La vista desde la carretera que bordea los cerros ofrece un campo tapizado de color naranja

Se mantiene tradición de cultivar cempasúchil en zona rural de Lerdo

Cultura VERÓNICA RIVERA

Es el ejido Monterrey, a media hora de la cabecera municipal de Lerdo, Durango. La vista desde la carretera que bordea los cerros ofrece un campo tapizado de color naranja. A mediodía, los rayos inclementes del sol desafían a un otoño que parece verano. El acceso a los campos de cempasúchil se da tras cruzar las vías del ferrocarril, justo después de pasar una pequeña plaza en el pueblo. 

Se mantiene tradición de cultivar cempasúchil en zona rural de Lerdo

9 fotos, Es el ejido Monterrey, a media hora de la cabecera municipal de Lerdo, Durango. La vista desde la carretera que bordea los cerros ofrece un campo tapizado de color naranja. A mediodía, los rayos inclementes del sol desafían a un otoño que parece verano. El acceso a los campos de cempasúchil se da tras cruzar las vías del ferrocarril, justo después de pasar una pequeña plaza en el pueblo.  »


Flor de Cempasúchil,Día de Muertos

Durante el camino por terracería, se puede observar a algunos laguneros haciendo uso a sus cámaras fotográficas para capturar un momento familiar que compartir en sus redes sociales. Pero detrás de esos campos llenos de color, se esconden las historias de campesinos que este año, pese a presentar perdidas económicas por la crisis de la COVID-19, decidieron continuar con la tradición de la siembra, en esperanza de que todo mejore.

A la sombra de un gran moro, Paulo Calderón Delgado extrae agua de una noria para regar la parcela que pertenece a su madre. Allí relata que su relación con el cempasúchil se dio desde muy joven y que su padre le dio instrucción para trabajar correctamente la flor. "Mis papás empezaron a trabajarla. Uno va creciendo y sigue la tradición de ellos".

Paulo recuerda que, desde que tiene uso de razón, la flor de cempasúchil ha decorado el paisaje del ejido. Su cultivo ha sobrevivido al relevo de generaciones: su padre trabajó los campos durante 70 años, él lleva 20 haciéndose cargo de ellos. "Mi padre inculcaba que es una tradición que uno debe de seguir y que cuando él no estuviera, le daría gusto que uno la siguiera".

Al iniciar el mes de agosto, la tierra se rastrea y bordea con tractor para a continuación plantar el cempoal ya germinado. En el transcurso, se trabaja en jornadas diarias desde las 8:00 hasta las 13:00 horas. Para el 28 de octubre las ventas solían dispararse y eso provocaba que empezara el corte de la flor. El manojo sacado directo del campo cuesta entre 15 y 25 pesos, mientras que en locales de la calle Blanco de Torreón se ofrece de 30 a 50 pesos.

Paulo menciona que el trabajo de esta flor es similar a otros cultivos. El primer paso es colocar fertilizante después de la plantación. Luego, se debe administrar correctamente sus riegos, el agua es muy importante. Si hace mucho calor, el riego se debe implementar cada ocho días. En cambio, si el clima está fresco, se debe regar cada 10 u 12 días. Además, se debe fumigar el plantío para evitar plagas. Estar al pendiente de las necesidades de la flor es primordial para obtener un producto de calidad.

A pesar de mantener la tradición de esta siembra, las ventas se han visto afectadas por la pandemia de COVID-19. "El año pasado sí se vendió, había más flor y sí se vendió bien; de aquí salió toda la flor. Ahora hay menos flor y por la contingencia creo que a lo mejor se va a quedar".

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