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SUN-AEE Lunes 14 de abr 2003, actualizada 11:22am ... Anterior El Siglo 13 de 14 Siguiente ... El Siglo

Sasha Montenegro defiende el cine de ficheras

El Siglo

México, DF.- Quince años alejada de los sets de filmación y de una carrera que la situó en la cumbre de la taquilla en medio centenar de películas en aquel cine denominado de ficheras, hacen de su reaparición en la telenovela Las Vías del Amor, otro reto a superar en la vida agitada y polémica de Sasha Montenegro.

Poseedora de una belleza singular y convertida en el centro de las tempestades, Sasha accedió a compartir algunos de sus más preciados recuerdos y también de sus vivencias dentro y fuera de su vida artística que la han llevado al ojo del huracán.

-¿Qué sensaciones al regresar a grabar una telenovela como Las Vías del Amor? “Me he sentido apapachada por mis compañeros y por los técnicos, aunque confieso me sentí nerviosa en los primeros capítulos. No sé si soy buena o mala compañera, pero respeto a la gente y su profesión.

Debo agradecer a Emilio Larrosa las facilidades que me ha otorgado en los llamados y las escenas, aparte de que mi personaje ha crecido y de tan mala, perversa, ambiciosa y sicópata que es Catalina, al grado de sacrificar lo más sagrado que son los hijos, me ha servido para olvidarme un poco de mis problemas. Catalina, o se suicida o queda loca”.

-¿Seguirás aceptando telenovelas y continuar así tu carrera? “Uno propone y Dios dispone. No lo sé. No me desagrada la idea, pero estoy segura que no volvería a ese tren de vida que tuve años atrás en que me la vivía en sets de filmación, y al mismo tiempo duré cinco años en palenques por México y Estados Unidos. No sacrificaría por nada a mis hijos”.

-¿Y el cine, defiende al cine de ficheras en el que participaste?, ¿qué piensa del cine mexicano de hoy? “A todos los que hicimos el cine de ficheras nos hubiera gustado hacer otro tipo de cine, pero era el que había y el que pedía el público y no hicimos nada malo. No sólo defiendo ese cine porque marcamos una época de un cine agonizante, no con la calidad que se hubiera querido, pero se produjeron muchas películas y hubo trabajo para todos los compañeros.

A mí cuando algo no me gusta de plano no voy. Los cines se llenaban. Pasamos de un cine de luchadores y charritos a la comedia que incluía desnudos, sí, pero sólo los hipócritas nos criticaban, pero iban a vernos.

Si el desnudo lo hace una actriz americana está justificado y se le llama actuación. Si lo hace una mexicana sobran los calificativos negativos. Confieso que no me daba cuenta de las críticas porque me la pasaba trabajando de una película a otra.

Todo comenzó en 1974 con Bellas de Noche, una película que aceptamos no por estar convencidos del éxito que tendría, sino para ayudar a Guillermo Calderón, un señorón que quiero mucho y que pasaba por un mal momento”.

-Después de ser el centro de ataques y escándalos, ¿cómo te trata la gente? “Voy al súper como cualquier ama de casa. La gente es inteligente y marca las diferencias. Hay personas que se me acercan y me dan ánimos como: “no te dejes, estamos contigo!

El mexicano es maravilloso, cálido y aun golpeado por tanta injusticia y malos gobernantes, sigue para adelante, sin dejar de aferrarse a la familia y en especial el respeto a la madre”.

-Ya que mencionas a la familia, ¿qué recuerdos tienes de tu infancia? “Vivir duele, pero es maravilloso. Mis padres, de nacionalidad yugoslava, sufrieron los embates de la Segunda Guerra Mundial. Mi madre estuvo en un campo de concentración a los ocho años y a mis tíos y a mi abuelo materno los mataron los alemanes.

Fui hija única y apátrida por 18 años, y por mi condición de yugoslava-italiana podía escoger entre ocho países para radicar. A mis padres les pasó lo mismo pero escogieron para vivir Argentina. Hasta 1990 pude naturalizarme y sentirme orgullosamente mexicana.

La guerra es la guerra y se adquiere un concepto diferente de la vida. Cuando una vez me encontré en el extranjero con mi todavía esposo José López Portillo, él me decía a rajatabla: ‘Eres una desarraigada’, a lo que le respondí: ‘Tú sí estás en desarraigo voluntario, porque sólo gente como tú puede llevar al desarraigo a millones de personas’”.

-Con todo lo vivido se te ve llorando con más frecuencia, algo que no se te veía con la imagen que has creado en tu carrera, ¿qué te ha dolido más? “La traición y la mentira. Peleo de frente, no soy cobarde.

Lloro porque soy sensible. Cada lágrima delata tu sentimiento y tu dolor. Estoy en uno de los momentos más duros y difíciles de mi vida, con un amparo de la justicia del que depende todo, pero pase lo que pase, lucharé con todo por mis hijos y por mí a sabiendas de que es una lucha entre David contra Goliat”.


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