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EDITORIAL

¡Echen al Chunko!

Plaza pública

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
lunes 01 de febrero 2010, actualizada 4:00 am


Hoy mismo, 1º. de febrero, cuando se abra el segundo periodo de sesiones de la LXI legislatura, la fracción del PRD debe iniciar el procedimiento para expulsar de la misma, y aun del partido -si es que pertenece a él-a Ariel Gómez León. Su ex abrupto contra los haitianos, burda expresión del más crudo racismo, de una maciza estolidez y de la avaricia miserable, no debe ser condonado por los legisladores y militantes perredistas, porque nadie puede alzarse de hombros como si lo dicho por el legislador chiapaneco fuera mera banalidad, y porque los contamina a todos. Ya bastantes defectos padece esa organización, ya demasiadas tachas se le endilgan como para que caiga encima de sus miembros y de sus representantes populares el estigma de la discriminación racial.

El 14 de enero, apenas dos días después del suceso, la Comisión permanente del Congreso de la Unión acordó que los miembros del Poder legislativo aportaran un día de su salario, su dieta, para los damnificados del terremoto de Haití, que prácticamente destruyó a Puerto Príncipe. Ni siquiera el importe de un día de sus percepciones totales, que duplican el salario base, la dieta en sentido estricto. Cuando Gómez León recibió el cheque con su pago por la segunda quincena de enero, faltaban unos 2,600 pesos, monto de la contribución convenida, ciertamente sin consultar a cada uno de los donantes, pero acordada por el pleno del órgano que actúa en el receso. La disminución irritó a Gómez León, no obstante que se define a sí mismo como un hombre alegre. Y el martes pasado, ante los micrófonos de EXA, se quejó del descuento y del destino de su dinero. Le parece mal que se envíe a remediar necesidades urgentes de la población haitiana, en torno de la cual se ha expresado con hechos la solidaridad de todo el mundo. Y es que considera que los haitianos son abusivos. Supone que no se contentan con recibir una dotación de auxilios y engañan a quienes los distribuyen:

"Como todos son negros y se parecen tanto, habría que marcarlos con una tinta indeleble para que no se les repita la ayuda. La tinta tiene que ser blanca porque la que usa el Instituto Federal Electoral no se les notaría por ser tan negros". Cuando los ve por la televisión, el agudo Gómez León sabe que los rostros de los peticionarios, todos ellos defraudadores en potencia, "no denotan necesidad, sino abusivez", es decir denuncian en su expresión facial su condición de abusivos. Ha de creer que con ese defecto, ningún apoyo alcanzará para colmar a las víctimas y le duele el mal uso de sus dos mil seiscientos pesos.

Muy ufano ha de haber quedado El Chunko, que tal es el apodo profesional de Gómez León por la contundencia de su dicho, pronunciado el martes en la emisión Ojos que no ven, que se transmite de lunes a viernes y en el que figuran junto al diputado Roger Núñez, Sandro Collazo y La Lupe. La emisora, en que Gómez León mantuvo largo tiempo un programa denominado Alegre, es propiedad de Simón Valanci, que ha sido dirigente priista. Trascurrieron el miércoles y el jueves en completa tranquilidad. Pero el viernes la diatriba antihaitiana cobró dimensión nacional. El diario Reforma le concedió espacio en su primera plana y entonces Gómez León se preocupó. Aceptó o propuso muchas entrevistas en medios del DF para atenuar el efecto de sus torpes insultos.

No se desdijo. Explicó que se trataba de un comentario chocarrero, dentro de la conversación informal en el estudio. Pero por error el micrófono había quedado abierto y se difundió al aire. Pero él no es racista: ¿cómo lo sería si su padre y su hermana son morenos? Dijo que enviaría una carta al embajador de Haití para ser disculpado. Tal vez fue advertido de que su mezquindad había agravado la ofensa y anunció que donaría un mes de su dieta, no sólo un día, a los necesitados de aquel país.

Pero lo dicho, dicho está, como permanece el ánimo que condujo a decirlo. Por eso el PRD no debe limitarse a pedir a Gómez León que se vaya, sino debe expulsarlo, so pena de que el adverso juicio público al diputado lenguaraz recaiga sobre un grupo urgido de prestigio. Hay un problema, sin embargo: Gómez León ocupa su curul por determinación del gobernador Juan Sabines, que al ganar el poder en 2006 se quedó también con la porción chiapaneca del PRD y es parte de los frágiles equilibrios internos de ese partido.

Nacido el 30 de septiembre de 1965 en Ocozocoautla de Espinosa, como el gran escritor Emilio Rabasa -padre de Óscar, experto en derecho internacional; abuelo y tocayo del canciller de los setenta, bisabuelo del catedrático y autor del mismo nombre- Gómez León se fue de joven a la vecina ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Dice haber estudiado "filosofía y letras", que es más bien el nombre de una facultad que de una carrera, y un curso de locución que lo condujo a la radio en 1990. Se hizo popular y por ello el PRI lo puso en la planilla encabezada por Juan Sabines en la elección de ayuntamiento capitalino en 2004. "Me tocó tenerlo como regidor", ha dicho el ahora gobernador para denotar su amistad. Gómez León pasó en 2007 al Partido Verde, que lo hizo diputado local. Y allí estaba el año pasado cuando Sabines decidió que fuera diputado por el PRD, en que el gobernador manda en asociación con Nueva Izquierda. Lo colocó en un distrito seguro, perredista desde 2000.

Como diputado Gómez León no puede ser reconvenido. Como locutor, lo asiste la libertad de expresión. Pero el PRD debe, si puede, apartarse de gente así.

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