Contexto lagunero

Columnas Finanzas JUAN MANUEL GONZÁLEZ

Decía San Agustín “si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos”. Esta bonita frase, que es el principio del altruismo, es olvidada por muchos a la hora de pedir ayuda a otras personas. Incluso en situaciones en las que al otro le “sobran manos”, existen individuos incapaces de solicitar ayuda.


El hecho de contar con la colaboración de los que nos rodean es uno de los mayores beneficios de los que el ser humano disfruta al pertenecer a un grupo, y así lo confirman los estudios sobre el valor del apoyo social sobre nuestra salud mental y física. Lo malo es que el apoyo social no siempre viene solo y, a veces, hay que demandarlo. No saber pedir ayuda, puede ser un obstáculo importante para disfrutar de una buena calidad de vida personal y en el trabajo. Por el contrario, saber pedir ayuda se asocia con la experiencia de emociones positivas como la satisfacción, la sensación de pertenencia a un grupo, o de sentirse estimado y valorado por otros.

A muy pocas personas les gusta pedir ayuda en el trabajo. Las investigaciones en neurociencia y psicología afirman que la incertidumbre, el riesgo de rechazo, la posibilidad de bajar de estatus y el reconocimiento de pérdida de autonomía, activan, igual que el dolor físico, la misma región del cerebro. En nuestro lugar de trabajo procuramos demostrar experiencia, que somos competentes y confiables al máximo, por lo tanto, pedir ayuda nos hace sentir particularmente incomodos.

En nuestro trabajo en las empresas, es prácticamente imposible avanzar sin la ayuda de otros. Hoy el trabajo es multifuncional, se requieren técnicas ágiles de gestión de proyectos, estructuras matriciales -con más de un jefe- y culturas de oficina cada vez más colaborativas que nos demandan requerir el apoyo de gerentes, compañeros y otros empleados. También hoy, el rendimiento, desarrollo y progresión profesional dependen más que nunca de la búsqueda del asesoramiento, referencias y recursos para lograr un alto desempeño personal. Los estudios al respecto sugieren que entre el 75% y el 90% de la ayuda de los compañeros de trabajo se dan en respuesta a solicitudes directas de ayuda. Entonces, ¿Cómo puedes pedir ayuda de manera efectiva, sin sentirte menos por ello, sin que la gente sienta que quieres imponerte?

Lo primero que debemos hacer es superar nuestra renuencia a pedir ayuda, y comprender que algunas formas comunes de pedir ayuda son improductivas, porque provocan que las personas tengan menos disposición de brindar la ayuda solicitada. También debemos aprender a reconocer las sutiles señales que motivan a la gente a apoyarnos. La forma más fácil de superar el temor a pedir ayuda es darse cuenta de que las personas están sorprendentemente dispuestas a echar una mano. Las personas son mucho más propensas a ser útiles de lo que creemos que son y, además, por lo general subestimamos cuanto esfuerzo pondrán los que están dispuestos a ayudar.

Un estudio suizo realizado en el año 2017 demostró que la mayoría de las personas que brindan ayuda saben, aunque sea subconscientemente, que proporcionar ayuda les da beneficios emocionales. Entonces, la clave para una solicitud de ayuda exitosa es cambiar el enfoque hacia esos beneficios. La gente debe sentir que están ayudando porque quieren hacerlo, no porque deban hacerlo, y que además están en control de la decisión de hacerlo. Por ello, debemos evitar cualquier lenguaje que sugiera que les estamos dando instrucciones para ayudar, que deben ayudar, o que no tienen otra opción que hacerlo.

Muchas veces pedimos ayuda como: ¿Puedo pedirte un favor? -lo que hace que la gente se sienta atrapada-, o nos disculpamos diciendo “Me siento mal pidiéndote esto” -lo cual, provoca que la solicitud de ayuda no parezca positiva-, o hacer hincapié en la reciprocidad: “Te ayudaré si me ayudas”, a la gente no le gusta estar en deuda con nadie. Decir “Normalmente no pido ayuda” o “Te estoy pidiendo algo pequeño” también es improductivo porque sugiere que la ayuda es trivial o incluso innecesaria.

Una investigación de la Universidad de Stanford demuestra que el simple hecho de decir la palabra “juntos”, puede tener un muy buen efecto. Lo anterior motiva que se trabaje mas y mejor, que se trabaje por un objetivo común. El pedir ayuda para hacer algo “juntos”, favorece que la persona acepte con agrado. Para solicitar ayuda también es positivo lograr que quien recibe la solicitud sienta que está en una posición única para ayudar y que no es una simple persona que podría ayudar, sino una persona muy útil. Además, a la gente le gusta ver el impacto de la ayuda que dan, y no por ego. La gratitud es otra manera poderosa de lograr ayuda, se puede pedir ayuda dando las gracias de antemano.

Muchos psicólogos creen que sentirse eficaz, sabiendo que nuestras acciones crearon los resultados pretendidos, es la motivación humana fundamental; es lo que realmente involucra a las personas y les da sentido a sus vidas.

Recuerde que nadie es infalible y que pedir ayuda es sinónimo de que usted es una persona que sabe que pertenece a un equipo. Además, esto le permitirá compartir momentos increíbles con los demás-. Aunque usted sea muy bueno en algo, siempre va a necesitar el soporte de alguien.

Juan Manuel González C. www.degerencia.com/jmgc Torreón, Coahuila

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