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Museos

Museo Francisco Sarabia


jueves 24 de julio 2008, actualizada 11:27 am

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En este museo se exhibe el avión, hoy restaurado, en el que el insigne aviador Francisco Sarabia perdió la vida.

Ubicación: Blvd. Miguel Alemán esq. Matamoros CP. 35150, Col. Lerdo, Durango.
Teléfono: 725-43-22.

Oriundo de Ciudad Lerdo, Sarabia fue precursor de los vuelos de larga distancia, como el que hizo de la ciudad de México a Nueva York, sin escalas, en 1939.

Alrededor de esa aeronave hay algunas vitrinas en las que se muestran fotografías y objetos personales del aviador.

Hace 30 años, el siete de junio de 1972, el museo “Francisco Sarabia” de la Ciudad Jardín, abrió sus puertas al público como un homenaje al piloto aviador del mismo nombre. Francisco Sarabia Tinoco se hizo famoso por sus vuelos en el “El Conquistador del Cielo”, nombre del avión en el que siempre viajó, y que el gobernador de Yucatán le obsequió al ver su pasión por este oficio.

Se dedicó a arreglarlo para luego recorrer varias rutas como: Mérida, Cozumel, Chetumal, Belice, Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, Chiapas, algunos viajes de pasaje y otros de correo y transportación, pronunciando en cada uno la frase: “Por la grandeza de mi patria triunfaré”.

A menos de un mes de cumplir 39 años de edad, el siete de julio de 1939, Francisco Sarabia viajó de la Ciudad de México a Nueva York. El aparato comenzó a fallar haciéndolo perder el control por completo, hasta caer al río Potomac en Washington, en donde perdió la vida casi instantáneamente, a consecuencia de un golpe en la nuca. Se dice que el accidente se debió a que el motor estaba tirando aceite, y para evitarlo le colocaron unos trapos que servían como tapón, pero uno de ellos obstruyó el carburador, lo que ocasionó su caída. Aunque el avión logró flotar debido a que sus alas son de madera, no fue posible cambiar el destino del piloto mexicano.

Por otro lado, está la versión de que el accidente fue provocado por alguien que conscientemente colocó azúcar en el tanque de la gasolina para ocasionar su muerte, aunque tal rumor nunca se pudo comprobar. Después del fatal accidente, el avión permaneció arrumbado durante 25 años en la ciudad de Gómez Palacio, hasta que alguien decidió arreglarlo, reparar las partes dañadas y llevarlo a Lerdo, donde actualmente se exhibe para homenajear al piloto. Este avión está valuado en cinco millones de dólares, y es el segundo en su tipo en todo el mundo, el otro se encuentra en la ciudad de Washington, D.C.

Los visitantes al museo también podrán observar el traje de piel que portó el piloto mexicano hasta el último día en que viajó, además de las botas y el paracaídas que le fue imposible utilizar durante el trágico accidente, debido a la poca altura, lo que le impidió maniobrar.

También dan testimonio de su destreza y trágica muerte, las páginas principales de algunos diarios que publicaron los vuelos que realizó, así como las fotografías, y del momento de su rescate en el río Potomac.

Igualmente artículos que se pudieron rescatar del avión como las licencias que le permitían volar, una libreta que usaba como agenda y otros objetos personales como la máquina y loción de afeitar; además de trofeos y reconocimientos que le fueron otorgados en cada uno de sus viajes.

Es parte de esta valiosa muestra, una mascarilla fúnebre del rostro del piloto, hecha a base de yeso, y una carta enviada de la Presidencia de la República, con fecha del 22 de marzo de 1939, firmada por el presidente Lázaro Cárdenas, en la cual lo felicitaba por el vuelo que emprendió sin escala, desde la Ciudad de México hacia Chetumal, Quintana Roo, ya que marcó una nueva etapa que pondría de relieve el esfuerzo de los pilotos mexicanos y su competencia.

Francisco Sarabia nació en Ciudad Lerdo, Dgo., el tres de julio de 1900, estudió la preparatoria en el México State College en El Paso, Texas y la carrera de Mecánica Automovilista en el Sweeney Automovile School, en Kansas, City. En el año de 1928 cursó sus estudios de aviación, en el Chicago Aeronautical School y trabajó en el Circo Aéreo hasta el año de 1929. De 1930 a 1931 permaneció en la ciudad de Morelia, Michoacán, acarreando cereales y pasaje, y en 1932 inició sus trabajos en la empresa Transportes Aéreos de Chiapas, S.A.

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