EDITORIAL
Sergio Sarmiento Martes 21 de ene 2003, actualizada 11:22am ... Anterior 6 de 6 Siguiente ...

Jaque mate/Guerra preventiva


“La guerra es un sofisma: elude las cuestiones, no las resuelve.”

Juan Bautista Alberdi

Algunos amigos de larga memoria me han preguntado por qué, si apoyé la guerra del Golfo Pérsico en 1991, me opongo ahora al ataque en contra de Iraq que ha venido preparando el gobierno de Estados Unidos. Me parece que las circunstancias son muy diferentes, pero no todo el mundo se percata de ello.

La guerra del Golfo Pérsico se inició en enero de 1991, hace ya 12 años, como consecuencia de la invasión iraquí a su vecino Kuwait (que se pronuncia en árabe Kueit) en agosto de 1990. La acción militar en contra de Iraq tenía como propósito liberar Kuwait. La resolución 678 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de noviembre de 1990 autorizó el uso de “todos los medios necesarios” para liberar a Kuwait y fue apoyada por virtualmente todas la naciones del mundo, incluyendo las árabes, que se sentían amenazadas por el expansionismo iraquí. La única excepción —y es una excepción que habría que estudiar por separado y a fondo— fue la del Vaticano.

La primera guerra del Golfo Pérsico fue producto de un precepto largamente establecido en el derecho internacional: el derecho a la defensa, el de responder a una agresión previa. En cambio, la segunda guerra del golfo, en caso de tener lugar, se sustentaría en un principio que no sólo no es aceptado de manera general sino que, de convertirse en justificación de una guerra, permitiría un sinnúmero de nuevas agresiones: el principio de la guerra preventiva, la guerra para impedir que un país pueda realizar una agresión en el futuro.

En esta ocasión Iraq no ha invadido a ningún otro país. Se le acusa de haber construido armas de destrucción masiva cuando esto le fue prohibido por la resolución 687 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la cual se emitió en 1991 una vez que las tropas iraquíes fueron expulsadas de Kuwait y el ejército aliado se encontraba a unos cuantos kilómetros de Bagdad. El gobierno de Iraq aceptó esta resolución porque de ello dependía su supervivencia. Pero no me queda claro que unos países que mantienen grandes cantidades de armas de destrucción masiva tengan el derecho moral de prohibirle a otro tener ese mismo tipo de armas.

El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares estableció una cuestionable regla de que ningún país del mundo podía poseer armas de esta naturaleza más allá de las cinco que ya las tenían: Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, el Reino Unido y China. Con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, sin embargo, no ha quedado claro qué repúblicas surgidas de esa federación habían heredado ese derecho. ¿Rusia y Ucrania? Seguramente. Pero ¿Georgia, Kazajstán, Uzbekistán y tantas más? Nadie puede decirlo.

Algunos países, como India y Pakistán han aparentemente desarrollado armas nucleares sin importar el Tratado de No Proliferaciíon. Todo parece indicar que Israel también cuenta con armas nucleares. Corea del norte ha reconocido públicamente que ha reiniciado sus procesos de desarrollo de estas armas presuntamente suspendidos hace años. Las indicaciones de que Iraq tiene armas de destrucción masiva son menos fuertes que en los otros cuatro países, pero es en contra de Iraq que se ha concentrado toda la acción de la Unión Americana y de las Naciones Unidas.

No me cabe duda de que Sadam Hussein es un dictador cruel e ilegítimo. Pienso también que las fuerzas de las Naciones Unidas tenían justificación para derrocarlo en 1991 como el gobernante que había ordenado la invasión de Kuwait. A 12 años de distancia, sin embargo, la justificación se antoja mucho menos sólida. Pretender que Estados Unidos y sus aliados pueden invadir una nación y derrocar a su régimen para “prevenir” agresiones que pudieran surgir en el futuro abre una verdadera caja de Pandora en la que se justificaría cualquier ataque a otro país.

Washington, por otra parte, ha cometido en Iraq el mismo error en el que cayó en el caso de Cuba. El bloqueo comercial y las humillaciones a las que ha sometido al gobierno de Hussein, lejos de debilitarlo, lo han fortalecido. Los iraquíes que sufren hambre y privaciones por el embargo no culpan a Hussein sino a Estados Unidos.

Me queda claro que el mundo debe mantener la guardia lista para impedir las agresiones que pueda realizar un gobernante desequilibrado y autoritario como Hussein. Pero esto no justifica una guerra preventiva: una guerra en la que, como suele ocurrir, las víctimas serían personas inocentes de los abusos de Hussein.

ELECCIONES CUBANAS

Este domingo hubo elecciones para la Asamblea Nacional de Cuba. Para los 609 escaños hubo exactamente 609 candidatos. No se permitió, por supuesto, la presentación de ningún candidato de oposición.


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