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ROBERTO MARTÍNEZ GARCÍA Domingo 12 de jun 2016, 11:11am ... Anterior 14 de 14 Siguiente ...

Siglos de historia: Canto cardenche: un sentido lamento de peón

Grupo cardenchero de la Flor de Jimulco, Coahuila, y Sombreretillo, Durango

Canto cardenche: un sentido lamento de peón

Primera Parte

La Región Lagunera es un espacio geográfico situado entre los estados de Coahuila y Durango, equidistante de las ciudades capitales de los dos estados y rodeada por desierto, se conserva como un manchón densamente poblado y con características propias. En 1871, sólo era habitada por 21 mil personas que tenían como centro principal a la villa de Viesca. Dos eventos dieron oportunidad para que la región acelerara su desarrollo y crecimiento demográfico: a) la Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), que forzó el comercio a través de los márgenes del Río Bravo, de tal manera que la necesidad de materias primas incentivó a los comerciantes del noreste para abrir nuevos campos a la producción, dirigiendo su vista hacia La Laguna; b) el tendido de vías sobre la llanura norteña mexicana hacia 1883-1884 que incluyó las tierras laguneras. Sin dudarlo, el ferrocarril dinamizó el intercambio comercial y con ello el desarrollo. Los inmigrantes de todas partes se aglomeraban en los patios ferrocarrileros para trasladarse a la tierra de promisión y, como los pioneros del oeste norteamericano, llegaban a La Laguna sin bienes económicos y por lo tanto eran compradores en potencia de todo lo que se vendiera.

Ya para fines del siglo XIX La Laguna contó con mas de 100 mil habitantes, Torreón y Gómez Palacio habían surgido como producto del boom económico algodonero que propició el establecimiento de industrias procesadoras de algodón y sus derivados como: hilados y tejidos, aceites y jabones, glicerina, etcétera. El campo demandó trabajadores para la atención del cultivo, principalmente en la época de recolección donde se requería abundante mano de obra, incluso de mujeres, niños y ancianos. Durante ese periodo las familias veían aumentar considerablemente sus ingresos.

El canto cardenche ¿Desde cuándo?

La evidencia más antigua encontrada al respecto se puede encontrar en la obra del historiador Jean Meyer en su obra "Yo, el francés", es una recopilación de testimonios históricos sacados de las cartas y escritos de los soldados franceses que vinieron a México en apoyo del Imperio de Maximiliano en los años 60 del siglo XIX y que se encuentran en la biblioteca de Los Inválidos en París. Hay un relato de uno de ellos donde menciona estar en la hacienda de Avilés (hoy Ciudad Juárez, Durango) y atendidos muy bien por Flores. Se trataba de Juan Nempomuceno, el propietario. Pero vayamos al testimonio el que empieza cuando el francés asegura: "A propósito de historias… de pronto el mexicano me miró, sonrió y dijo: "vamos a hacer cantar al lobo". Entonaron un canto muy singular al que le dicen "cardenche", el coplero lanzó sus versos y después de varios intentos escuché con asombro la respuesta de los coyotes. Los lobos repetían la misma armonía y hasta los falsetes del coplero. Cuando terminaban los coyotes, el jinete cantaba, luego los coyotes repetían y al final todos a coro, mexicanos y franceses, hombres y animales entonamos los falsetes con entusiasmo".

Un estilo para cantar

La llegada de inmigrantes nacionales llegados principalmente de los estados circunvecinos como Zacatecas, Jalisco, Aguascalientes, San Luis Potosí, centro de Coahuila y Durango enriquecieron, aún más, el repertorio del canto cardenche; ya que sin riqueza material alguna, se establecieron en los diferentes ranchos y haciendas; trajeron, eso sí, un rico bagaje cultural heredado de sus ancestros, ejemplo de ello fueron el canto y la música que, combinados con las costumbres locales dieron origen a la expresión musical que sobrevive en algunas poblaciones de la Comarca Lagunera; en ella, el canto no tiene ningún apoyo instrumental y se ejecuta a tres voces: a) la primera, fundamental o central, es la que dirige y lleva el tono, recurre a los silencios para tomar un traguito de sotol, o bien fumar un cigarrillo. Con movimientos reconocidos por los intérpretes reinicia el canto y hay ocasiones en que llama la atención a algún miembro que desentona; b) la de arrastre o marrana, voz grave, de tesitura invariablemente de bajo; c) la contralta o requinto, que le da una de sus características principales: tono agudísimo, potente, da la sensación de lamento, voz desgarrada y de un dramatismo especial, escuchar a los cardencheros entonando alabanzas a Cristo tendido, en Semana Santa, o bien, a un difunto de su comunidad, es algo único, es un lamento doloroso como el que se manifiesta al tratar de desprenderse una espina de cardenche clavada en la piel. La noche oscura, el pequeño grupo, respetuoso, doliente, hace cimbrar a los más fuertes corazones:

Los treinta y tres años que mi hijo vivió,

los treinta y tres años que él me obedeció.

Vamos siguiendo los pasos,

por esta larga estación,

recíbenos en tus brazos,

Señor de la Expiración.

Para explicar el origen de este estilo polifónico para cantar a capela, han surgido varias líneas generales que nos pueden ayudar -aunque no del todo- a desentrañar las dudas, veamos: a) que este estilo de canción es originario de La Laguna, pues sus antiguos habitantes -negros, indígenas y castas- ya lo interpretaban al imitar los aullidos de los coyotes o cantando en las cuevas y haciendo una segunda voz, la que producía el eco; a fines del siglo pasado con motivo de la intensa inmigración, los laguneros absorbieron un repertorio que venía o tuvo su origen en otros lugares, adaptándolo y transformándolo, según sus necesidades o temperamento, cuyo recuerdo ha sido transmitido de generación en generación. b) los estudiosos de música han concluido que posiblemente el origen del género sea de la época colonial, pues presupone ornamentación del Renacimiento y barroco, así como un señalado lirismo, arquetípico de las expresiones románticas del siglo XIX.

Aunque algunos campesinos conservan cuadernos de letras, esto es una extravagancia en el contexto del canto cardenche, pues el sustento del género es la oralidad: las melodías y los adornos se conservan en la memoria, listos para interpretarse por la tarde, después de las faenas del campo, enmarcados por una languidez de paisaje que parece penetrar en el fraseo de las canciones: arbustos bajos, cerros distantes, cactos -el cardenche es uno de ellos- y polvo alzado por la luz. La ejecución del canto cardenche es única e irrepetible, de ahí la imposibilidad de su transcripción al lenguaje impreso de la música.

Los grupos de cardencherosTodavía en los años 90 se conservaban dos grupos organizados de campesinos que interpretaban canto cardenche: el de Sapioriz en el municipio de Lerdo, Durango, y el de La Flor de Jimulco en el de Torreón. El primero fue fundado por don Eduardo Elizalde (+) y tuvo como integrantes a don Pablo García Antúnez y don Juan Sánchez Ponce las enfermedades provocaron que fueran sustituidos por Fidel Elizalde y Genaro Chavarría. El grupo interpreta canciones de amor y desprecio con gran dramatismo.

El grupo de La Flor de Jimulco nació por iniciativa del líder campesino, Arturo Orona, y se formó con su hermano Francisco "Kiko" Orona (1904-1994), don Francisco Beltrán y Andrés Adame (1921-1990). A éste lo suplió don Andrés Galindo. La característica era la interpretación de corridos, principalmente de origen zacatecano. La pérdida física de "don Kiko" cimbró la existencia del grupo, pues él era el alma del grupo. Se siguió luchando para preservarlo con la inclusión de don Andrés Galindo y uno de los hijos menores de don Francisco Beltrán.

¿Para quién se canta?

En un medio donde la única forma de entablar relación entre jóvenes parejas eran las oportunidades que se presentaban en los esporádicos bailes, la canción nocturna de amor sirvió para desfogar los sentimientos amorosos, los mensajes se entendían muy bien:

Yo sé bien que los de tu casa te mortifican,

y que ni a la puerta te dejan salir.

No seas tonta, no te acuestes a dormir.

Vélales el sueño, vélales el sueño,

y a ver si puedes salir.

Pero la temática podía abarcar el desamor, el desprecio, la épica popular transcrita en corridos o la vida cotidiana, como aquella cardenche que refiere los trabajos que desempeñaban los mineros de Mapimí, sus instrumentos de trabajo -cincel, martillo y pala- y sus deseos por cobrar un salario en sábado.

Me dijo mi poblador,

que si traiba compañero,

y yo le dije que no,

y me juntó con un arriero.

Páramela compañero,

que ya quero trabajar,

arrímate los tres fierros

para el sábado rayar.

Coordinación de la serie:

Yeye Romo Zozaya

Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx.

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Foto donde aparece una planta de cardenche.


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