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Deportes

Espanto II, una vida de esfuerzo

Hambre de éxito y disciplina lo hicieron triunfar

Joel Flores Maltos / EL SIGLO DE TORREÓN
lunes 30 de agosto 2010, actualizada 8:30 am

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Torreón, Coah.- Inquieto, travieso, peleonero y muy luchón, y ante todo feliz, así se definía don Fernando Cisneros (Espanto II) en su etapa de niñez, la cual vivió en su natal Torreón, donde vio la luz por vez primera el 25 de agosto de 1932, a un lado de la Catedral del Carmen. Ayer, en un emotivo acto en el panteón Jardines del Tiempo, fue despedido por amigos y familiares luego de perder la última batalla.

El gladiador, que en las décadas de los 50's, 60's y 70's diera brillo al pancracio lagunero, falleció la mañana del pasado sábado, debido a un padecimiento cardiaco que lo mantuvo hospitalizado por más de tres meses.

Desde la tarde del sábado su cuerpo fue velado en una agencia funeraria, donde compañeros del ambiente luchístico rindieron guardias ante su féretro. Ayer por la tarde se ofició una misa de cuerpo presente en la capilla de la funeraria, de ahí partió el cortejo fúnebre hacia el panteón.

En este último acto sólo dos miembros del pancracio lagunero se dieron cita: Silver Line y Jesús Andrade (Espanto Junior), alumno de Fernando Cisneros y el elemento que mejor defendió la causa ruda de esta dinastía.

HISTORIA DE LUCHA

El último de los grandes de la lucha libre lagunera recordaba haber sido muy feliz en su infancia, aunque reconocía que la misma no fue fácil, luego de que su padre abandonó a su madre cuando él tenía 12 años; todo el coraje que llegó a sentir le ayudó a forjar su carácter, a darse cuenta que él tenía en sus manos su propio destino y que sólo de él dependía abrirse camino en la vida; su madre estaba enferma y debía sacarla adelante.

Sus primeros años los vivió por el rumbo de Catedral, luego su familia se trasladó a una vecindad en avenida Hidalgo, entre las calles Comonfort y García Carrillo, propiedad de su tío Teodoro Carrillo. Gustoso del estudio, su primaria la hizo en la Escuela México, donde conoció al que se convertiría en su mejor amigo, al que consideró un verdadero hermano, Eusebio Vázquez (Espanto I), a quien de cariño le decía "Chebo''.

La necesidad económica de ambos marcó su destino. Ambos dejaron la escuela y tomaron caminos diferentes; años más adelante, el mismo destino les tenía deparado un reencuentro.

Entre sus primeros trabajos fue ayudante de un señor que trasladaba al express de ferrocarril frascos de fruta en conserva y dulces en un carrito de baleros. También se desempeñó como ayudante en la elaboración de dulces, empleado de una tortillería ubicada en avenida Juárez y calle 8, además de ser ayudante en la panadería La Perla, donde además repartía pan en las colonias. Fernando Cisneros recordaba que aprovechaba cualquier oportunidad para darse de "moquetazos" con quien se le pusiera enfrente, en lo que él consideraba un gusto.

Ese espíritu rebelde llevó al jovencito a ser parte de un torneo de boxeo que en ese entonces organizaban los señores Jaik, en un local en Hidalgo, entre las calles Rodríguez y Acuña.

La suerte empezaba a sonreírle y al poco tiempo logró un puesto en la empresa Palsa, donde fue invitado por "El Buitre" y Juan Abusaid Ríos para entrenar lucha libre en San Pedro. Ahí Fernando descubrió su verdadera vocación; y por 1953 se ganó una presentación en el Palacio de los Deportes de la colonia Moderna, bajo el nombre de "La Furia".

En Monterrey perfeccionó sus entrenamientos y alternó con los grandes de esa época, Blue Demon, Henry Pilusso, Marco Tulio, El Califa y Rubén Juárez (quien años después se convirtiera en su verdugo), entre otros. Luego, con 90 kilos de peso, fue bautizado como "El Toro'' Cisneros.

 JUNTOS AL FIN

De regreso a Torreón se acercó a Joe Marín y Maciste, quienes le cobijaron y pulieron sus cualidades. Y volvió a encontrarse con su "hermano'' Eusebio Vázquez, al que invitó a entrenar lucha libre y lo puso en manos de Rodrigo Cortinas, que entrenaba en la Arena Olímpica.

Ambos elementos eran programados por Joe Medina en la Plaza de Toros, la auténtica Catedral de la lucha libre en Torreón.

Una nueva separación vino para la pareja.

"Chebo'' Vázquez se fue a Ciudad Juárez, donde trabajó bajo la dirección de Carlos "Gorila'' Ramos, quien luego de verlo trabajar lo bautizó con el nombre de Espanto. La personalidad, presencia y calidad de este gladiador no pasó inadvertida para los empresarios de la Capital del país.

Este lagunero vio la oportunidad de hacerla en grande y mandó por su amigo Fernando. El debut de Los Hermanos Espanto I y II se dio en los Martes Populares de la Arena Coliseo.

La pareja que logró hilvanar 26 victorias seguidas ante figuras de primer nivel, y fueron promovidos a las funciones estelares de los viernes, brincando los carteles del domingo, un paso obligado para quienes buscan destacar en la gran carpa capitalina. Poco tiempo después se uniría a este demoledor equipo Miguel Vázquez "Espanto III''. La familia crecía y con ello la fama.

 CAEN LAS MÁSCARAS

En la cúspide de su carrera, los constantes retos y el surgimiento de las rivalidades con otros de los grandes del encordado cobraron factura a la dinastía de los Espanto.

El 6 de septiembre de 1963, en una abarrotada Arena Coliseo de la Capital mexicana, Rubén Juárez terminaba con la incógnita de Fernando Cisneros, quien había dado brillo a esta máscara, en una contienda que resultó polémica de principio a fin.

El segundo golpe para el clan de los laguneros llegó el 25 de octubre de 1963, cuando Espanto I cayó en el duelo de apuestas ante El Santo, quien acrecentó sus bonos con una máscara de quien fuera su gran rival de profesión.

Por si fuera poco, Huracán Ramírez, otro legendario, arrebató la máscara al Espanto III el 12 de junio de 1964, para dejar al descubierto la identidad de Miguel Vázquez, hermano de Eusebio.

Ya sin máscaras, lejos de perder popularidad, los Hermanos Espanto aumentaron sus bonos en los encordados y provocaban grandes entradas en sus presentaciones.

 LA TRAGEDIA

El 30 de mayo de 1968, en un centro nocturno de Monterrey, fue abatido a tiros Espanto I en compañía de Misterio II, durante una reunión a la que llegó tarde Fernando Cisneros.

La muerte de Eusebio fue un duro golpe para la dinastía, que se preparaba para realizar una gira por Europa.

La tristeza por la ausencia de su amigo "Chebo'' hizo a Fernando pensar en el retiro de los encordados; había decidido regresar a Torreón, pero los empresarios lo convencieron de quedarse un tiempo más. Finalmente optó por el retiro definitivo en 1979.

Ya retirado, entrenó a elementos como Jesús Andrade, quien diera vida al "Espanto Junior'', el heredero que más brillo diera a esta dinastía y que al final perdiera su máscara ante Hijo de El Santo, elemento con el cual tuvo una sangrienta y espectacular rivalidad en el ring.

Los problemas de salud lo fueron retirando de la vida pública y se refugió en su familia, al lado de su esposa Paula, sus hijos, nietos y bisnietos, hasta que en la mañana del pasado sábado dejó de existir el último sobreviviente de los "monstruos sagrados'' del pancracio lagunero. Descanse en paz.

78AÑOS De vida, recién cumplidos, tenía Fernando Cisneros al morir en la mañana del pasado sábado.
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