Siglo Nuevo
María Elena Holguín Sábado 19 de oct 2013, 7:23pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Asexualidad: una orientación

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Atracción sexual nula

En una sociedad que sugiere la hipersexualidad como norma, hablar de asexualidad es relevante porque al mismo tiempo que esta condición se ha hecho más visible, se ha convertido en un problema para quienes forman parte de ella.

Hasta la década de los setentas, se aplicaba este término para quienes, por alguna malformación genital, no podían sostener relaciones sexuales; en la actualidad, este concepto es aplicado a un cinco por ciento de la población mundial que refiere no haber experimentado atracción sexual hacia nadie, aunque biológica y físicamente estén capacitados para ello.

La AVEN, Asexual Visibility and Education Network (Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad) establece que mientras el celibato es una elección, la asexualidad es parte intrínseca de la persona y una orientación sexual. De ninguna manera se define como una enfermedad y tampoco es un trastorno.

Existen muy pocos estudios al respecto, y mientras algunos apuntan a un origen de tipo endócrino, otros señalan la conformación genética en la que están ausentes los componentes libidinales que orientarán a la persona a una búsqueda por investir de erotismo o deseo al objeto amado.

En la mayoría de los casos, las personas con orientación asexual son quienes durante la pubertad u otra época de su vida fueron activos sexualmente, pero dejaron de sentir atracción sexual hacia otras personas. Incluso, hay quienes se declaran bajo esta condición con el fin de obtener un reconocimiento social, una especie de estatus que los distinga del resto.

CATEGORÍAS DE ASEXUALIDAD

A simple vista es difícil distinguir a una persona asexual, y cada una es distinta de la otra por la diversidad que existe en cuanto a su entendimiento de las relaciones, la atracción física y la excitación. Mientras algunas se sienten mejor solas, otras satisfacen sus necesidades emocionales rodeadas de amigos; y hay quienes tienen el deseo de tener relaciones amorosas o una pareja estable.

En cuanto a la atracción, un alto porcentaje de las personas asexuales sí se sienten interesadas por otros, pero sin la necesidad de responder sexualmente a esa atracción, que puede ser hacia un género en particular o a más de uno, en lo cual se basa su autodefinición como «homorrománticos», «heterorrománticos» y «birrománticos».

La excitación sexual es algo que también está presente en personas de condición asexual, pero ésta no se liga a la necesidad de encontrar una pareja para satisfacerla. En su lugar, las personas con esta orientación prefieren canalizar toda esta energía hacia otros tipos de placeres.

Las personas que practican el celibato, deben negar, anular o reprimir sus deseos sexuales y eróticos ejerciendo actividades extremadamente arduas o fatigantes, y sobre todo de canalización y sublimación hacia cuestiones de carácter religioso.

Sin embargo, hay diferencias entre quienes dejaron de sentir excitación sexual como antecedente de una condición más seria, donde sería recomendable consultar a un médico. Por lo que se ha explicado, también existen diferentes formas de relacionarse; las personas asexuales pueden permanecer sin una pareja toda la vida y sentirse completos; quienes tienen el deseo de encontrar una pareja, pueden satisfacerlo estableciendo una relación amorosa con otra persona, pero sin tener relaciones sexuales, o bien, llegar a tenerlas pero sin experimentar una satisfacción por ello. En otros casos, los asexuales acuerdan con la pareja que ésta sostenga relaciones con un tercer individuo.

Personas como la Reina Isabel I de Inglaterra, Isaac Newton, Adolfo Hitler, James Matthew Barrie (creador de Peter Pan), además del rey del pop Michael Jackson; otros de ficción como Sherlock Holmes, Sheldon Cooper (de la serie The Big Bang Theory) y Remedios, personaje de la novela Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, son catalogados como asexuales.

CUÁNDO SE VUELVE UN PROBLEMA

Las conversaciones de tipo sexual predominan en las reuniones de amigos o en las pláticas de trabajo, pero para un asexual esto resulta hasta cierto punto incómodo por su desinterés en el tema. En una sociedad cuyas nuevas generaciones tienen una alta proclividad a las relaciones sexuales desde temprana edad, y estigmatizan a quienes están fuera de ese círculo, la vida de las personas asexuales puede llegar a ser complicada, sobre todo si ellas mismas no se identifican como tales: se suele confundir su total desinterés sexual con la represión de sus instintos o con un trauma que proviene de la infancia. Por lo tanto, el desconocimiento es el mayor obstáculo para una persona asexual y para quienes la rodean.

Por otro lado, está la situación de quienes, por distintos factores, dejaron de lado su sexualidad, pero al cabo de un tiempo comenzaron a enfrentar las consecuencias, razón por la cual requirieron la ayuda de un profesional. Desde el punto de vista psicológico, los efectos comienzan a presentarse después de tres años de haberse alejado de toda conducta sexual. Son frecuentes las solicitudes de consulta por la adquisición de algún trastorno obsesivo compulsivo, pues estas personas niegan y reprimen su deseo erótico sexual, además de buscar actividades que les produzcan un desgaste de energía para no ver aparecer tales impulsos.

En otros casos, se desencadenan cuadros de neurosis, irritabilidad, amargura, obsesivos y depresivos; éste último puede devenir en ideas suicidas. La mayoría de los casos que llegan a consulta, son de personas que tomaron la decisión de declararse asexuales pero con el paso del tiempo empezaron a tener otro tipo de problemas que alteraron su vida cotidiana, como trastornos del sueño, o un estado de ansiedad generalizada no específica.

Por otro lado, se presentan casos de aislamiento psicológico, pues al evitar la búsqueda de motivadores a los impulsos eróticos suelen aislarse del mundo que los rodea. A su vez, este aislamiento produce estados de melancolía que pueden devenir en depresión; también, pueden llegar a experimentar una sensación de minusvalía ante el entorno laboral, interpersonal, familiar, pero sobre todo cuando sienten el rechazo de otros.

Al existir estados de fuerte ansiedad, las personas demandan cierto tipo de medicamentos cuando ya han incurrido en conductas negativas, como las adicciones o intentos de suicidio. Éste es el momento de recurrir a atención psiquiátrica.

Por otra parte, la intervención de un sexólogo es necesaria cuando la persona que en su momento decidió ser asexual, llega a tener episodios de arrepentimiento, o bien, comienza a presentar efectos negativos en su estado emocional. En estos casos, la intervención del especialista servirá para reorientar la sexualidad de la persona.

Sin embargo, son pocos los casos de quienes al asumir una condición de asexualidad derivan en este tipo de problemas, pues incluso hay personas que ni siquiera se identifican de tal forma ya que, al no haber experimentado nunca la atracción hacia otras personas, lo asumen como una condición normal y como parte de su vida.

Ante todo, es importante que alguien que, de manera natural, sienta la falta de deseo o desinterés sexual, reciba un diagnóstico adecuado para que en base a ello se le proporcione psicoterapia, atención psiquiátrica o de sexología, antes de asumirse como una persona asexual.

Correo-e: eholguin@elsiglodetorreon.com.mx

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