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EDITORIAL

Tripartismo en Tlaxcala

Plaza pública

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
jueves 01 de abril 2010, actualizada 4:00 am


Con la elección, anteayer martes, de Mariano González Zarur como candidato del PRI, quedó configurada la contienda por el Gobierno de Tlaxcala, un estado que desde hace doce años vive en la singularidad electoral, pues ha tenido ya doble alternancia. El priista competirá con dos candidatas: por el PRD Minerva Hernández Ramos (contadora como González Zarur) y por el PAN Adriana Dávila. Será la segunda vez que el aspirante tricolor pretenda llegar al Poder Ejecutivo, pero hace seis años fue derrotado por Héctor Ortiz, que hasta poco antes de ser presentado por el PAN militó en el partido de su contrincante.

José Antonio Álvarez Lima fue el último gobernador de la normalidad priista en Tlaxcala. En 1992 obtuvo el 85.7 por ciento de los votos mientras que el PRD alcanzó únicamente el 6.8 por ciento; y el PAN nada, pues ni siquiera presentó candidato. En las siguientes elecciones el panorama se modificó radicalmente, al grado de que el partido dominante casi único que hizo ganar a Álvarez Lima con ese porcentaje abrumador, quince años después, en 2007, no ganó un solo distrito en las elecciones legislativas intermedias.

En 1998, el veterinario Alfonso Sánchez Anaya se rebeló contra el designio que trató de impedir su propia afirmación de que "ya le tocaba", tras una carrera en la política y la administración local y federal, y se fue del PRI cuando su partido de siempre no lo hizo candidato. La escisión que provocó en el tricolor le permitió, con la postulación que de él hicieron el PRD, el PT y el recién nacido Convergencia, desplazar de la gubernatura al Revolucionario Institucional. Triunfó sobre Joaquín Cisneros con estrecho margen, de apenas dos por ciento. El PAN apenas figuró entonces: sólo obtuvo 27,736 votos, exigua cantidad frente a los 150 mil del ex priísta triunfador.

Seis años después Sánchez Anaya cometió el error de prohijar o no frenar las aspiraciones de su esposa, la senadora María del Carmen Ramírez que luego de variadas peripecias fue forzadamente la candidata del PRD, al que se habían afiliado ella y su marido, y en donde no contó con asentimiento generalizado. Quedó, por lo tanto, muy rezagada frente a sus contendientes del PAN y del PRI, los ya mencionados Ortiz y González Zarur, que disputaron voto por voto. El actual Ejecutivo apenas alcanzó uno por ciento más que su contendiente, que con el caudal de votos priistas que llevó a Acción Nacional le dio presencia en una entidad donde, como indican los datos de las elecciones anteriores, apenas existía.

González Zarur intentará lo que con suerte diversa buscaron Fernando Ortiz Arana en Querétaro y José Natividad González Parás en Nuevo León. El primero quedó derrotado ante sus oponentes panistas Ignacio Loyola y Francisco Garrido, mientras que el segundo, vencido por Fernando Canales Clariond se impuso a Mauricio Fernández en su segunda oportunidad. El aspirante priista en Tlaxcala debe superar, sin embargo, la paradoja de ser el candidato más experimentado (no en balde es mayor dos décadas que sus adversarias) y tal vez con más asentimiento personal y al mismo tiempo carecer de partido. Además de la fragilidad en que queda el PRI en las entidades donde no ejerce el poder, pesa en contra del candidato su distancia (dicen quienes los conocen que hasta enemistad) con Beatriz Paredes, ex gobernadora de la entidad y dirigente nacional priista.

González Zarur fue presidente municipal de Apizaco, y ha sido senador y diputado. Participó en la administración estatal desde fechas tempranas, en los setentas, y camina con soltura en la política federal. Por eso pudo ganar en la contienda interna, esta semana, a Lorena Cuéllar, que era la aspirante apoyada por la lideresa nacional priísta y que de haber triunfado hubiera completado el triángulo de mujeres candidatas, insólito en una actividad todavía dominada por la presencia masculina.

En Acción Nacional, que es el partido que electoralmente ha tenido el viento a favor, de todas formas hubiera habido candidata, pues se habían inscrito para los comicios internos previstos para el domingo pasado la ex diputada Adriana Dávila y la diputada Perla López. Súbitamente, el comité nacional panista suspendió el procedimiento interno y designó a dedo a la primera. Se evitó de ese modo que la segunda, que representa los intereses del gobernador Ortiz, consolidara el predominio de éste, al fin y al cabo un ex priista, en un partido donde no abunda la militancia antigua, pero la que hay es celosa de sus derechos. De haberse llegado a la votación, explican por lo bajo quienes prefirieron la candidatura de Dávila (una comunicadora nacida en 1970 que no ha desempeñado ningún cargo de relieve en el Gobierno local ni en el federal y tiene una mínima experiencia política) el aparato gubernamental hubiera favorecido la aspiración de López, que en un primer momento se inconformó con la decisión del comité nacional, pero inmediatamente después se avino a ella, acaso por consejo de su patrocinador que ha gobernado con una mayoría cómoda de legisladores panistas (14 de 19 de mayoría).

La senadora Minerva Hernández Ramos es la candidata del PRD. Pertenece al grupo que con Sánchez Anaya transitó del PRI a ese partido y ha sido parte del equipo de ese ex gobernador con quien ahora comparte la representación de Tlaxcala en Xicoténcatl, a donde llegaron con una votación holgada (producto del factor López Obrador) Antes fue diputada federal y durante un breve lapso secretaria estatal de Finanzas.

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