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Enrique Sada Sandoval, investigador histórico Domingo 24 de may 2015, actualizada 8:26am ... Anterior El Siglo 5 de 7 Siguiente ... El Siglo

De mala fide: las violaciones al Tratado de Guadalupe-Hidalgo

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Al igual que sus paisanos, el filibustero William Walker justificaba sus intentos de invasión a México con este mismo pensamiento:'Sólo los idiotas pueden hablar de mantener relaciones estables entre la raza americana, pura y blanca, y la raza mezclada indo-española tal y como existe en México y Centroamérica. La historia del mundo no ofrece ejemplos de ninguna utopía en la que una raza inferior ceda pacífica y mansamente a la influencia directora de un pueblo superior'.

SIGLOS DE HISTORIA

Segunda parte

Uno de los primeros intentos de invasión filibustera fue la creación de la llamada República de Sierra Madre, formada por aventureros norteamericanos en territorio mexicano, en donde se permitiría la esclavitud. Este proyecto, sin embargo, fracasó por no contar con el apoyo del presidente Polk, quien consideró dicho plan como una violación al Tratado de Guadalupe-Hidalgo7.

Un segundo intento sería encabezado por el texano José María Carvajal, quien impulsado por comerciantes estadounidenses intentaría sin éxito dar vida a la República de Sierra Madre, contando a su vez con el apoyo de liberales y federalistas mexicanos. Lo peligroso de esta aventura filibustera fue que atrajo también a soldados norteamericanos que en busca de adueñarse de territorio mexicano llegaron a unirse a las filas de Carvajal, quien planeaba empezar por desmembrar el estado de Tamaulipas. Irónicamente, en vez de terminar sus días fusilado o encarcelado, terminó siendo gobernador de Tamaulipas nombrado por el mismo Benito Juárez, quien lo envió en 1865 a los Estados Unidos para solicitar más apoyo económico y militar en su lucha contra el Segundo Imperio Mexicano8. Esta fue la suerte de Carvajal, aquél a quien se le llamaba públicamente traidor y vendido al oro yanqui desde el inicio de su carrera como filibustero.

Otro intento de incursión filibustera digno de añadir fue el emprendido por el Conde Gastón Raousset de Balboun en Sonora. Tras la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo se desató la "fiebre de oro" en la Alta California, de donde muchos norteamericanos llegaron a amasar una fortuna en poco tiempo. Se creía que las vetas del preciado mineral se extendían tanto a la península de Baja California como al estado de Sonora, ambas del lado mexicano. Esta creencia se mantuvo todavía hasta la segunda mitad del siglo diecinueve.

Lo importante de esta aventura filibustera es que marcó un precedente para la que sería una expedición más peligrosa para la soberanía mexicana como lo fue la organizada por William Walker entre 1853 y 1854. Walker, un aventurero que fuera asistente del editor del San Francisco Daily Herald y que se había graduado como médico y abogado, supo del fracaso del proyecto de Raousset en 1852. Para esas fechas recibió una invitación por parte de su amigo Frederick Emory para tomar parte en una nueva expedición contra Sonora. Se embarcaron hacia Guaymas en 1853 con el fin de pedir permiso al estado para iniciar un engañoso proyecto de colonización con el pretexto de combatir a los apaches. La autoridad portuaria, al tanto de las verdaderas intenciones de los forasteros, les impidió el desembarcó para llegar a Ures y entrevistarse con el gobernador Manuel María Gándara. Aunque volvieron a California con el fin de armarse, reclutar voluntarios y reanudar su proyecto, su primer visita puso en guardia tanto a las autoridades locales como al gobierno central ya que el mismo Ministro de Relaciones Díez de Bonilla le llegó a advertir de las intenciones de Walker al Ministro norteamericano Gadsden.

Mientras tanto, los filibusteros no habían perdido el tiempo, pues se dedicaron a vender bonos garantizados por las tierras que aún no invadían para reunir capital en California. Desembarcaron de San Francisco, la ciudad más contagiada por la euforia filibustero, sin saber que el gobierno norteamericano, que en ese momento negociaba un nuevo Tratado de Límites con el gobierno de Santa Anna, había girado órdenes al general Ethan Allan Hitchcock para detener la expedición. Sin embargo, la presión de la prensa californiana consideraba a los filibusteros como héroes por dar cumplimiento: "al Destino Manifiesto de la raza anglosajona"9. El caso fue turnado a una corte, y Walker quedó absuelto por el tribunal.

Nuevamente, haciéndose a la mar a bordo de la goleta Caroline, propiedad del hijo del cónsul estadounidense en Guaymas, Walker emprendió su tercer intento portando esta vez una bandera mexicana. Desembarcó en Cabo San Lucas para de ahí pasar a La Paz con el fin de llegar a Sonora. Por su parte, el gobierno mexicano estaba persuadido de que el gobierno estadounidense encubría su responsabilidad bajo apariencia de "buena fe", y veía en estos intentos una táctica intimidatorio para inducir al gobierno mexicano a una nueva cesión de territorio. Tras haberse proclamado presidente de la República de Sonora, que comprendería la Sonora y la Baja California, Walker ofreció batalla hasta ser derrotado por el hambre y la deserción. Huyó a San Diego, California y se entregó a las autoridades norteamericanas que lo sometieron a juicio por haber violado las leyes de neutralidad. El jurado, tras deliberar por ocho minutos, lo exoneró y lo declaró inocente. Walker al fin terminaría invadiendo Centroamérica y moriría fusilado años después en Nicaragua.

El ideario de Walker, además de los verdaderos motivos que le animaban a invadir México como filibustero, habla por si mismo según las palabras que este pronunció desde 1854: "Sólo los idiotas pueden hablar de mantener relaciones estables entre la raza americana, pura y blanca, y la raza mezclada indo-española tal y como existe en México y Centroamérica. La historia del mundo no ofrece ejemplos de ninguna utopía en la que una raza inferior ceda pacífica y mansamente a la influencia directora de un pueblo superior"10

El maltrato infligido tanto a mexicanos como a mexico-nortaemericanos continuaría por muchos años a pesar de las obligaciones suscritas del gobierno estadounidense en los artículos octavo y noveno del Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Al gobierno estadounidense no le importaba en absoluto su cumplimiento, y las autoridades locales no simpatizaban con los mexicanos ni con sus descendientes en ningún lado de la frontera, por lo que dejaron a ambos grupos desprotegidos frente a sus opresores y explotadores.

Las constantes violaciones al Tratado de 1848 por parte de los norteamericanos, habían sido suficientes como para convencer a México que la "negligencia" estadounidense manifestaba la intención de hacerse de más territorio a costa de intimidaciones y despojos. Pero la última y más grande de todas las violaciones norteamericanas al tratado suscrito todavía estaba por venir.

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7 Zorrilla, op. cit., Vol. I, p. 199.

8 Ibidem, p. 452 y 453.

9 Daily Alta California , December 9 1853, American Memory Collection.

10 Weinberg, Albert K, Manifest Destiny: A study on nationalism in American History, p.211, Chicago, 1963.(pp 33-34).

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De mala fide: las violaciones al Tratado de Guadalupe-Hidalgo

Al igual que sus paisanos, el filibustero William Walker justificaba sus intentos de invasión a México con este mismo pensamiento:"Sólo los idiotas pueden hablar de mantener relaciones estables entre la raza americana, pura y blanca, y la raza mezclada indo-española tal y como existe en México y Centroamérica. La historia del mundo no ofrece ejemplos de ninguna utopía en la que una raza inferior ceda pacífica y mansamente a la influencia directora de un pueblo superior".

De mala fide: las violaciones al Tratado de Guadalupe-Hidalgo

Los abusos, asesinatos, despojos y violaciones contra mexicanos en California y Nuevo México dio pie a la figura de vengadores del decoro nacional contra los norteamericanos en la figura del célebre Joaquín Murrieta, alias "El Patrio", inmortalizado a la postre bajo la mítica figura novelesca de "El Zorro".

De mala fide: las violaciones al Tratado de Guadalupe-Hidalgo

Uno de los proyectos secesionistas fue el de la llamada República de Sierra Madre, encabezado por el filibustero proyanqui José María Carvajal, traidor a los mexicanos desde 1836, bajo tutela de Sam Houston, y gobernador juarista de Tamaulipas y San Luís Potosí en 1865.


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