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ROBERTOMARTÍNEZ GARCÍA Domingo 11 de nov 2012, actualizada 11:24am ... Anterior El Siglo 25 de 25 Siguiente ... El Siglo

SIGLOS DE HISTORIA

El SigloCárdenas en La Laguna

Sociedad y vida cotidiana durante el Cardenismo

Sin duda, podemos pensar que una parte de la vida cotidiana durante el cardenismo estuvo marcada por el nacionalismo y una curiosa comprensión del socialismo: el presidente era una figura casi omnipresente y salvadora entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad cuyos integrantes pedían su intervención y ayuda para los más distintos problemas: conseguir un trabajo, recibir atención médica o apoyos para remediar los estragos climáticos. Cárdenas, por lo menos entre estos sectores, hacía la veces de un gran padre. La presencia de la figura presidencial en la vida cotidiana puede comprenderse gracias a dos posibles explicaciones: la época de Cárdenas coincide con los gobiernos que se vincularon con mayor fuerza con las masas; asimismo, su paternalismo permitió convertir al presidente en una figura que garantizaba la presencia y la fuerza del gobierno. De éste, surgieron estrategias de desarrollo como los de la educación popular, el cooperativismo, la reforma agraria y la soberanía económica, cuyo ícono principal fue la expropiación petrolera.

Algunas diversiones, como ciertas películas y obras de teatro, trataban de acercar a la población a las propuestas políticas gubernamentales. No era posible asistir a una función de cine sin sentir que la realidad mexicana se hacía presente, como en Janitizo de Carlos Navarro y en Redes de Muriel y Zinnemann. Sin embargo, la cursilería también se hizo presente como una suerte de compensación de la euforia nacionalista.

Como es de suponerse, esa euforia no podía mantenerse en todos y cada uno de los momentos de la vida cotidiana: los espectadores cinematográficos no sólo tenían a su alcance el patriotismo fílmico, sino que también podían asistir a la exhibición de las películas que retomaban temas casi eternos en el cine mexicano: el cabaret, la prostituta y las malas mujeres. Así, ellos podían horrorizarse ante la madre que dejaba morir a su hijo por irse de juerga en Irma La Mala o se conmovían con los intentos de abuso que sufría la protagonista de Luna Criolla. Por su parte, si los espectadores no deseaban gozar de las mieles del nacionalismo o los dramas, también existía la posibilidad de que se adentraran en comedias rancheras.

Las fiestas familiares, luego de que se finiquitaron los conflictos entre la Iglesia y los sonorenses, regresaron a lo acostumbrado: a pesar de las prédicas socialistas de Cárdenas, los bautizos, las primeras comuniones y las bodas en los templos volvieron por sus fueros. En el terreno socio-económico la Revolución tardó mucho para llevar sus frutos a La Laguna, fue hasta el Cardenismo que dejó impreso fuertemente su paso, dígalo si no el reparto agrario, que cimbró desde sus raíces sociales económicas, políticas y culturales a la sociedad de su tiempo. Pero esto no fue de gratis, pues muchos, tal vez miles de laguneros, quedaron tendidos en el campo de batalla y los que quedaron vivos, después sufrieron el hostigamiento del gobierno y los propietarios de tierra, aquél buscando cooptarlos para sus fines y éstos para aumentar sus ganancias y proteger sus bienes.

La causa agrarista necesitó de hombres de valor comprobado, ya que los propietarios eran una casta socio-económica intocable en La Laguna, ¿por qué?, porque su actividad surtía a la industria textil y generaba cuantiosos impuestos por medio de la agricultura, cuya actividad repercutía positivamente en el comercio y la industria. Por eso desde antes de 1934 casi nadie de los poderosos volteaba para ver las condiciones de salud, educación y salarios de los campesinos y empleados. Un ejemplo notable de la situación en el campo era que los arrendatarios de tierras soslayaban prestar los servicios de educación y salud a los peones argumentando que las condiciones del arrendamiento no se los permitían, ya que el propietario de la tierra exigía el 33 por ciento de la cosecha de algodón despepitada, empacada y entregada en los corrales de su centro administrativo; la condición con toda la semilla de algodón era que fuera entregada en las bodegas de Compañía Industrial Jabonera de Gómez Palacio, Durango, además, cualquier arreglo al rancho arrendado o prestación a los trabajadores era responsabilidad absoluta del arrendatario, en tales circunstancias casi todos soslayaban cumplir con los requisitos constitucionales de salario mínimo, salud y educación.

El Cardenismo acabó con la época dorada de los propietarios, escuchó los reclamos campesinos y casi lo obligaron a realizar el reparto agrario masivo a partir del 6 de octubre de 1936. ¡Por fin!, el viento revolucionario propiciado por la política sensible del general Lázaro Cárdenas llegó a La Laguna arrasando con el pasado y los sueños de los que buscaban la fortuna, comprando o arrendando tierras para el cultivo del oro blanco

Junto con aquellas formas de vida convivían acciones que respondían a la tradición: los corridos y las canciones rancheras estaban instaladas en el gusto popular, mientras que en la mayoría de los hogares aún se utilizaban utensilios ancestrales como los molcajetes, los comales y las ollas de barro, pues los modernísimos aparatos eléctricos aún estaban por popularizarse.

Quizás, el único gran cambio que se presentó en la vida cotidiana fue la radio: los grandes y pesados receptores comenzaron a formar parte del ajuar de las familias pudientes, y con la entrega de utilidades -los alcances les decían- muchas familias pudieron obtener uno y comprar una pila eléctrica, ya fuera Eveready o Rayovac y así disfrutar de los programas radiofónicos hasta por tres meses, era común ver grupos de campesinos reunidos en alguna casa, exclusivamente para oír la radio, en especial la hora nacional, llamada La Hora de México. Los artistas de la XEW, fuertemente enlazados con el radio y el cine, pronto provocarían una gran revolución en el sentir de los mexicanos.

La población del campo lagunero había tomado experiencia de las pasadas crisis y ahora era más previsora, pues la aparición del ejido había permitido que no solamente se sembrara lo que el banco oficial determinaba: el algodón, pues adjuntos al algodonero había pequeños espacios donde se cultivaba maíz, frijol, calabaza, sandía, melón y otros; además en los corrales caseros muchas familias criaban animales como vacas, cabras, puercos, gallinas, guajolotes, etcétera.

Así se pudo ver, durante un gran periodo, que un solo hombre pudiera alimentar una gran familia, a veces conformada hasta por diez miembros, pues se tenía suficiente maíz, frijol, huevo, manteca, carne seca, leche, chile seco, trigo, maíz, y elotes deshidratados para hacer chuales, calabazas y calabacitas, éstas como "orejones". El consumismo no aparecía en el ambiente comercial, la mujer se dedicaba a la atención de los hijos y el hombre exclusivamente a hacer llegar lo necesario para la sobrevivencia. No obstante, los dos -hombre y mujer- formaban parte de organizaciones que buscaban la mejoría hogareña, como las cooperativas y las ligas femeniles. El Cardenismo fue una etapa de la vida nacional donde las familias sintieron con mayor fuerza la presencia del Estado Mexicano, especialmente a las que representaban a la clase trabajadora. Cárdenas siguió, después de abandonar la presidencia nacional, visitando los ejidos laguneros ya fuera para ofrecer pláticas, orientar a grupos varoniles y femeniles y especialmente cuando festejaban el aniversario del reparto donde hasta se le vio bailar, siempre rodeado por los humildes, y lo mejor ¡sin guaruras!, tal y como se observa en la foto tomada en el ejido El Fresno, municipio de Francisco I. Madero y que se conserva en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Laguna donada por el profesor Alfonso Neftalí Ramírez de los Santos durante el Concurso de Fotografía Antigua.

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