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Siglo Nuevo

El maíz más antiguo del mundo

Puebla un importante centro de la agricultura temprana

REDACCIÓN S. N.
jueves 15 de diciembre 2016, actualizada 1:45 pm

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Cuando en 1962 el arqueólogo Ángel García Cook descubrió los olotes más antiguos del mundo en cuevas de Tehuacán, Puebla, jamás se imaginó que 50 años después colaboraría para descifrar el misterio de su origen, a partir de la secuenciación de su genoma.

Con tecnología de secuenciación masiva de la Unidad de Genómica Avanzada (UGA) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), el investigador Miguel Vallebueno-Estrada caracterizó muestras de maíz con más de cinco mil años de antigüedad, que al no haber sido manipuladas, fueron idóneas para la extracción y lectura de su ADN.

El análisis reveló que el maíz más antiguo, localizado en el Valle de Tehuacán, Puebla -en el centro de México- no estaba completamente domesticado y pertenecía a un grupo pequeño de plantas altamente emparentadas, lo que sugiere que las poblaciones humanas ancestrales practicaban el mejoramiento tradicional a partir de técnicas de autopolinización.

MÉXICO A LA VANGUARDIA

La colaboración entre la UGA y la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH permitió que en 2012, Ángel García Cook y su equipo exploraran de nuevo la cueva de San Marcos, poniendo a disposición de los genomistas del Cinvestav tres muestras de maíz cuya edad oscila entre los cinco mil 300 y cuatro mil 970 años.

Sobre la base de la secuenciación y la comparación genómica entre el teocintle (maleza incomestible que dio origen al maíz) que abunda actualmente en las cuencas del río Balsas y el maíz moderno, se muestra que el de la cueva de San Marcos presenta variantes de alelos ancestrales que están ausentes de las poblaciones actuales.

Jean-Philippe Vielle-Calzada, investigador del Cinvestav y coordinador de la colaboración con el INAH, explicó que este tipo de hallazgos contribuirá a la identificación de rasgos extintos que, a partir de la elucidación del pasado, ofrezcan oportunidades de innovación para el futuro del mejoramiento genético en múltiples cultivos mesoamericanos.

Durante la presentación del proyecto, el especialista resaltó que México tiene la mayor diversidad de germoplasma de maíz nativo, con alrededor de 59 razas autóctonas que mantienen más diversidad de nucleótidos y menos diferenciación genética de sus antepasados, que otras especies de cultivo como el arroz o el trigo.

Los resultados, publicados este mes de noviembre en la edición especializada Proceedings of the National Academy of Sciences USA, sugieren que el maíz actual evolucionó a partir de pequeñas poblaciones aisladas que fueron posteriormente mezcladas para dar lugar a las razas que conocemos actualmente.

LA HUELLA DEL TIEMPO

Las expediciones arqueológicas pioneras fueron encabezadas por Richard MacNeish, quien identificó el valle de Tehuacán como un importante centro de la temprana agricultura mesoamericana.

Después de explorar extensamente cinco cuevas (Coxcatlan, Purron, El Riego, Tecorral y San Marcos), la expedición de MacNeish descubrió más de 24 mil 100 especímenes que fueron identificados como maíz. En particular, la cueva de San Marcos produjo mil 248 en una secuencia estratigráfica bien definida que cubre un período evolutivo de seis mil 500 años.

Científicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), del Instituto Politécnico Nacional, extrajeron 40 por ciento del ADN de tres ejemplares de maíz con más de cinco mil años de antigüedad.

La investigación, producto de un convenio interinstitucional firmado en 2012, confirmó que el maíz es un producto autóctono de México, surgido probablemente en la cuenca del río Balsas. Lo anterior coloca al país como el de mayor número de razas autóctonas del mundo, con 59 originarias que, a diferencia de otras especies de cultivo como el arroz o el trigo, mantienen una notable cercanía genética respecto a sus antepasados.

Esto conllevó a que más de 50 años después, García Cook, quien conservaba planos y dibujos, condujera a los expertos del Cinvestav a la cueva de San Marcos, lugar donde rescataron tres ejemplares de maíz, cuya edad es de entre cinco mil 300 y cuatro mil 970 años.

Entre los rasgos eliminados del maíz durante milenios localizaron una capa de silicio que recubre al ancestro, el teocintle, el exceso de ramas y tallos, así como el pequeño tamaño del olote que no permitía a la planta llevar más de 50 semillas.

Según Vielle-Calzada existió una evolución sostenida y un intercambio comercial entre grupos humanos que igualmente cruzaron diversas ramas de la planta.

El análisis en Tehuacán hará posible establecer proyectos para contrastar muestras antiguas, además de crear iniciativas para que el maíz recupere características perdidas en su domesticación como la resistencia a la sequía, plagas y cambios climáticos.

UN INVESTIGADOR EMÉRITO

Nacido el 17 de agosto de 1937, en Teotitlán del Camino, hoy de Flores Magón, Oaxaca, Ángel García Cook ha formado a numerosas generaciones de estudiantes, ha impartido más de 150 conferencias en diversos foros académicos de México y de otros países, y su obra escrita abarca más de 200 títulos. A decir del propio especialista, “la constancia y la pasión por el trabajo han sido la clave de su largo andar en el campo de la arqueología”.

Cuando al propio Ángel García Cook, un hombre que ejerce la arqueología desde hace más de 56 años, se le pregunta cuál es su mayor orgullo, responde sin dudar que es “haber encontrado los olotes más antiguos del mundo”, una respuesta que entraña su manera de concebir esta disciplina, donde el hallazgo de un gran monumento como Coyolxauhqui no es más trascedente que el descubrir vestigios de maíz de siete mil años de antigüedad.

Esa sencillez en su actuar le había servido de escudo ante cualquier reconocimiento que quisiera dársele, no obstante, en la antesala de lo que será su 80 aniversario en 2017, por fin accedió a ser celebrado por la institución a la que ha dado gran parte de su vida y esfuerzo, y donde ha cultivado infinidad de amistades entre colegas y alumnos: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de la que es investigador emérito.

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