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GABRIEL ACOSTA Lunes 7 de nov 2016, actualizada 7:17am ... Anterior El Siglo 1 de 19 Siguiente ... El Siglo

El color de Mango

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Mango pertenece a una familia de tatuadores. (FOTOGRAFÍAS: MICHEL MORÁN)

TORREÓN, COAH.-
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Un hombre puede ser honesto bajo cualquier tipo de piel — Herman Melville - Moby Dick.

Un altar de muertos en honor a Emiliano Zapata recibe a las personas en la sala principal del estudio de tatuajes. Al subir al segundo piso está el espacio de trabajo de Mango, quien lleva varios minutos preparándose para dibujar un dragón en el antebrazo de un cliente. Música de reggae adorna la atmósfera del lugar, pero en pocos segundos se desvanece para dar pie al zumbido de la máquina para tatuar. Cuando la aguja toca el brazo no hay vuelta atrás.

Tradición familiar

Mango no proviene de una familia convencional. Es el menor de cuatro hijos y dos de sus hermanos también son tatuadores. Junto a ellos se ha encargado de que el apellido Braham se convierta en un referente de artistas en la región y en el país. Su talento no es heredado, por el contrario, afirma que empezó a dibujar desde cero y terminó dedicándose al tatuaje como un paso inevitable.

“Yo he querido ser doctor, veterinario y otras cosas, pero el tatuaje lo tomé por accidente. Trabajaba en el estudio de mi hermano y ahí perforaba nada más. Cuando hice mi primer tatuaje ya lo agarré como un oficio”, afirma Mango, quien a partir de esa fecha ya lleva nueve años "rayando" como profesional.

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El apodo "Mango" proviene de uno de sus hermanos, cuando lo llamaba así porque no podía pronunciar la palabra "hermano". Hoy es díficil no asociarlo con ese mote, que ha tatuado a cientos de personas en la ciudad. Mango podría pasar por un tipo rudo y fuerte en la primera impresión pero en el fondo mantiene una inocencia que lo hace parecer un niño de 26 años.

Mango afirma que él tuvo el camino más fácil en su familia luego de que sus dos hermanos también se dedicaran al tatuaje. "En mi familia el que empezó todo fue Isaac, yo creo que él fue el que batalló más, pero lo superó. Después mi hermano Moi también lo superó y pues ya cuando entré yo no era nada. Incluso cuando me tatué mi mamá estaba ahí viéndome". Su madre luego terminaría en la silla del cliente, cuando Mango le tatuó unas letras en el tobillo.

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Maestro de la tinta

Cuando se le pregunta si él mismo se considera un artista, contesta que no, que aún le falta mucho. Sin embargo, el dragón que realiza es sólo el último diseño a su cliente, quien tiene en su brazo un lienzo impregnado del estilo de Mango que va desde demonios hasta peces japoneses.

Abraham —su nombre de pila—acaba de abrir, junto a su hermano, su segundo estudio, en donde realiza de dos a tres tatuajes diarios, dependiendo del tamaño. Parte de la experiencia de realizarse un tatuaje con él es el ambiente cálido que se transmite durante la sesión, porque cuando el zumbido de la máquina se detiene, además de obtener una pieza de arte, los clientes terminan con un amigo nuevo.

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Mango luce concentrado con cada línea que plasma sobre el brazo de su cliente. Se toma su tiempo para contemplar el desarrollo del tatuaje y seguir con su labor. Conforme realiza más trazos se le ocurren más ideas sobre cómo se vería mejor y el cliente —quien hasta estas alturas parece inmune al dolor— accede confiando en su criterio. “Lo que más me gusta es cuando alguien se hace un diseño mío, significa mucho para mí”.

"Si mejoré mucho desde que empecé. Yo no dibujaba nada. Cuando empecé a dibujar diario y a tener una práctica constante mejoré mucho", afirma Mango, quien viste una gorra, una playera sin mangas y unas bermudas y muestra sus figuras de Star Wars en el estudio.

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Historias en la piel

Cada tatuaje encierra en la piel una historia que representa a las personas, lo cual convierte al tatuador en alguien que marcará una vida por siempre. Dentro de las experiencias que Mango más recuerda es cuando un joven llegó llorando a su estudio para tatuarse con él. “El chavo llegó a ponerse dos letras: la de su esposa y la de su hija, que se habían muerto por complicaciones en el embarazo. Saliendo de la Cruz Roja se fue a tatuar sus nombres. Eso es lo más significativo que he visto”.

Mango considera que ser tatuador no es fácil, pero termina convirtiéndose en un estilo de vida, el cual disfruta en todo momento. “A veces hay mucha presión porque a veces tengo clientes muy exigentes. Antes era más difícil vivir del tatuaje porque no estaba de moda y no tatuabas tanto como hoy. Ahora hay mucho trabajo, pero a final de cuentas si no eres bueno no te va a ir bien”.

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El talento de Mango lo ha llevado a recorrer el país en distintas expos de tatuajes y ha sido reconocido con varios premios por los diseños que realiza. El pasillo de la recepción de su estudio tatuajes está repleto de los premios de él y su hermano, cambiando los prejuicios y demostrando que se puede ser exitoso en el mundo de la tinta.

"He ido a varias expos de tatuajes, no tantas como yo quisiera, y he ganado varios premios, no tantos como yo quisiera. Sí me ha servido mucho porque me levanta el ánimo de seguir echándole ganas. He conocido a gente muy chida y he vivido experiencias que no hubiera vivido si no me hubiera dedicado a esto".

El reggae de Mango

Además del tatuaje, la música es otra de las pasiones de Mango. Cuenta que desde pequeño le gustaba tocar la guitarra y cantar. Hoy complementa su profesión de tatuador con su banda llamada Reggae con Mango, un grupo en donde predomina el reggae combinado con sutiles toques de ska.

La música es alegre y con un ritmo relajado, así como la personalidad de Mango. "No trato de vivir de la música, lo hago más bien como un hobbie. Si se pudiera vivir lo haría y tatuaría sólo de hobbie. Ahora lo hago sin fin de lucro".

Mango afirma que casi no tiene vida social pues pasa la mayor parte de su tiempo en el estudio, pero no es algo que lo moleste. "Me gusta porque me dedico a diseñar tatuajes o a componer canciones. De mi casa me vengo para acá y viceversa, a veces me quedo en el estudio ensayando".

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Sueños

Ahora, Mango también divide su tiempo en Angélica, su pequeña hija de diez meses, y espera la llegada de su primer varón. "Si es niña no importa, lo seguimos intentando hasta que salga el niño", afirmaba Mango con una sonrisa antes de conocer el sexo del bebé

Pese a que los tatuajes se popularizaron durante el siglo pasado, aún quedan personas que muestran recelo ante ellos y juzgando a quienes los portan. Mango cree que esta percepción ha cambiado en los últimos años. "Antes sí estaba bien feo. Aún hoy de repente me hacen comentarios o me ponen caras. Nunca falta la señora que te ve feo cuando vas al banco; pero sí ha cambiado mucho. También he tatuado a muchos padres de familia e incluso a viejitos. Ya son más abiertos; la próxima generación ya no va a batallar nada".

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En cuanto a los planes de Mango está el repuntar más con su negocio y viajar a otros países. "Me gustaría levantar el estudio como se debe, necesito estar un rato aquí. Mi sueño más grande es viajar a otros países y ganar premios. Me gustaría poder llevar a mi familia a todos lados conmigo".

Mango nació en Piedras Negras, Coahuila, pero él dice sentirse lagunero y lo afirma con orgullo. Aunque se imagina viajando a otras ciudades del mundo dice que La Laguna es el lugar a donde siempre planea regresar.

"La Laguna representa todo para mí. Es mi casa y de aquí no me quiero ir. Yo me imagino aquí y nada más, es más, si se puede hasta me gustaría morir aquí. En unos 20 años sí me veo con mi familia y voy a tatuar hasta que pueda, incluso cuando sea viejito", dice Mango

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El color de Mango

Mango pertenece a una familia de tatuadores. (FOTOGRAFÍAS: MICHEL MORÁN)


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