Sobreviviente de cáncer de mama disfruta cada momento de su vida

Torreón GUADALUPE MIRANDA

Norma Leticia Cázares es una sobreviviente de cáncer de mama. Tras vivir un duro proceso, hoy disfruta cada momento de su vida, desde despertar, ver a su hija más pequeña, hasta el canto de un pájaro y sentir el viento en su cara.


Tiene 43 años de edad y aún lucha por vencer esta enfermedad, pues el cáncer regresó pero ahora en el hígado. Es madre de tres hijos: dos hombres de 20 y 21 años de edad, así como de una pequeña de 5 años.

Cuenta que fue en la Unidad de Detección y Diagnóstico de Cáncer de Mama (UNEME-Dedicam) donde encontró el apoyo que necesitaba, tanto en el personal como en otras mujeres que igual que ella luchan por salir adelante tras recibir su diagnóstico.

Hace tres años le diagnosticaron la enfermedad. Todo inició al detectarse una bolita en su seno, la cual atribuyó a la posible acumulación de leche, pues había dejado de amamantar hacía menos de un año a su hija menor. La duda se mantuvo y para aclararla acudió a su clínica familiar en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde le dieron tratamiento para esa acumulación de leche, que fue su primer diagnóstico.

Sin embargo, la bolita ganaba tamaño y la preocupación crecía. Al acudir nuevamente al Seguro Social, le dieron la orden para una mastografía y saber qué era lo que en verdad sucedía. Los días pasaron, las semanas y dos meses después, la cita no llegó.

Al externar su preocupación a una enfermera del IMSS, esta le recomendó acudir a la UNEME Dedicam, para que le realizaran la mastografía. Primero acudió al Centro de Salud, donde le dieron el número para realizar su cita, llamó y al día siguiente ya le estaban realizando el estudio.

"Entonces llego, me pasan a hacerme la mastografía y me dicen que me espere porque el doctor quiere hacerme un eco para darme un resultado más seguro, y ahí a mí no me gustó porque no a cualquiera la dejaban esperar. Entonces me espero, me pasa el radiólogo a hacerme el ultrasonido. Nomás de recordarlo es muy difícil, porque el radiólogo me dijo que tenía un tumor y que ya estaba desde el pecho hasta la axila. Que de hecho el más grande era el de la axila y me dijo que era malo", cuenta.

Al comentarle que durante años había visto imágenes así, el médico la envió a su clínica del Seguro Social para que iniciara su tratamiento y así fue.

En menos de cinco días, ya tenía su cita en la Clínica de Especialidades del IMSS número 71 de Torreón. Ahí una doctora oncóloga le dijo: "vienen ya cuando se están pudriendo", palabras que aún retumban en su cabeza solo de recordar la falta de sensibilidad. "Pensé que me iba a morir", dijo con tristeza. En ese momento, en cuestión de minutos, la doctora le dijo que primero la operarían para quitarle el tumor, después iniciaría con las quimioterapias, las cuales le provocarían la pérdida de cabello y una serie de complicaciones.

SEGUNDA OPINIÓN

No conformes con el diagnóstico, decidieron acudir al Hospital General en busca de un reconocido oncólogo ya que también contaba con Seguro Popular.

Dijo que también su trato fue duro pero diferente. "Me dijo: 'ahorita no se puede operar' pero con solo tocar me dijo que sí era cáncer y estaba muy grande el tumor. 'El tumor más grande es el de la axila y es peligroso que te operen ahorita, tú te vas directo a quimioterapia para reducirlo'". .

Recuerda que fue el 2 de abril que inició sus quimioterapias. En total serían ocho, una cada 21 días. Desde la primera, el doctor le recomendó cortar su larga cabellera, la cual siempre la mantuvo así desde la infancia. El proceso fue aún más duro, pues se negaba a que el cabello se fuera perdiendo.

"Lo más terrible es perder el cabello. Fue una de las experiencias más horribles. Yo era de una cabellera larga. Siempre desde niña es algo que todavía duele mucho. Desde la primera se empezó a caer. Pero exactamente a los 17 días se cae en 3 días. Para cuando vas a la segunda uno ya no tiene cabello".

Su hermana, quien la acompañó en este proceso, fue quien la rapó. "Lloramos las dos", recuerda mientras se logran escapar algunas lágrimas.

"Yo no me lo quise cortar porque yo decía: a mí no se me va a caer. No queremos aceptarlo. Sí se cae casi por completo. Yo me sentía como una mosca. Es algo muy difícil".

Comentar la noticia con sus hijos mayores no fue fácil. Luego de tener su diagnóstico, tardó cuatro días en anunciarles que tenía cáncer, lo que también fue un proceso muy difícil.

DE REGRESO

Al año siguiente, justo el 2 de octubre terminó sus quimioterapias y el 2 de diciembre la operaron para extirpar el tumor. Después tomó 25 radiaciones como parte del tratamiento.

Para el mes de mayo, el doctor le dijo que todo estaba limpio, sus marcadores tumorales normales, "todo estaba al 100". La citó cuatro meses después como parte del proceso, pues a los cinco años es cuando se da de alta a un paciente de cáncer, explicó. "Regreso en septiembre y mis marcadores: otra vez elevados. Me dice que algo está mal. Algo pasó", y es que su marcadores estaban en 55 cuando aún en 30 se consideran normales.

Al realizarse una tomografía para ubicar el problema, se detectó que el cáncer había regresado, pero esta vez al hígado.

Desde octubre del año pasado, Norma Leticia se encuentra nuevamente en el proceso de quimioterapia.

Debido a su largo proceso y a esta nueva batalla que enfrenta, ahora disfruta cada momento. "Yo soy ama de casa pero hay muchos detalles en que no nos fijamos y están ahí bien bonitos. Por ejemplo, yo vivo en un rancho, salgo a ver los árboles, escucho pájaros, disfruto ver despertar a mi bebé, a mis hijos, el abrazarlos más, el no saber si mañana voy a despertar o no".

Y es justamente ese el mensaje que brinda Norma, el disfrutar cada momento y siempre estar atentas ante cualquier cambio en el cuerpo, y dejar el miedo de lado.

"Yo estoy bien agradecida con Dios porque he sido muy bendecida porque gracias a él, voy de pie a mi tratamiento".

archivo
EL SIGLO DE TORREÓN/ Guadalupe Miranda

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