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DR. SERGIO ANTONIO CORONA PÁEZ Domingo 23 de sep 2012, actualizada 11:54am ... Anterior El Siglo 26 de 27 Siguiente ... El Siglo

SIGLOS DE HISTORIA

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Bandera del Imperio

Los colores de la Patria

No deja de ser algo notable que el primero y el último de los movimientos mexicanos por la independencia, tuvieran su origen en situaciones de carácter internacional.

El primero, el de 1808, se originó en la invasión y ocupación de España por los franceses. Algunos regidores del ayuntamiento de la ciudad de México, como Francisco Primo Verdad Ramos y Juan Francisco de Azcárate, aprovecharon el momento para proponer la independencia de la Nueva España. Los reyes Carlos IV y Fernando VII se habían entregado mansamente a Napoleón Bonaparte, y habían puesto a sus pies la corona española.

Los mencionados regidores de la ciudad de México, que eran criollos, consideraban que en esas circunstancias, Nueva España debería separarse de la madre patria. Por supuesto, los españoles peninsulares abortaron este plan y asesinaron a Francisco Primo Verdad mediante un pretendido suicidio. Así, tristemente, acabó este primer movimiento independentista (o autonomista) de 1808.

Doce años después, se presentó una nueva coyuntura política internacional: en 1820, el coronel Rafael del Riego, de ideología liberal, dio un golpe de estado en España, y obligó al rey Fernando VII a jurar de nuevo la Constitución de Cádiz, que era liberal. En virtud de lo establecido por esta constitución, se eligieron diputados liberales a las Cortes (las cámaras legislativas) y comenzaron a dictar leyes que amenazaban seriamente, no solamente los intereses del clero novohispano, sino su misma existencia. La aristocracia novohispana y buena parte del ejército consideraron que, dadas las circunstancias de La Península y al ver en peligro sus intereses, había llegado el momento de separarse políticamente de España.

Este último movimiento de independencia, apoyado por obvias razones por el clero institucional y las altas esferas de poder novohispano, como lo han indicado Lucas Alamán y Francisco de Paula Arrangoiz, entre muchos otros historiadores, tuvo su comienzo y fin en 1821. Su promotor visible fue don Agustín de Iturbide, por medio del Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821. Este plan fue ratificado mediante los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821 por el mismo Iturbide y el último virrey capitán general de Nueva España, don Juan de O´Donojú. El plan surgido en Iguala, obedecía a las necesidades del momento, y no tenía vínculos históricos con los anteriores movimientos de Hidalgo, ni Morelos. Al igual que el de 1808, este plan se originó también en las circunstancias internacionales prevalecientes en sus respectivos años.

El Plan de Iguala le garantizaba a los novohispanos tres cosas. Nótese bien que si se usaba el término "garantía", es porque se consideraba que había cosas que estaban amenazadas, en peligro. ¿Cuáles eran estas cosas amenazadas? En primer lugar, el Plan de Iguala garantizaba el libre ejercicio de la religión católica (color blanco). Se consideraba que los españoles habían sucumbido a la locura napoleónica, que iban a destruir al catolicismo y al clero para adorar a la "diosa razón".

Para poder cumplir la primera garantía, se requería necesariamente de la independencia política de España. Había que garantizar esta separación para anular las amenazas de la nueva legislación española, pues Nueva España ya no estaría más bajo el dominio de La Península ni tendría por qué obedecer sus nuevas leyes (verde).

Para evitar cualquier desorden social en Nueva España al proclamar su independencia, se garantizaba que todos sus habitantes serían iguales ante la ley, sin esclavitud, ni distinción racial. Todos tendrían los mismos derechos, indios, negros, españoles o criollos, y se respetarían las propiedades de todos (color rojo).

Así, con este Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821, su bandera verde, blanca y roja, y el reconocimiento de O´Donojú, Iturbide y los firmantes del Acta de Independencia, se convirtieron en los fundadores del Estado Mexicano. Desde 1821, México es una nación libre. Los colores del Plan de Iguala se convirtieron en nuestra enseña nacional. El 27 de septiembre de 1821, el Ejército de las Tres Garantías entró triunfante y aclamado a la ciudad de México. Al día siguiente, el 28 de septiembre, se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. No existe otra acta de independencia de la Nación Mexicana, y ésta es la única a la que se le reconoce eficacia y validez internacional. Esta independencia trigarante fue la que, finalmente, tuvo que reconocer España. En otras palabras, México comenzó a existir como nación soberana hace 191 años, que se cumplirán este jueves 27 de septiembre. Entre los signatarios del Acta, se encuentran nombres muy prominentes del ejército regular, de la nobleza mexicana y del clero. Me llaman la atención los de Juan Francisco de Azcárate, que participó en el movimiento de independencia mexicana de 1808; Anastasio Bustamante, quien fuera otro miembro del ejército regular, y a quien Iturbide designó Capitán General de las Provincias Internas (Los estados norteños, entre ellos Coahuila). Bustamante luego fungió como Presidente de la República en varias ocasiones, y el de José María de Echeverz y Valdivieso, quinto heredero del lagunero título de marqués de Aguayo.

Se transcribe a continuación el texto del Acta (sin las firmas)

"Acta de independencia del Imperio. La nación Mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido = Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa eternamente memorable, que un genio superior a toda admiración, elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, promovió y llevó al cavo arrollando obstáculos casi insuperables Restituida pues esta parte del septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza, y reconocen por inenajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solemnemente por medio de la Junta Suprema del Imperio que es nación soberana, independiente de la antigua España con quien en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescribieren los tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás potencias ejecutando respecto de ellas cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras Naciones soberanas; que va a constituirse con arreglo a las leyes que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdova estableció sabiamente el Primer Jefe del Ejército Imperial de las tres garantías; y en fin, que sostendrá en todo trance y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, si fuere necesario, esta solemne declaración hecha en la Capital del Imperio a 28 de septiembre de 1821, primero de la Independencia Mexicana.

Este Cronista sabe muy bien que esta versión de la historia de la Independencia de México es muy poco conocida, y quizá aún menos popular. Ciertamente no corresponde con la versión que ofrece la Historia Oficial. Sin embargo, se encuentra perfectamente sustentada con documentos. México es uno de esos países donde la historia se ideologiza y hasta se cambia de manera radical: héroes y traidores, buenos y malos, blanco y negro. Los héroes históricos, como Hidalgo, Morelos, Guerrero, Iturbide, sin la menor duda todos ellos grandes hombres en sus propias circunstancias, no son estudiados en sus contextos vitales. Antes bien, son presentados como banderas de movimientos o ideologías antagónicas que surgieron posteriormente. Era obvio que el Estado Liberal y Republicano, jamás reconocería que el origen de la Nación Mexicana Independiente se debía a un movimiento patrocinado y bendecido por el clero conservador y monárquico. Así que Hidalgo y Morelos fueron convertidos en banderas de los liberales, mientras que Iturbide, sin duda alguna el principal fundador del Estado Mexicano y de su división en tres poderes, se convirtió en bandera de monárquicos y sinarquistas.

En los Estados Unidos, los héroes militares yanquis y confederados tienen sus respectivos monumentos. Lucharon entre sí por diferentes proyectos de nación, y sin embargo, se les reconocen sus méritos a todos. ¿Será tan difícil de aceptar nuestra propia historia, libre de ideología política?

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