la pregunta obligada es, ¿destruirá el nuevo líder el legado del primer mandatario afroamericano de Estados Unidos? Donald Trump sí cuenta con las municiones y el andamiaje político para desmontar los dos grandes proyectos de Obama: 1) La reforma de acceso a los servicios de salud (Obamacare) y 2) Las regulaciones que inhiben la generación de gases invernadero y estimulan el desarrollo de energía de fuentes renovables.

Si bien Trump tiene un Congreso de mayoría republicana, una cosa es agitar los ánimos con retórica alegórica y otra es materializar los compromisos. Como sabemos, "prometer no empobrece, dar es lo que aniquila".

La reforma de salud de Obama logró que 20 millones de estadounidenses adquirieran un seguro médico. El plan prometió un EU más humanista al garantizar el acceso a lo que algunos consideran es un derecho humano.

Los republicanos han intentado en repetidas ocasiones eliminar legislativamente o retirar el financiamiento al Obamacare. Piensan que el gobierno no debe imponer la compra de un bien o servicio -como lo demanda esta ley-. Así mismo, repudian el costo del programa estimado en 1.7 billones de dólares para el 2025. Según el Banco Mundial, el costo del sistema de salud estadounidense creció del 13 al 17 % del PIB nacional impulsado por los altos costos, pero también por la masiva intervención del gobierno con Obamacare.

El costo de los seguros médicos de mucha gente aumentó dramáticamente desde la implementación de la ley, otros perdieron parte de la cobertura que acostumbraban, causando molestia e incertidumbre entre quienes ya contaban con seguro médico y que vieron trastocados sus servicios. Por otro lado, los 20 millones de nuevos asegurados sólo tienen agradecimiento al nuevo sistema pues contar con atención médica puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Así de simple.

A pesar de que los republicanos aseguran que desmantelarán el Obamacare, seguramente la retórica será consistente aunque las acciones no tanto. El nuevo partido en el poder mantendrá el discurso de que eliminará el programa, pero lo hará, muy a su pesar, de forma parcial y gradual. Nadie quiere dejar desamparadas a 30 millones de personas que, se estima, perderán acceso al cuidado de la salud si el programa se elimina sin una alternativa.

Los legisladores republicanos no se atreverán a prescindir de todas las previsiones del programa ya que son precisamente algunas áreas rurales que apoyan a ese partido las que resultarían más afectadas. Retirar esta red de seguridad social causaría un maremoto de descontento que impactaría ya no al líder que inventó la legislación, sino a quienes destruyeron su funcionalidad.

Por otro lado está el Plan de Energía Limpia que engloba un conjunto de medidas que Obama comprometió en la cumbre ambiental de París de 2015 para reducir las emisiones invernadero en 25 % para 2025 con relación a los niveles de 2005. Los esfuerzos del presidente ambientalista (Obama) también pueden ser eliminados por Trump.

El nuevo mandatario dice que apoyará a los estados de la Unión que rechazan la implementación de ese plan. El interés de estas entidades es que no se limiten las emisiones de bióxido de carbono a las plantas de energía (que queman carbón), o de sus industrias contaminantes. La resistencia se basa en que no quieren perder los empleos y la base gravable con las que estas empresas contribuyen.

La conversión de la generación energética sucia del siglo XX a la nueva economía de fuentes renovables es una verdadera batalla de intereses entre el pasado y el futuro. En este aspecto, Trump propone mover al país hacia la retaguardia. Las regulaciones que el gobierno de Obama han impuesto a las industrias contaminantes sí tienen un costo en las comunidades que resultan afectadas.

No obstante, si de estimular la economía y el empleo se trata, la nación debería acelerar la adopción de la generación energética por vías renovables como los paneles solares y la generación eólica.

Según cifras oficiales la industria solar ya emplea más gente (209 mil) que la industria petrolera y las platas energéticas que usan carbón combinadas (185 mil). Estos nuevos empleos ofrecen buenas remuneraciones y por la capacitación que requieren no son blanco fácil a ser exportados a economías emergentes, al menos en el corto plazo.

La cuestión es que el establecimiento de estas industrias modernas se lleva a cabo lejos de los estados que aún dependen de fuentes fósiles de generación de energía como en el Medio Oeste que son, coincidentemente, las entidades que dieron el triunfo a Trump. Por ello, tiene sentido que el ganador de la elección responda a las preocupaciones de estos ciudadanos tratando de mantener sus industrias y empleos. Pero más beneficios tendría que ayude a estos estados a que capten inversiones de energía renovable, desarrollo de software y procesos logísticos eficientes que son pilares de la economía en que vivimos.

Lamentablemente, el futuro mandatario despliega sus virtudes de "Primer Bully de la Nación" para mantener al país anclado en prácticas e industrias del pasado en vez de promover y abrazar el futuro.

Michelle, mucho más que una primera dama

"La medida de toda sociedad está en la manera en que trata a sus niñas y sus mujeres". Michelle Obama habla de manera pausada. Se detiene y lanza una mirada a la audiencia. Los rostros sonrientes empiezan a transformarse. "Escucho esto y lo siento tan personal", continúa. "Falta de respeto a nuestro intelecto, la idea de que puedes hacerle lo que sea a una mujer".

Es 13 de octubre de 2016. Michelle participa en un evento de la campaña de Hillary Clinton, en New Hampshire, una semana después de que se diera a conocer un audio en el que el entonces contendiente republicano, Donald Trump, hablaba de manera obscena sobre una conductora de televisión. "En esta elección tenemos un candidato" que "presume sobre atacar sexualmente a las mujeres. No puedo dejar de pensar en esto". El discurso se vuelve viral en redes sociales. Está en marcha el efecto Michelle.

Michelle LaVaughn Robinson Obama, nacida el 17 de enero de 1964 en Chicago, Illinois, es mucho más que una primera dama. Abogada graduada de Harvard; madre de dos niñas; oradora estelar de las tres últimas convenciones del Partido Demócrata; activista contra la pobreza; ícono de moda y estilo; promotora de la equidad de género para las niñas, todo esto bajo el estigma de pertenecer a una minoría racial, la señora Obama ha elevado el estándar del rol de una primera dama. Su sucesora inevitablemente enfrentará la comparación; pero Michelle Obama, después de ser primera dama, seguirá siendo Michelle Obama.

Desde la Casa Blanca, Michelle ha otorgado una mirada puntual a otras realidades. Un ejemplo son las campañas que ha impulsado en estos años: "Let's Move!", para incentivar la actividad física en los niños; "Joining Forces", para facilitar el acceso a la educación y el empleo de los veteranos de las fuerzas armadas -un gran número de ellos jóvenes-, y "Reach Higher", que busca que más chicos terminen una carrera universitaria. Michelle sigue la regla de oro que ella misma se impuso: "When they go low, we go high"; cuando recibe un golpe bajo, la respuesta es enérgica, pero con clase y respeto. Michelle es una vida que, sin duda, seguirá teniendo un efecto de largo plazo.

Del hito a la realidad

"Qué raro. No hay nada que yo haya hecho diferente, así que es extraño". Un sonriente Barack Obama de visible buen humor, lanzaba una de sus bromas más celebradas durante la tradicional Cena de Corresponsales de la Casa Blanca de 2016, en abril. La broma se refería al alza en la popularidad del presidente durante los últimos meses. "Ni mis colaboradores pueden explicarlo", continuaba, mientras en una pantalla detrás de él aparecía una imagen de Donald Trump y los asistentes reían.

En una encuesta de la cadena CNN publicada a finales de noviembre de 2016, la aprobación de la gestión Obama llegó a 57 %, el número más alto obtenido durante su segundo término al frente del gobierno de Estados Unidos. Estos números marcaron el octavo mes consecutivo con una aprobación por encima del 50 %, 13 puntos por encima de septiembre de 2015.

Es muy posible que este incremento en la tasa de aprobación del presidente esté vinculado en parte con el fenómeno Trump: el muy conocido "No Drama Obama", contrasta con el explosivo, poco diplomático estilo del presidente electo. Pero también puede ser porque, al final de ocho años de gobierno, es más fácil identificar qué salió bien o mal.

Revisando los números del desempeño económico, el factor más revelador al hacer un balance de la administración Obama debido a la severa crisis que golpeó al país durante 2009, cuando se perdían 800 mil empleos cada mes, la evaluación tendría que ser positiva. Durante más de 70 meses el sector privado ha visto crecer la generación de empleos, un total de 14 millones y medio en ocho años, sentando un récord como el período más largo de crecimiento sostenido en esta materia. El desempleo, en una tasa de 10 % en 2009, cerró en 4.6 % en noviembre de 2016. Las cifras son aún más notables si se comparan con el crecimiento de otros países desarrollados en el mismo período.

Obama tiene un lugar en la historia de EU por ser el primer presidente afroestadounidense, pero para quienes votaron con entusiasmo por él hace ocho años como parte de la ola de esperanza que lo llevó a la Casa Blanca, es posible que su administración no haya dado los resultados inmediatos que esperaban. David Ayón, investigador de la Universidad de Loyola Marymount y analista político, explica que una de las cosas que caracteriza a Obama es su visión a largo plazo. Y recuerda que apenas llegó a la Casa Blanca tuvo que utilizar la mayor parte de su capital político para negociar la aprobación del Paquete de Estímulo Económico, la regulación del sector financiero, y para impulsar la Ley de Salud Asequible, conocida como Obamacare. Este 19 de enero será el último día de esta gestión de luces y sombras. Un día después llegará Trump y un futuro incierto para millones de personas.

Michelle, mucho más que una primera dama

"La medida de toda sociedad está en la manera en que trata a sus niñas y sus mujeres". Michelle Obama habla de manera pausada. Se detiene y lanza una mirada a la audiencia. Los rostros sonrientes empiezan a transformarse. "Escucho esto y lo siento tan personal", continúa. "Falta de respeto a nuestro intelecto, la idea de que puedes hacerle lo que sea a una mujer".

Es 13 de octubre de 2016. Michelle participa en un evento de la campaña de Hillary Clinton, en New Hampshire, una semana después de que se diera a conocer un audio en el que el entonces contendiente republicano, Donald Trump, hablaba de manera obscena sobre una conductora de televisión. "En esta elección tenemos un candidato" que "presume sobre atacar sexualmente a las mujeres. No puedo dejar de pensar en esto". El discurso se vuelve viral en redes sociales. Está en marcha el efecto Michelle.

Michelle LaVaughn Robinson Obama, nacida el 17 de enero de 1964 en Chicago, Illinois, es mucho más que una primera dama. Abogada graduada de Harvard; madre de dos niñas; oradora estelar de las tres últimas convenciones del Partido Demócrata; activista contra la pobreza; ícono de moda y estilo; promotora de la equidad de género para las niñas, todo esto bajo el estigma de pertenecer a una minoría racial, la señora Obama ha elevado el estándar del rol de una primera dama. Su sucesora inevitablemente enfrentará la comparación; pero Michelle Obama, después de ser primera dama, seguirá siendo Michelle Obama.

Desde la Casa Blanca, Michelle ha otorgado una mirada puntual a otras realidades. Un ejemplo son las campañas que ha impulsado en estos años: "Let's Move!", para incentivar la actividad física en los niños; "Joining Forces", para facilitar el acceso a la educación y el empleo de los veteranos de las fuerzas armadas -un gran número de ellos jóvenes-, y "Reach Higher", que busca que más chicos terminen una carrera universitaria. Michelle sigue la regla de oro que ella misma se impuso: "When they go low, we go high"; cuando recibe un golpe bajo, la respuesta es enérgica, pero con clase y respeto. Michelle es una vida que, sin duda, seguirá teniendo un efecto de largo plazo.

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