PLAZA PÚBLICA, El Siglo de Torreón
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Gómez Palacio y Lerdo

PLAZA PÚBLICA

Plaza Juárez: Sus espacios verdes (1)

HÉCTOR RAÚL AVENDAÑO
domingo 25 de enero 2015, actualizada 9:26 am

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Las plazas públicas, en cualquier ciudad del mundo que se precie de noble y progresista, reflejan con mucho la personalidad, el gusto y las aspiraciones de sus pobladores.

El Grupo Consultor para la Gestión del Espacio Público (GEP), dice, citado por el popular sitio de consultas Wikipedia, en su entrada "Plaza": "Desde los orígenes la plaza ha constituido un órgano biológico de la ciudad, incorporado a la vida de la comunidad como su espacio más convocante. Desde que en la prehistoria, las chozas de la tribu se agruparon en círculo, el espacio central empezó a cumplir la función de escenario de la vida comunitaria. Mucho después se incorporaba a la plaza una actividad principal, el mercado. Sus símbolos fueron la fuente de agua, y el monumento. La plaza funcionó, siempre como patio urbano y atrio de los edificios más representativos de la comunidad". A la fecha, en muy contadas ciudades del mundo se conserva la actividad comercial, por razones de higiene.

Continúa Wikipedia, citando de nuevo al GEP: "…desde la cultura liberal, las plazas urbanas se clasifican como espacios verdes… predomina el piso vegetal, con tratamientos de jardinería. Son plazas para el paseo y el reposo, salvo un sector equipado para la recreación infantil". Atendiendo a éstas y otras características, nuestra Plaza Juárez de Gómez Palacio, Dgo., adopta la forma cuadrangular de herencia española, tipo plaza jardín (espacios que conceden prioridad a las formaciones vegetales). Ésta fue su vocación original, acorde a los requerimientos de la zona semidesértica donde está enclavada.

Los recuerdos de la niñez -que datan de 1956- y la apreciación de fotografías de mayor antigüedad nos impulsan, al igual que a un puñado de gomezpalatinos, a pugnar porque se recupere ese pulmón, esa mancha verde que debe ser remanso en los días del estío para los niños y los adultos de la tercera edad que son sus asiduos visitantes.

De esos anhelos y otros más se tejía la plática que el día 8 de febrero de 2013, por la tarde, nos ocupaba a mi amigo Francisco Lastra González, ingeniero agrónomo con especialidad en fruticultura, egresado de la Escuela Superior (hoy Facultad) de Agricultura y Zootecnia de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), y al que esto escribe, mientras saboreábamos una limonada en el famoso estanquillo que por herencia de su señor padre, Mingo, ahora atiende el amable licenciado en Administración de Empresas Juan Antonio Casillas Garza en la plaza de nuestra preocupación.

En un momento dado, con la mirada puesta en los jardines, el ingeniero Lastra me comenta: "La Plaza Juárez no está cumpliendo con su propósito de dar esparcimiento, sombra, frescor y una atmósfera cargada de oxígeno y aromas vegetales. Ya casi no hay árboles; esto se ha convertido en un "asoleadero", más propio para broncearse que para el reposo. ¿Por qué no se rescata?"

Al cuestionarlo "¿Qué sugieres?", contesta: "Estamos en época de poda para frutales y ornamentales, período de poda invernal, la cual debe de realizarse durante los cinco días anteriores a la fase de luna nueva y los dos de ésta (esto es, actualizándonos en este 2015 sería del 13 al 19 de febrero, tomando en cuenta que cada año varían las fechas de las fases lunares). Se poda en estas fechas especiales para eliminar las ramas enfermas, secas o dañadas, lo que el fortalece el árbol y ayuda a la formación de la copa, además de controlar su tamaño y saneamiento.

"Primeramente hay que allegarse la herramienta adecuada: una sierra o 'serrote' manual, tijerones y tijeras de podar, para luego definir qué quieres de tu árbol. En caso necesario, quitar los chupones de abajo -brotes que si no se arrancan inmediatamente se convierten en múltiples ramas- y, cuando se les permitió crecer, dejar de ellos solamente un tronco, el más fuerte, el más sano, el mejor colocado; esto es, el que está en posición hacia el norte, contra los vientos del mismo rumbo, con la intención de que éstos en su oportunidad no lo desgajen.

"A continuación, quitar las ramas que se cruzan y las que apuntan hacia abajo, dejando las más fuertes y que apunten hacia arriba; así conseguiremos árboles frondosos, copudos, altos, que prodiguen sombra, si se trata de áreas verdes. En relación con los frutales (por ejemplo los cítricos), se pueden dejar varias ramas o chupones para cuando sea temporada de fruta nos quede a la mano.

"Siempre que podes debes usar herramienta con buen filo para no causar más daño que el necesario para el corte, debiendo hacerlo arriba de la yema, para dar oportunidad a que surja un nuevo brote que al crecer nos ayude a cerrar la herida".

"¿Qué opinas del estado que presentan los escasos árboles de la plaza?", le inquiero a mi amigo, quien, con expresión no ajena de tristeza, me responde: "A leguas se notan mal manejados. No se les aprecia poda; presentan de tres a cinco ramas sin suprimir, lo que impide su desarrollo. Cosa diferente sería si se les dejara una sola rama.

"Hay muchos árboles secos que tienen más de un año en esa condición y no se han sustituido. Esos lugares deberían de ser ocupados por otros árboles en edad de dos a tres años, con un mínimo de cuatro pulgadas de diámetro, por ejemplo: moro, de la especie que no da fruto (para muestra un botón: en verano, el que se aprecia con su gran fronda frente al puesto de Mingo); álamo lagunero -alamillo-, que crece en las márgenes del Río Nazas y en poco tiempo brinda una sombra abundante; y la lila de sombrilla, que aguanta el frío y su flor ofrece un aroma agradable.

"El fresno pudiera ser otra opción. Es muy frondoso y aguanta el frío, aunque requiere de mucho agua, lo cual no sería obstáculo si se canalizara el desperdicio de los bebederos. En última instancia, qué tanto puede costar que una pipa preste el servicio de regar adecuadamente el arbolado. Precisamente por falta de líquido suficiente se ha ido erosionando el patrimonio forestal".

Siguiendo con nuestra preocupación, ingeniero Lastra, ¿qué nos puedes recomendar sobre la reposición de árboles? A lo que responde: "La plantación debe hacerse lo más cercano a la fase de luna llena (esto es, actualizándonos en este 2015, sería del 28 de febrero al 5 de marzo). Previamente -de 20 a 30 días- se deberá hacer el hoyo o la cepa donde se plantará el árbol para que le dé el aire y el sol -se 'intemperice'-, debiendo ser de mayor dimensión que la raíz (ampliar unos veinte centímetros) y utilizar ese espacio para rellenarlo con tierra nueva, es decir, la que expusimos al aire y al sol, mezclada con composta.

"Cuando el suelo es arcilloso se puede hacer una mezcla por partes iguales de arena, composta y la tierra del lugar; en terreno arenoso se invierte la fórmula.

La composta es muy importante porque nuestros suelos son pobres en materia orgánica y de un buen suelo depende un buen desarrollo del árbol, su producción (frutales) y su crecimiento (ornamentales)".

"Ingeniero Lastra, a simple vista se aprecia la existencia de plagas en la corteza de los árboles adultos. ¿Cuál es el origen?" Nos explica: "La termita, la pudrición de la raíz y de la corteza que actualmente están presentes en los fresnos viejos o avejentados de la plaza son causadas por riego insuficiente y carencia de materia orgánica en el subsuelo, lo que produce estrés e incidencia de enfermedades. Se riega superficialmente el pasto de los jardines, no propiamente a los árboles de grandes alturas".

"Con sólo levantar la vista podemos observar las copas secas de los árboles grandes, síntoma inequívoco de la falta de agua. Pudieran reaccionar si desde ahora los regamos todo este mes en cantidades abundantes, previa formación de su cajete a cada árbol y, de no reaccionar la copa con el tratamiento en un mes (y medio), segunda semana de marzo, proceder a podarla para provocar su reactivación."

Con las recomendaciones expuestas, que son fruto del estudio y la experiencia en el manejo de áreas verdes, concluye su docta charla el ingeniero Francisco Lastra González. Antes de despedirnos, paladeamos el último trago de nuestra fresca limonada.

Coletilla dirigida a nuestras autoridades de la región lagunera: Una práctica y plausible manera de acopiar árboles adultos candidatos a trasplante, sin erogar dinero, pudiera ser a través de una convocatoria pública dirigida a quienes ya no desean conservar un ejemplar en sus fincas; seguramente aparecerían ciudadanos interesados en donarlos para que luzcan en un parque público y de paso den un valioso servicio a la comunidad. Talar un árbol en nuestra árida y contaminada tierra lagunera es un crimen de lesa humanidad. Nos encontramos pronto D. M. Agur.

(1) Reproducimos por estas fechas el texto actualizado de nuestra colaboración publicada originalmente en 2012 en El Siglo, por considerarla vigente y por contener un sencillo y eficiente manual del oficio de podar y plantar árboles; además, resulta útil para que en adelante no confiemos nuestro tesoro forestal a cualquier individuo que machete en mano se nos presente en casa y en lugar de poda les aplique una "joda".

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