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Siglo Nuevo

Murakami, perdido en la cultura pop

Luis Guillermo Hernández Aranda
martes 03 de agosto 2010, actualizada 3:49 pm

Advertencia: Murakami -al igual que los Beatles- produce adicción, provoca numerosos efectos secundarios y su modo de narrar tiene algo de hipnótico y opiáceo.

Rodrigo Fresán, periódico El País.

Haruki Murakami es actualmente uno de los escritores japoneses más leídos en el mundo, debido a que tiene varios betsellers en su haber y ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos el inglés y el español. Es uno de esos fenómenos extraños que de autor de culto pasó a ser uno de los que más libros venden. Prueba de esto es que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares de su novela Tokio blues, publicada por primera vez en Japón en 1987.

Nacido en Kyoto en 1949, Murakami estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda, en Tokio. A semejanza de Quentin Tarantino, quien trabajaba en un videoclub antes de convertirse en un célebre director de cine, el nipón se empleó por un tiempo como dependiente en una tienda de discos. De ahí que sus influencias musicales siempre estén presentes en sus obras.

De hecho, al igual que el realizador Woody Allen, Haruki siente una gran pasión por el jazz, lo que incluso lo llevó a abrir el bar Peter Cat en Tokio mucho tiempo antes de ser un escritor famoso; el recinto funcionó poco más de 10 años, cerrando en 1982.

Es tal el amor que Murakami siente por la música sincopada que tiene una colección de siete mil vinilos del género, y ha confesado en diferentes ocasiones que al momento de escribir imagina que el teclado de la computadora es como el de un piano y comienza a improvisar en él. Similar al jazz, su narrativa mantiene un ritmo agradable y seductor, volviendo muy ágil su lectura.

Este nipón no oculta su gusto por la cultura pop. Su obra tiene tintes humorísticos y surrealistas, pero uno de los ingredientes principales es la soledad y la búsqueda constante del amor. En la página de Tusquets Editores se lee: Sólo Murakami podía combinar cyberpunk, novela negra, relato fantástico y reflexión moral a un ritmo trepidante, para devolvernos a un mundo de desolación, ternura e identidades ambiguas.

Tras el éxito de Tokio blues, Haruki dejó Japón para irse a vivir a Europa y posteriormente a Estados Unidos. Sin embargo, regresó a su país natal en 1995.

UN ESCRITOR RARO

Fue gracias al béisbol que las letras ganaron un talento como el de Murakami. Cuenta la leyenda que en 1978 estaba entre los asistentes a un juego en el estadio japonés de Jingu. En el partido se enfrentaban los Yakult Swallows contra los Hiroshima Carp. Su vida cambió al llegar el turno al bat de David Milton. Fue justo en el momento en el que el bateador conectó la bola, cuando Murakami se dio cuenta de que quizá él también podía escribir una novela. Así, realizó su primer libro a los 30 años, titulándolo Kaze no uta o kike (traducida al inglés como Hear the Wind Sing). Pero a esa edad no sólo descubrió su vocación literaria, sino también el deporte y comenzó a correr todos los días, lo cual lo ha llevado a participar en diferentes competencias de triatlón.

Un aspecto característico de este autor es que se niega en convertirse en una celebridad. De ahí su recelo para conceder entrevistas, ofrecer conferencias o asistir a las entregas de premios. Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas necesarias para que eso no ocurra. Nunca aparezco en la televisión, no voy a las fiestas -odio las fiestas-, no doy charlas, no tengo amigos famosos, no tengo amigos escritores, no aparezco en librerías para firmar mis libros, no uso Armani sino shorts y zapatillas siempre, y no dejo que me saquen fotos ni suelo dar entrevistas salvo casos como éste. Como sé que las posibilidades de que tome el subte en Buenos Aires son bastante escasas, no me importa volverme conocido allí. Pero lo que no quiero es que la gente me reconozca en el colectivo en Tokio o no poder ir a las tiendas de discos viejos en Estados Unidos, dijo Murakami en una entrevista concedida al periódico La Nación.

Esta negación a convertirse en una especie de rockstar lo ha llevado a tomar la decisión de no aparecer en la radio y la televisión de su natal Japón, a pesar que muchos de sus más fieles lectores son los jóvenes de su país. Es tal su deseo de conservar su privacidad que en una firma de libros en Londres sólo accedió a firmar un libro por persona y advirtió que nada de dedicatorias, sólo autógrafos.

Más allá de su personalidad, el japonés reconoce tintes extraños en su obra: Escribo cosas raras, muy raras, que mezclan realidad y fantasía, y que los críticos occidentales han calificado de posmodernas. Pero soy una persona muy realista. No creo en nada New Age: el horóscopo, el tarot, los sueños. Sólo hago ejercicio físico, como sano, escucho música y trabajo. Sin embargo, cuanto más serio me vuelvo en la vida real, más extrañas son las cosas que escribo, comentó en la misma entrevista con el citado diario argentino.

Cabe resaltar que Haruki combina su trabajo creativo con el de traductor. Ha trasladado al japonés textos de Scott Fitzgerald, Truman Capote, John Irving y Raymond Carver, entre otros.

¿UN DIRECTOR DE CINE FRUSTRADO?

Como ya se mencionó, ser escritor no fue el primer deseo que tuvo Murakami en la vida. Incluso soñó con ser director de cine, según reveló en una entrevista publicada en el periódico español El País en el 2007. En principio, me interesaba más hacer cine y teatro, pero ya en la universidad me di cuenta de que son tareas de creación en grupo, y yo, dado mi carácter, no puedo estar tranquilo si no puedo asumir la responsabilidad plena y controlar hasta el mínimo detalle. Tal vez se deba a que soy hijo único, pero no estoy hecho para el trabajo en equipo.

ODIADO POR LOS CRÍTICOS>/strong>

Paradójicamente, Murakami no es un autor muy querido por la crítica de su país, que no ve con agrado su uso del lenguaje, así como su manía de exhibir referentes occidentales de la cultura popular. No les gusto, soy demasiado diferente a ellos. Por lo menos, a lo que ellos consideran que debe ser un escritor. Creen que todo lo que se escribe ha de estar supeditado a la belleza de nuestro lenguaje, a los temas de nuestra cultura. Yo no lo veo así. Yo utilizo la lengua como una herramienta. Una herramienta que puedo usar con mucha eficacia. Pero nada más. Por eso los críticos y los escritores me atacan. Yo busco una originalidad propia, alejada de lo que ellos pregonan. Tampoco frecuento sus círculos. No pertenezco a ningún grupo, y en Japón se supone que debes formar parte de alguno. Por eso me fui de mi país unos años, declaró a El País en abril de 2009.

Y es que Murakami es un defensor de la cultura popular. Amante de los programas de televisión, las películas de terror, las novelas de detectives, la ropa sport, las canciones pop; de ahí que no resulte extraño que sea un fanático de Lost y eso lo haya motivado a comprarse una casa en Hawai, lugar donde se filmó la primera temporada de dicha serie.

Las creaciones de este asiático no son exclusivas para un determinado grupo de lectores. Cualquiera que lo desee puede acercarse a su bibliografía y sin duda encontrará algo que lo deje más que satisfecho. Como lo definió Guadalupe Nettel en la revista Letras Libres, en marzo de 2006: Me atreveré a establecer dos grupos en la narrativa de Haruki Murakami: el grupo de las novelas ligeras que fluyen fácilmente como un vaso de agua antes de la comida (por ejemplo Sputnik, mi amor y algunos cuentos de The Elephant Vanishes), y el de las novelas densas e imprescindibles que se beben como un Cutty Sark, una de esas noches en que la vida resulta insoportable, entre ellas Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Cada vez que aparece una novela de este autor, me pregunto a cuál de los grupos pertenece. Pues aunque todas sus historias son únicas, no se recuerdan de la misma manera.

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