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Enrique Sada Sandoval, investigador histórico Domingo 4 de may 2014, 9:46am ... Anterior 4 de 10 Siguiente ...

Los jefes de la División del Norte (1911-1914)

Después de insurreccionarse públicamente contra Madero y buscar adherirse a los 'colorados' en Chihuahua, Pancho Villa fue despreciado y perseguido por los propios orozquistas, como elemento indeseable para su causa.

SIGLOS DE HISTORIA

(Cuarta parte)

Como suele ser natural en toda contienda política o armada, las pasiones suelen desbordarse abriendo surcos profundos a su paso, mismos que terminan abriendo profundas grietas que a la postre terminan por convertirse en obstáculos infranqueables. Y como en toda discordia, siempre abundarán los individuos que buscarán aprovecharse de las fracturas, tal y como sucediera con el mismo Orozco que inició relaciones de amistad con quienes fueran sus antiguos enemigos como sucediera con el clan de la familia Terrazas y los Creel.

La influencia de estos últimos, así como la disponibilidad de grandes sumas de dinero en efectivo terminaron por convertirse en el contrapeso al otro extremo de la balanza (y del país), de tal modo que cuando el otrora maderista proclamó el llamado Plan de la Empacadora, desconociendo a Madero como presidente de la República, poniéndose al frente de sus propios hombres, a nadie le extrañó tanto como cuando Zapata se levantó en armas contra el presidente -cuando éste no tenía ni un mes de ocupar la Primera Magistratura- pretextando el no cumplimiento del reparto agrario prometido (siendo que en realidad sólo exigía la ratificación de sus propias tierras comunales, conforme a títulos dispuestos por Maximiliano I de México y algunos virreyes, (más la acreditación del rango de general) enarbolando el Plan de Ayala y reconociendo al levantisco Orozco, en el extremo norte del país, desde el Estado de Morelos.

Y a la anterior cadena de deslealtades habría que sumarse también, como algo sumamente pintoresco, el intento nada menos que del propio Francisco Villa, quien en compañía de un individuo al que tenía como su secretario, de apellido Aldama, se dirigió a Conchos (hoy Valle de Zaragoza, Chihuahua) en cuya plaza principal hizo particular exhorto al pueblo, a través de un largo discurso, para desconocer al Gobierno Maderista bajo el pretexto del cumplimiento del Plan de San Luis, para de ahí dirigirse a Parral y exigir la liberación de unos presos al general José de la Luz Soto -con la amenaza de atacar la plaza, pese a los intentos del gobernador Abraham González para que el futuro Centauro desista de sus planes levantiscos- donde Villa publica en el periódico su petición de adherirse a Orozco. Sin embargo, éste lo rechaza abiertamente, aduciendo que en su movimiento no quería bandoleros ni criminales, siendo batido por un contingente de "colorados", y huyendo a la capital. Este episodio oscuro y silenciado por la historiografía oficial y por los que se venden como expertos y admiradores del llamado "héroe ejemplar" ya había sido referido por Celia Herrera en su obra Francisco Villa ante la Historia (libro vetado en su momento por Martín Luis Guzmán). No obstante, este curioso episodio quedó también registrado, para su infortunio, en varias fuentes diversas: empezando por el propio periódico donde este caudillo publicó su adhesión como pretendiente a orozquista; esto es, nada menos que en El Correo de Chihuahua con fecha de 6 de marzo de 1912 ("Una carta de Villa"), también lo refieren Marcelo Caraveo en Crónica de la Revolución 1910-1929, Juan Gualberto Amaya en Madero y los verdaderos revolucionarios de 1910, y por si fuera poco, lo refrendó también Demetrio Ponce, destacado orozquista, quien declaró públicamente en febrero de 1912: "No permitiremos que hombres como él (Pancho Villa) se afilien a nuestro partido".

Para cumplir con su propósito doble, tanto el de halagar a los caciques que lo apoyaban ahora como el de vengarse de Madero, por lo que consideraba una serie de afrentas en su contra, Orozco intentó un acercamiento directo con los elementos militares destacamentados en su región (principalmente en el Distrito de Iturbide, correspondiente a la capital del Estado) debido a que contaban con la artillería y la disciplina necesarias para su causa. Sin embargo, al fracasar en este propósito, se aprestó a reclutar por igual a mercenarios y voluntarios a los cuales se dispuso a organizar personalmente, brindándoles como distintivo, para identificarse en pleno campo de batalla, unos listones rojos, razón por la que popularmente se les vino a denominar como "los colorados" a partir de ese momento.

En un principio el presidente desestimó este primer connato de rebelión por cuanto le parecía sumamente absurdo, pero una vez que el zapatismo pareció adherirse abiertamente al mismo, dada la cercanía de dicho estado con la capital mexicana y ponderando lo abiertamente depredatorios que eran ambos cabecillas en el ejercicio de sus muy particulares métodos para hacerse valer, fue entonces que el parrense se decidió por combatir con la fuerza de las armas a quienes no sólo habían desmerecido su confianza sino que ahora representaban un peligro para la iniciación del país a la vida democrática por la senda de las instituciones. Ante esta situación de franca amenaza hubo un hombre que, impulsado por el honor que conllevaba la causa así como por el vínculo familiar que le unía con el presidente, tomó la iniciativa de salir a batir a los alzados: el General José González Salas.

Como suele suceder frecuentemente por parte de quienes sirven al poder político desde el maniqueísmo de la historiografía oficial, teniendo por sistema la falsificación de los hechos a través de la omisión dolosa o la adulteración vergonzante, muy poco se hace mención de este personaje histórico por la tragedia que conllevó a que este hombre terminara con su vida. Sin embargo, como un acto de justicia y de rehabilitación necesaria para arrojar plena luz sobre este episodio tan singular, es necesario referirlo por el mérito indudable de haber encabezado y conducido a la División del Norte en esta segunda etapa en la que la Revolución Mexicana, ahora convertida en gobierno nacional e instituciones legítimas, por la voluntad soberana de los mexicanos de aquel entonces, enfrentó su primera amenaza como tal.

Nacido en la ciudad de Chihuahua un 19 de marzo de 1862, hijo del matrimonio formado por José González Parra y Luz Sánchez de González, se hallaba vinculado por lazos de sangre con el "Apóstol de la Democracia" tal y como el señor Zuloaga, administrador de la Hacienda de Bustillos, también lo estaba respecto al héroe lagunero. En el contexto de su intimidad familiar, Salas contrajo nupcias con la señorita Herminia Trillo con la que procreó a cinco hijos (tres mujeres y dos varones) de los cuales aún se cuenta con descendencia directa hasta la fecha. Por iniciativa propia se inclinó desde muy joven por la carrera de las armas, razón por la cual se enlistó para cursar sus estudios en el Heroico Colegio Militar con fecha del 9 de enero de 1881 hasta el 10 de enero de 1884, destacando en sus estudios a grado de terminar impartiendo cátedra como profesor acreditado para impartir en dicha institución e inclinándose como especialidad hacia la ingeniería miliciana, egresando por estos efectos como Teniente Coronel de Plana Mayor, en calidad de plana mayor facultativo de ingenieros un 15 de julio de 1898.

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Los jefes de la División del Norte (1911-1914)

Después de insurreccionarse públicamente contra Madero y buscar adherirse a los "colorados" en Chihuahua, Pancho Villa fue despreciado y perseguido por los propios orozquistas, como elemento indeseable para su causa.

Los jefes de la División del Norte (1911-1914)

Movido por rencores e intereses mezquinos, Pascual Orozco se levantó en armas contra Madero y la Revolución triunfante, proclamando el Plan de la Empacadora.

Los jefes de la División del Norte (1911-1914)

Apoteósica y esperanzadora para muchos fue la llegada de Madero, ahora como Presidente de la República, a Palacio Nacional.


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