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Siglo Nuevo

Vicente Razo

El arte de la crítica hecho museo

Jesús González Encina
miércoles 07 de octubre 2015, actualizada 5:41 pm

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La obra del artista conceptual Vicente Razo está construida a partir de los más diversos e insólitos materiales y aunque una mirada simple haría pensar que es absurda, la verdad es que lleva implícita una postura profundamente crítica frente al sistema.

México es un país sumamente complejo, a la excesiva riqueza de unos pocos, se opone la extrema pobreza de muchos. Somos por tanto un país de excesos y contrastes. Al mexicano le gusta coleccionar, nos gusta la cháchara, el recuerdo de la boda o de la quinceañera, que muchas señoras atesoran en su casa todavía como si de piezas de colección se trataran. Nuestra artesanía es infinita y no hay visita a ciudad del país que no venga acompañada del recuerdo o regalo para la familia o el amigo. Por eso vemos que el coleccionismo no es cosa únicamente de ricos o políticos, claro allá está el interés por el gusto personal o el prestigio que da el arte. De hecho, los primeros museos importantes de nuestro país fueron desarrollándose con el apoyo del Estado para preservación y divulgación de nuestro patrimonio, sin estar exentos de servir de propaganda política a fines del partido en el poder. La exención de impuestos o el lucimiento personal, ha hecho que varias colecciones privadas se hayan hecho públicas en todo el país, para beneplácito de los amantes del arte o el turista aficionado. Por lo tanto en un país lleno de museos, que son vitrinas de las más variadas expresiones artísticas, no pude faltar un museo que como obra de arte conceptual critique al personaje más emblemático de los últimos tiempos de la política nacional y ponga de manifiesto el carácter e idiosincrasia del mexicano: El museo Salinas, museo-instalación realizada en el baño de la casa del artista conceptual Vicente Razo Botey en la colonia Condesa.

Pero, ¿quién es Vicente Razo? Nacido en la ciudad de México en 1971, realizó estudios artísticos en la UNAM, tiene una maestría en Bellas Artes en la New Yorker University y asisitió al programa de estudio independiente Whitney. Ha realizado exposiciones individuales en la ciudad de México, los Ángeles y Nueva York, así como exposiciones colectivas en Londres, Madrid, Argentina, Sao Paulo, entre otras.

Vicente Razo estuvo coleccionando por varios años diferentes objetos que hacían burla de del expresidente Salinas de Gorati, máscaras de su propio rostro o como chupacabras o vampiro, exagerando sus rasgos más prominentes, monos de papel maché que a modo de judas, de traidor, deberían de ser quemados en Semana Santa. Esa es la venganza del mexicano común, del pueblo que imposibilitado de expresarse, o sentir que sus críticas sean escuchadas en los altos círculos políticos, lo hace de manera anónima a través de la artesanía o de productos populares que serán usados en Halloween o cualquier fiesta de disfraces, exteriorizando así su molestia y desagrado ante los abusos de poder. Vicente Razo coloca toda esta colección en el baño de su casa y la abre al público en 1996, acudiendo a contemplarla desde el ciudadano común hasta intelectuales, periodistas nacionales y extranjeros, entre quienes causa asombro y sensación.

El museo se puede leer e interpretar desde varios ángulos, por un lado, como una crítica al elitismo de los museos oficiales, al establecerse el museo Salinas como una entidad independiente y libre, y por otro lado cumple su función al preservar estas baratijas que sin embargo hablan del sentir de un país y que de otra manera se habrían perdido.

En un gesto digno de Duchamp procede a la inversa, este último llevó el baño al museo en la producción de su obra La Fuente, que no era otra cosa que un mingitorio, transformado en obra de arte por la voluntad y la firma del artista. Por su parte, Razo lleva el arte al baño, transformado en museo también por obra y voluntad del creador. Esto dice mucho de la función del arte y el museo en particular en el panorama del arte nacional. Últimamente ha habido voces disidentes de artistas que denuncian que los espacios de exposición de los museos están tomado por ciertos artistas subvencionados por las élites del poder, cerrando dichos espacios a aquellos creadores que no gozan de la preferencia de esos círculos. Esto ha hecho que los jóvenes artistas busquen alternativas, como el adaptar sus propias casas o locales, en museos o talleres experimentales, para desarrollar un arte libre sin deudas o compromisos políticos, como en el caso del mismo Razo o La Quiñonera.

Haciendo una crítica a la alienación de la producción del arte contemporáneo, es decir, su institucionalización a través de los organismos de gobierno, su 'elitización' a través de la colecciones particulares y su comercialización a través de las casas de subastas, donde la esencia principal debería ser la expresión del artista y su visión del mundo, contrario al producto vendible en que se ha convertido en los últimos tiempos con cifras astronómicas y obras efímeras; Vicente Razo constituye el Instituto de Liderazgo en Aristas A.C. cuya acta constitutiva, realizada a través de un notario, es la obra de arte misma, señalando irónicamente los procesos corporativos a que se han sometido todos los aspectos de nuestra vida bajo el control omnipresentes del Estado. Una de la primeras acciones de esta asociación fue la serie Jornadas de Poesía Administrativas, llevadas a cabo en diferentes foros, donde artistas, poetas o funcionaros, entre otros, se dieron a la tarea de leer de manera dinámica en público, una serie de documentos legales como la misma acta de fundación de la asociación, oficios, contratos, recibos, etcétera. Dice Vicente Razo: “Que aviente la primera piedra, o jitomatazo, aquel que esté libre de todo trámite”. ¿Será acaso buscar poesía en escritos burocráticos o, más bien, una mirada irónica al eterno trámite en que se ha constituido nuestra vida: contratos, permisos, licencias, títulos, actas..?

Buscando siempre trabajar con materiales de deshecho, la última obra de Vicente Razo es Apagónanalógico, que critica la tendencia en el mundo de digitalizar todas las señales para evitar interferencias, es decir, para tenerlo todo bajo control. La videoinstalación se constituye por cuatro monitores y dos máquinas de video donde se muestran piezas videográficas realizadas hace diez años. Aquí busca experimentar con materiales de desperdicio que adquieren una nueva significación por obra del artista, interesado por la estática, el ruido, la interferencia, todo aquello que tenderá a desaparecer en un mundo cada vez más cuadriculado, controlado y alienado, que no deja nada a la espontaneidad, las texturas, las diferencias.

La obra de Vicente Razo podría parecer absurda en un primer momento, bajo la mirada superficial del espectador, sin embargo tiene más profundidad de lo que aparenta. En su obra, que utiliza los más variados materiales, siempre subyace una crítica al sistema en que se ha constituido el proceso artístico: un mundo globalizado, corporativizado, que ha generado instituciones poderosas que manejan a diestra y siniestra el mundo del arte, desde las instituciones públicas, hasta los museos, galerías, casas de subastas y coleccionistas que apuestan por tal o cual artista, dejando poco campo para la expresión reflexiva de nuevos artistas.

La obra de Razo corresponde pues a una obra conceptual que busca junto con otros creadores de su generación, reflexionar sobre todo esto, buscando formas alternas de expresión y espacios que no estén casados con intereses particulares. Y si bien es cierto que finalmente la obra de Razo sea apoyada por instituciones como la UNAM, por lo menos su proceso creativo es fiel a su visión del artista, cuya función será, ser un lúcido espectador y traductor de nuestra realidad, a través de su obra.

Correo-e: [email protected]

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